

La salud pública es una disciplina científica de la incertidumbre y constituye un arte de la probabilidad: es un campo de resiliencia sin espacio para pensamientos absolutistas
Les comparto el mensaje que me permití expresar a los egresados de la generación 103 del INSP/ESPM.
«Mirarnos unos a otros para poder ser nosotros mismos» es una frase que sugiere que, al observar y comprender a los demás, también podemos ganar una mayor autoconciencia y adquirir un mayor sentido de la realidad social, que constituye un proceso complejo de interacción humana. En otras palabras, ser visto es ser conocido tomado en cuenta. Implica que, cuando analizamos los determinantes sociales de la salud, el sentido de humanidad compartida necesariamente se renueva, ya que muchas de las condiciones observadas no nos son ajenas a cada una o cada uno de nosotros.
Invito a todas y todos los egresados a fomentar la práctica de la bondad en nuestra vida diaria, considerando que es una acción destinada a beneficiar a otros, sin expectativa de recompensa o reconocimiento. Estamos viviendo un entorno global donde se expresan totalitarismos, donde no sólo los miembros de las comunidades con preferencias sexuales diferentes y los inmigrantes están sujetos a incesantes ataques y a un fenómeno de deshumanización; también existen diversos grupos poblacionales en el mundo que sufren segregación y acoso militar, y no podemos ser cómplices de ésas y otras injusticias sociales que se presentan en la actualidad.
Por esa razón hago referencia a lo que hace 60 años Hannah Arendt describió como “la banalidad del mal”. Hago esta mención porque la ciencia moderna ha sido una de las mayores aventuras del pensamiento, pero tiene como contrapunto la incapacidad o negativa a pensar. Arendt nos sugirió que los actos malvados a menudo no son cometidos por personas aberrantes, sino por personas comunes y corrientes que son irreflexivas, acríticas y complacientes, sin que comprometan su propio juicio moral, y es la falta de empatía la que permite que actos horribles se normalicen.
Hice estas alusiones, porque el campo de la salud pública es de enorme resiliencia y no tiene espacio para pensamientos absolutistas; porque, siempre, todas y todos ustedes partirán de la premisa de buscar la equidad en salud. Para contrarrestar estos pensamientos autocráticos, pongan en práctica los valores que a través del INSP ustedes adquirieron; uno de ellos es la promoción de su libre pensamiento. Recuerden: nunca dejen de pensar por sí mismos. Lo más importante de esta reflexión es que no claudiquen en su deseo de hacer con pequeñas grandes acciones un mundo mejor.

La salud pública es una disciplina científica de la incertidumbre y constituye un arte de la probabilidad; su aplicación siempre requerirá de un enfoque basado en la evidencia y centrado en la comunidad. Y lo siguiente es para que todas y todos nuestros nuevos colegas lo consideren: en el diseño de las intervenciones deben tener siempre presente que, en la incorporación y aplicación de los hallazgos científicos, es necesario contar siempre con la participación y sapiencia comunitaria, para crear soluciones relevantes, eficaces y sostenibles.
Los fundamentos de la formación en salud pública les han proporcionado habilidades transversales como el análisis crítico, la comunicación eficaz de riesgos y la resolución estratégica de problemas, entre otros; así podrán afrontar la incertidumbre y responder con eficacia y rapidez. Estas capacidades dan la pauta para que ustedes, como profesionales, y expertas y expertos de la salud pública, constituyan una invaluable masa crítica calificada, lo que va a garantizar un sólido desarrollo profesional y la oportunidad de realizar contribuciones significativas a la sociedad.
En el INSP, nuestra misión sigue siendo clara: por un lado, contribuir a la equidad social y, por el otro, la muy robusta formación de los nuevos profesionales de la salud pública. Las administraciones gubernamentales están en constante transición, los enfoques de financiación son cada vez más limitados y competitivos, pero nuestra esencia y prioridades institucionales fundamentales deberán perdurar. Todas y todos ustedes, a lo largo de sus vidas, deberán tener presente esto: como expertos en salud pública, nos dedicaremos a garantizar permanentemente el derecho a la salud, promover la equidad y responder a las diversas necesidades de nuestras comunidades, en un ámbito local pero también con perspectiva global.
En México, necesitamos expertos en salud pública ahora más que nunca, y el futuro de la salud pública estará determinado por nuestra capacidad colectiva para adaptarnos, innovar, generar confianza y mantenernos firmes en nuestra misión fundamental.
*Especialista en salud pública.

Imagen cortesía del autor

