Quizá porque estamos atrapados entre el fervor patrio del Grito de Independencia, el anhelo del descanso obligatorio y nuestras innegables nostalgias autoritarias y paternalistas, los mexicanos hacemos muy poco caso de otra efeméride importante, ésta de carácter internacional.

El Día Internacional de la Democracia fue proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas apenas el 8 de noviembre de 2007, para celebrarse, desde el 2008, cada 15 de septiembre. La fecha seleccionada coincide con la adopción de la Declaración Universal de la Democracia por la Unión Parlamentaria en el 1997, que busca promover la gobernanza democrática a partir de principios fundamentales que garantizarían la igualdad, la seguridad y el desarrollo de todos los seres humanos.

La democracia es más que elecciones libres y auténticas

La Declaración Universal sobre la Democracia concibe a ésta más allá de los procesos electorales, aunque no resta lo vital que resulta para los Estados el reconocer que “la autoridad del gobierno sólo puede fundarse en la voluntad del pueblo expresada en elecciones auténticas, libres y justas”.

“La democracia está basada en el derecho de todas las personas a participar en la gestión de los asuntos públicos; por ello requiere la existencia de instituciones representativas en todos los niveles, y en particular el Parlamento, representativo de todos los componentes de la sociedad y dotado de poderes y medios para expresar la voluntad del pueblo legislando y controlando la acción gubernamental”, establece la declaración en su punto undécimo.

También concede que “el elemento clave del ejercicio de la democracia es la celebración a intervalos periódicos de elecciones libres y justas, que permitan la expresión de la voluntad popular…. sobre la base del sufragio universal, igual y secreto, de modo que todos los votantes puedan elegir a sus representantes en condiciones de igualdad, apertura y transparencia, que estimulen la competencia política”.

Así que, añade: “los derechos civiles y políticos son primordiales, y en particular los derechos a votar y a ser elegido, los derechos de libertad de expresión y reunión, el acceso a la información y el derecho a organizar partidos políticos y realizar actividades políticas. La organización, las actividades, la gestión financiera, la financiación y la ética de los partidos deben estar debidamente reglamentadas de modo imparcial para garantizar la integridad de los procesos democráticos”.

También recuerda que “una de las funciones primordiales del Estado consiste en garantizar a sus ciudadanos el goce de los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales. La democracia va así unida a un gobierno eficaz, honrado y transparente, elegido libremente y responsable de su gestión”.

Para este 2025, la ceremonia por el Día Internacional de la Democracia será en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, y se organiza en colaboración con la Oficina de Asuntos de la Juventud, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito; en el entendido de que en esos sectores radican algunos de los retos fundamentales para la democracia.

El deterioro de la democracia en México

Como ya leíste hasta acá seguramente te habrás preguntado y de alguna manera respondido cómo va la democracia en tu región. Conforme a los indicadores que pueden esbozarse a partir de la declaración de la ONU, debe reconocerse que en México la incipiente democracia que empezó a construirse en los noventa y que lucía francamente promisoria, aunque siempre inacabada en la primera década de este siglo, ha empezado a deteriorarse muy rápidamente.

Los gabinetes internacionales de expertos como la Economist Intelligence Unit, Freedom House, International IDEA, V-Dem, consideran a la democracia mexicana como un régimen híbrido, cercano al autoritarismo con retrocesos institucionales.

V-Dem, en su Informe sobre la Democracia 2025, reconoce un descenso en la calidad de la democracia en América Latina y llama la atención sobre procesos de autocratización en México, Argentina y Perú; que ya ubican a México en la llamada “zona gris” entre las autocracias y las democracias electorales. Nuestro país comparte esa zona con Albania, Moldavia, Honduras, Kenia, Malasia, Zambia, Nigeria, Macedonia del Norte y Fiji.

Parte de los retrocesos en México se deben a fenómenos producidos por la propia democracia electoral que han permitido la concentración del poder y la desaparición acelerada de los contrapesos que acrecienta el riesgo de liderazgos autoritarios.

El informe de V-Dem, anota: “El retroceso democrático de México en los últimos años se ha caracterizado por la concentración de poder en el ejecutivo y el debilitamiento de los contrapesos institucionales. La hegemonía del partido Morena… ha generado preocupaciones sobre la erosión de la autonomía de los órganos legislativos y judiciales, especialmente tras las elecciones de 2024, que se desarrollaron en un clima de polarización y dudas sobre la imparcialidad de las instituciones electorales. La falta de una oposición parlamentaria fuerte ha limitado la capacidad de supervisar y equilibrar las acciones del ejecutivo, poniendo en riesgo la rendición de cuentas y la salud democrática del país”.

E identifica el origen del problema incluso antes del 2018, “la alternancia partidista no consolidó los mecanismos de rendición de cuentas. A pesar de estos desafíos, los partidos de oposición han intentado frenar la erosión democrática mediante estrategias como la formación de frentes electorales, el bloqueo de legislación oficialista, el litigio estratégico y la movilización social moderada. Sin embargo, estas acciones no han sido efectivas dada la concentración de poder de Morena, que ha sido interpretada como un intento de transformación prolongada del país, alejándose de los modelos democráticos tradicionales”.

Otras mediciones como la de Economist Intelligence Unit, da a la democracia mexicana una puntuación de 5.32 sobre 10, ubicándola en el lugar 15 de América Latina y 84 en el mundo y la categoriza entre los regímenes híbridos, mucho más cerca del autoritarismo que de un sistema de libertades.

Freedom House considera a México como parcialmente libre dado el retroceso por décimo noveno año consecutivo de los derechos políticos y libertades civiles e identifica como amenazas la violencia política contra los candidatos, la concentración del poder militar y las limitaciones a la independencia judicial.

International IDEA única en un rango medio la representación los derechos y la participación ciudadana en el país; ubica al estado de derecho en un rango bajo y advierte que desde 2019 se han deteriorado las elecciones creíbles, las libertades de prensa y movimiento y la autonomía judicial.

Amenazas que se extienden por todo el territorio

Las elecciones del 2024 fueron las más violentas de la historia reciente del país. 41 candidatos fueron asesinados y los casos continúan impunes. Además, el 2024 fue el año más violento para muchos estados del país, entre ellos Morelos, que ha vivió hasta entonces un aumento constante en el número de homicidios dolosos, feminicidios y desapariciones forzadas.

Amnistía Internacional, en su reporte del 2024 para México señala además “los defensores y defensoras de los derechos humanos, los periodistas y los manifestantes seguían expuestos a ser criminalizados, al uso excesivo de la fuerza, a la violencia y a la muerte. Continuaron las violaciones de derechos humanos cometidas por el ejército y la Guardia Nacional, incluidas posibles ejecuciones extrajudiciales; la impunidad persistió”. Y advierte también de las desapariciones, detenciones arbitrarias y violencia de género que provocan un ambiente lejano a las condiciones de paz necesarias para la democracia.

La concentración del poder en el Ejecutivo, la cooptación paulatina del Legislativo y el Judicial, la desaparición de órganos autónomos, la reducción en tamaño y peso de las oposiciones, el ataque de muchos políticos locales, regionales y nacionales contra las libertades de expresión y manifestación, y tasas muy irregulares de participación ciudadana (de 64% en algunas elecciones locales a apenas 13% en la elección del Poder Judicial Federal), son otras amenazas que enfrenta la democracia en México.

A esos factores institucionales, tendría que sumarse uno extralegal que parece también bastante definitivo, la intromisión de grupos criminales en los procesos electorales y la cooptación que, por esta vía o por la de la fuerza, han hecho de algunos gobiernos, empezando por los municipales.

Morelos y sus desafíos

En el 2024, las elecciones estatales de Morelos registraron una participación mayor que las federales que se celebraron el mismo dos de junio en todo el país. Pero los 951 mil 585 votantes que acudieron a las urnas (61.41% de los posibles), representaron una proporción 4.7% menor a la de 2018 que fue del 66.12% del listado.

Aún con esos datos, la participación ciudadana en Morelos es regularmente alta en las elecciones para gobernador, y hasta en las llamadas elecciones intermedias que suelen reportar niveles de asistencia mucho más bajos, en las de 2015 y 2021, más de la mitad de los electores morelenses fueron a votar.

Pero está visto que la democracia no consiste solamente en acudir a las urnas sino en la existencia de todo un sistema de derechos y libertades que en Morelos se mantienen en riesgo.

Aunque los índices de violencia se han logrado contener paulatinamente, los delitos contra la vida y la integridad de las personas siguen siendo un motivo de preocupación y una amenaza a la legitimidad del Estado en general; algo que puede inhibir o influir de manera negativa en la decisión de los ciudadanos sobre participar o no, y en la intención de su voto. La amenaza constante sobre el derecho a la vida es un factor que erosiona las libertades fundamentales.

En ese contexto, los asesinatos políticos en Morelos han continuado y se mantienen impunes. En paralelo, se ha mantenido la infiltración de grupos del crimen organizado en los ayuntamientos, actualmente con datos de las autoridades existen investigaciones sobre autoridades locales de por lo menos 19 de los 36 municipios del estado; algunas de ellas incluyen la participación directa de organizaciones delictivas en el financiamiento y operación de campañas políticas.

Aunque se ha avanzado en muchos aspectos, en Morelos el Estado aún no es capaz de garantizar el goce de los derechos civiles, culturales, económicos, políticos y sociales; algo que permite que los programas sociales, las dádivas, la coacción y compra de votos, sigan presentándose y con ello obstaculicen las elecciones libres; pero también otras formas de participación y exigencia ciudadana.

La eventual desaparición de organismos de información pública, la presencia apenas moderada de la oposición, una desarticulada sociedad civil, y la escasa representatividad de liderazgos empresariales, sindicales y civiles, debilitan la posibilidad del desarrollo de los nuevos contrapesos que requeriría el diseño del estado que se propone en el plano federal, al que Morelos se ha adherido con apenas algunas críticas que han logrado matices aún menores en la aplicación de reformas constitucionales.

Además, las amenazas contra las libertades de prensa, expresión y manifestación se han multiplicado en Morelos. Aunque no desde el gobierno estatal, diversos actores políticos han tratado de llevar ante los tribunales a periodistas, dirigentes sociales y defensores de los derechos humanos, generando un ambiente de censura respecto a temas y personajes.

Para enfrentar estos retos, los gabinetes de análisis internacionales sugieren:

  1. El reforzamiento de mecanismos de rendición de cuentas, la autonomía de los órganos electorales y de transparencia.
  2. Impulsar la participación social informada en las juventudes, pero también en grupos que suelen no participar.
  3. Construir, consolidar y extender programas de educación cívica para ampliar la participación ciudadana especialmente en los sectores más vulnerables.
  4. Garantizar la seguridad de candidatos y la libertad y seguridad de defensores de los derechos humanos y periodistas ante amenazas de grupos criminales y de actores políticos diversos.
  5. Avanzar efectivamente en la paridad de género y la diversidad en cargos públicos.
  6. Mejorar los esquemas de representación en el Poder Legislativo y los cabildos a fin de garantizar se escuchen las voces de todos los sectores y grupos sociales.

Hacer democracia también es hacer patria

Como una reflexión final, si bien es una coincidencia que el Día Internacional de la Democracia coincida con la celebración del Grito de Independencia con el que inició la gesta descolonizadora de México; se trata de una casualidad sumamente afortunada.

Si nos fijamos en los ideales de los insurgentes, coinciden con los de la democracia moderna que aún intentamos (un paso adelante y, a veces, dos atrás) construir los mexicanos. La libertad en toda su extensión, la igualdad, la soberanía popular, la república federal, los derechos sociales, aún son pendientes en México y sólo pueden dejar de serlo con el trabajo de una sociedad que, mediante el voto, la supervisión y la exigencia, obligue a sus gobiernos a garantizarlos.

Daniel Martínez Castellanos