

El dramaturgo Jaime Chabaud, reconocido por su prolífica trayectoria en las artes escénicas, ha dado un giro inesperado en su carrera literaria. Con una obra que combina historia, teatro y memoria, el escritor recibió el Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano por su primera novela Aqueste encantador de serpientes, un proyecto nacido en los silencios de la pandemia y tejido con las pasiones que lo han acompañado durante décadas: la dramaturgia, la historia colonial y el reconocimiento de la herencia afrodescendiente en Morelos.
En esta ocasión, compartió con su casa La Jornada Morelos, algunos detalles de este debut: “Estoy sin palabras, conmovido y hasta asustado, mi primera novela en la que trabajé durante tres años”, confesó Chabaud al enterarse del fallo, que lo coloca en una lista internacional de autores distinguidos. Su manuscrito fue elegido entre 667 trabajos provenientes de 24 países, por un jurado internacional integrado por especialistas de México, España y Estados Unidos.
La novela será publicada por la Universidad Autónoma del Estado de México, institución que encabeza el premio en honor a Ignacio Manuel Altamirano, escritor del siglo XIX considerado el padre de la literatura nacional. Para Chabaud, el reconocimiento adquiere un sentido especial: “Me acabo de ganar un premio que lleva el nombre de Altamirano, que justamente escribió sobre estas tierras de Morelos en El Zarco. Hay una especie de círculo que se cierra”.
Domingo Angola, un titiritero olvidado por la historia
El protagonista de la novela es Domingo Angola, un titiritero africano del siglo XVII que, según documentos inquisitoriales, fue denunciado en Cuernavaca, procesado en Tepoztlán y finalmente apresado en Temimilcingo, hoy municipio de Tlaltizapán.
“Es un personaje real, un titiritero negro acusado de herejía y de hablar con serpientes. Apenas tenemos tres documentos históricos, pero a partir de ellos se abrió un mundo”, explicó Chabaud, quien se acercó al personaje gracias a los archivos compartidos por la investigadora Maya Ramos Smith. Esos pocos folios, transcritos desde el Archivo General de la Nación, fueron suficientes para detonar la creación de un relato que mezcla rigor histórico y narrativa.

El escritor comparte que al principio concibió la historia como una obra de teatro, pero pronto se dio cuenta de que el material pedía una historia más extensa. “Cuando terminé la versión teatral, sentía que daba para mucho más. La novela nació a partir de la revisión de paleografías de Maya Ramos sobre el ramo inquisitorio del teatro. De ampliar la voz de Domingo Angola, que por hablar con palitos inanimados (su arte titiritero) fue enjuiciado”.
La memoria afrodescendiente en Morelos
Para el autor, la historia de Angola se enlaza directamente con el presente de Morelos y su propia vida cotidiana en Ticomán, donde escribió gran parte de la novela. “Morelos es afro, aunque no lo sepa. Aunque se resista a reconocerlo”, afirma, recordando que las haciendas cañeras de la región fueron espacios de esclavitud africana y que muchas comunidades actuales guardan en sus raíces esa herencia mestiza.
La novela, entonces, no solo rescata la historia de un hombre singular, sino que interpela a los lectores sobre las huellas invisibles de la afrodescendencia en el estado. “Domingo Angola caminó por los mismos senderos donde yo me senté a escribir. Esa coincidencia me atravesó profundamente”, comparte el escritor, quien asegura que la ficción le permitió dar voz a los silencios que la historia oficial ha omitido.
El salto de la dramaturgia a la narrativa
Aunque Chabaud ha dedicado más de tres décadas al teatro, con estrenos, premios y traducciones internacionales, la narrativa siempre estuvo latente en su vida. En sus años de estudiante en la UNAM publicó cuentos en suplementos culturales y ganó premios juveniles, pero la dramaturgia absorbió su camino. “La tentación de la novela siempre estuvo, aunque varios proyectos se quedaron perdidos en viejos disquetes. Quizá era necesario que llegara la pandemia para que todo se alineara”, reflexiona.
Pero el tránsito de la dramaturgia a la narrativa ha representado un reto y, a la vez, una liberación para el escritor. “En el teatro las estructuras dramáticas son de absoluta síntesis, mientras que en la novela sentí una enorme libertad que no había sentido en más de 30 años”, explicó. Para él, aunque ambos géneros comparten la invención de ficciones, sus procedimientos son “radicalmente opuestos”, mientras el teatro apuesta por la oralidad imperfecta y la síntesis, la novela abre la puerta a la descripción, el tiempo pasado y la multiplicidad de narradores.
Chabaud expresó un profundo agradecimiento hacia las figuras literarias que lo acompañaron durante el proceso de escritura. Pues sometió su texto a la revisión de colegas y amigos como Juan Villoro y Claudia Hernández del Valle Arizpe quienes lo animaron a confiar en la solidez de la historia. Ese acompañamiento, sumado a la obsesión por los documentos coloniales y la pasión por el teatro, fueron configurando la textura final de la obra.
Una obra atravesada por la historia y el azar
Chabaud no oculta su sorpresa ante el premio, pues la novela había sido enviada sin éxito a otros concursos. “Yo no me lo esperaba, porque en la narrativa compiten autores con una trayectoria muy consolidada. Para mí era un desafío personal”, reconoce. Y sin embargo, la obra encontró en este certamen el espacio idóneo. “Los astros se alinearon. Borges decía que el azar no existe, sino nuestra ignorancia de las causalidades. Sea como sea, esta historia tenía que contarse”, concluye el autor.
Finalmente, señaló que la premiación se realizará en la Feria del Libro de la UAEMéx, donde también será reconocida la poeta española Beatriz Fernández de Sevilla, ganadora del Premio Gilberto Owen. La novela verá la luz este mismo año.

Jaime Chabaud recibió el Premio Internacional de Narrativa Ignacio Manuel Altamirano por su primera novela, seleccionada entre 667 manuscritos inéditos de 24 países. Foto: Cortesía

Chabaud explicó que la novela se desprende directamente de una pieza teatral escrita años atrás, en la que Domingo Angola fue protagonista. Foto: Mulato Teatro

Aqueste encantador de serpientes muestra la transición de un personaje teatral a un relato literario de largo aliento. Foto: Mulato Teatro

