Hacer democracia es hacer patria

El 15 de septiembre las plazas públicas de México se llenan de luces, música y gritos que evocan la gesta nacional de Independencia. Entre la algarabía y el fervor patrio, suele pasar inadvertida otra conmemoración que debería ocuparnos con la misma fuerza: el Día Internacional de la Democracia, proclamado por la ONU en 2007 y celebrado desde 2008 en esa misma fecha.

Como recuerda Daniel Martínez Castellanos en su reportaje “Día de la democracia con la mexicana en franco deterioro”, la democracia es mucho más que elecciones periódicas. Se trata de un sistema vivo de derechos, libertades y responsabilidades que garantizan a los pueblos igualdad, seguridad y desarrollo. La Declaración Universal de la Democracia lo expresa con claridad: la voluntad del pueblo sólo puede materializarse mediante instituciones representativas, parlamentos fuertes y contrapesos reales que sean un dique para las tendencias autoritarias tan proclives de manifestarse en cuanto algún grupo político logra llegar al poder.

Los diagnósticos internacionales sobre la democracia en nuestro país son alarmantes. Organismos como V-Dem, Freedom House, International IDEA y la Economist Intelligence Unit coinciden en señalar que la democracia mexicana atraviesa un acelerado deterioro. México ya no es visto como un modelo en construcción, sino como un régimen híbrido, a medio camino entre la democracia electoral y el autoritarismo.

El retroceso democrático se refleja en fenómenos dolorosamente palpables: concentración de la influencia de uno de los tres Poderes de la Unión, debilitamiento de los contrapesos institucionales, desaparición de órganos autónomos, violencia política -que en 2024 cobró la vida de 41 candidatos- y una creciente intromisión del crimen organizado en los procesos electorales. A ello se suma la impunidad, la persecución contra periodistas y defensores de derechos humanos, y una participación ciudadana marcada por la desconfianza y el desencanto, que la debilita cada vez más.

Este panorama no es ajeno a Morelos. Aunque la participación electoral en 2024 superó el 61%, el contexto de violencia, asesinatos políticos y la infiltración del crimen organizado en el los gobiernos municipales minan la legitimidad de las instituciones locales. La libertad de prensa y de manifestación, lejos de fortalecerse, enfrenta embates constantes de actores políticos que pretenden acallar voces críticas.

En Morelos —como en buena parte del país— la democracia no logra trascender la urna. Programas sociales, clientelismo, compra de votos y liderazgos débiles en la oposición configuran un escenario donde las libertades fundamentales siguen amenazadas. En el país, la democracia herida parece traducirse en un Estado más político que social.

Septiembre nos recuerda el nacimiento de la patria a través de la lucha por la Independencia. Pero esa patria no se agota en la bandera o en el grito festivo: una patria sin democracia se convierte en un cascarón vacío. La soberanía popular que invocaron Hidalgo, Morelos y Guerrero solo tiene sentido si hoy somos capaces de construir una democracia real y participativa.

Democracia y patria son conceptos que se alimentan mutuamente: sin instituciones democráticas fuertes, la patria pierde vigencia; sin una ciudadanía activa, la patria se convierte en territorio administrado por élites o poderes fácticos. Hacer democracia es hacer patria. Y hacer patria implica defender los derechos, la transparencia, la libertad de expresión, la paridad y la justicia social.

La coincidencia del Grito de Independencia con el Día Internacional de la Democracia no debería ser anecdótica, sino una llamada de atención y de esperanza. En nuestras manos está decidir si celebramos una patria de símbolos huecos o una patria viva, construida desde la participación ciudadana y la exigencia de gobiernos transparentes y responsables.

Reforzar los mecanismos de rendición de cuentas, garantizar la seguridad de candidatos y periodistas, blindar la autonomía de los órganos electorales y judiciales, educar cívicamente a las juventudes y ampliar los espacios de representación para todos los sectores, son tareas elementales pero que siguen esperando en la fila.

La patria no se defiende solo en las fronteras o en los discursos oficiales: se defiende en cada voto libre, en cada voz crítica, en cada ciudadano que exige y ejerce su derecho a vivir en democracia.

La Jornada Morelos