Cada 29 de septiembre, en México se conmemora el Día Nacional del Maíz, una fecha que rinde homenaje a uno de los granos más representativos de la historia, la cultura y la alimentación de los mexicanos. Este cereal, domesticado hace más de siete mil años en la región mesoamericana, no sólo constituye la base de la dieta nacional, sino que también es símbolo de identidad y patrimonio biocultural.

La efeméride fue establecida en 2009 por organizaciones campesinas, académicas y civiles como parte de la campaña “Sin Maíz No Hay País”, y posteriormente reconocida por el Congreso de la Unión en 2019, con el propósito de visibilizar la importancia del maíz nativo, su diversidad genética y el papel de los productores en la soberanía alimentaria.

Patrimonio cultural y cosmovisión ancestral

Para las culturas originarias de Mesoamérica, el maíz no fue únicamente alimento, sino un elemento central en su cosmovisión. El Popol Vuh, libro sagrado de los mayas, relata que los hombres fueron creados a partir de la masa de este grano, mientras que los mexicas consideraban a Centeotl la deidad que protegía las cosechas. Esta relación espiritual perdura en ceremonias agrícolas, danzas y festivales que celebran las siembras y cosechas en comunidades indígenas y campesinas de todo el país.

México es el centro de origen y diversidad del maíz: aquí se han identificado 64 razas nativas y miles de variedades, cada una adaptada a distintos climas, suelos y prácticas tradicionales. Desde el maíz azul hasta el rojo, pasando por el pozolero y el cacahuazintle, esta riqueza genética ha permitido que el grano se mantenga como alimento fundamental frente a los retos del cambio climático.

Pilar de la economía y de la dieta mexicana

Además de su peso cultural, el maíz es clave para la economía nacional. De acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), México produce anualmente más de 27 millones de toneladas de maíz, principalmente de las variedades blanco y amarillo, y es el cuarto productor mundial. Su cultivo genera miles de empleos, especialmente en el campo, y sustenta a millones de familias campesinas que continúan sembrando maíces criollos de manera tradicional.

En la mesa, el maíz es insustituible: más del 50% de las calorías que consume la población mexicana provienen de alimentos elaborados a partir de este grano, como la tortilla, el atole, los tamales, el pozole o elotes. Este vínculo cotidiano confirma que el maíz no es solo un producto agrícola, sino un elemento que define la identidad gastronómica de México, reconocida como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

El maíz en Morelos: tradición campesina y sustento regional

En el estado de Morelos, el maíz también ocupa un lugar fundamental tanto en la cultura como en la economía local. De acuerdo con datos del Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera (SIAP), la entidad produce alrededor de 180 a 200 mil toneladas de maíz grano al año, principalmente de variedades blancas destinadas a la elaboración de tortillas, tamales y otros alimentos básicos. Los principales municipios productores son Ayala, Cuautla, Jojutla, Puente de Ixtla y Tepalcingo, donde las milpas siguen siendo un elemento central de la vida rural.

Para muchas comunidades campesinas, la siembra de maíz no solo representa un ingreso económico, sino una práctica ancestral que fortalece el tejido social. En localidades como Tetela del Volcán o Tepoztlán persisten las técnicas de milpa tradicional, en las que el maíz se cultiva junto con frijol, calabaza y quelites, favoreciendo la biodiversidad y la seguridad alimentaria.

Además de su peso productivo, el maíz en Morelos es protagonista de la gastronomía regional. Platillos como los tlacoyos, los tamales de ceniza, el pozole morelense o los elotes asados en ferias y fiestas patronales reflejan la estrecha relación entre este grano y la identidad culinaria del estado.

La conmemoración del Día Nacional del Maíz cobra especial relevancia en Morelos, donde organizaciones campesinas, mercados locales y colectivos culturales realizan ferias, talleres de nixtamalización y trueque de semillas para difundir la importancia de proteger las variedades nativas frente a los retos de la urbanización, el cambio climático y la dependencia de maíz industrial.

Retos y defensa del maíz nativo

La celebración del Día Nacional del Maíz también busca llamar la atención sobre los desafíos que enfrenta este cultivo: la dependencia de importaciones de maíz amarillo para alimentación animal e industria, la presión de los transgénicos y los impactos del cambio climático. Organizaciones campesinas y académicas insisten en la necesidad de fortalecer políticas de protección a las semillas nativas, apoyar la producción local y garantizar precios justos a los agricultores.

El maíz, más que un alimento, es historia viva. En cada tortilla, en cada fiesta patronal o en cada milpa, se preserva una tradición que conecta a los mexicanos con sus raíces y proyecta un futuro de soberanía alimentaria. Celebrar este día es reconocer que, como dice el lema de las organizaciones campesinas: “Sin maíz, no hay país”.

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La Jornada Morelos