

* La frecuencia de este tipo de muertes creció de 2.53 por cada 100 mil habitantes a 5.83 por cada 100 mil
* Mientras en el mundo la tasa de muertes autoprovocadas disminuye, en territorio morelense se incrementa.
* Cada vez hay más casos entre jóvenes, pero ocurren en todos los grupos de edad: Alejandro Ballesteros, de la UAEM
Quien decide acoger la muerte por voluntad propia lo hace desde una perspectiva en la que siente que ya no hay escape. Nadie puede saber con exactitud qué es lo que piensa un suicida antes de dar el salto al vacío, pero esa última acción concluye una vida con la que no se desea lidiar más; interrumpe un orden biológico en marcha y sacude las entrañas de quienes conocieron a la persona que se ausenta.
Morelos no era un estado donde frecuentemente las personas pusieran fin a su propia vida; de hecho, la tasa de suicidios en la entidad era apenas una cuarta parte de lo que se reconocía como la tasa mundial. En todo el planeta, en el año 2010, el promedio de personas que provocó su deceso fue de 10.7 por cada 100 mil habitantes. En el mismo periodo, en Morelos, la tasa fue de 2.53 suicidios por cada 100 mil habitantes.
Ahora las cosas han cambiado. Mientras la tasa de suicidio disminuye en todo el mundo, en Morelos aumenta. Para el año 2024, la tasa mundial de personas que se quitaron la vida fue de 9.1 por cada 100 mil habitantes. En territorio morelense la tasa llegó a 5.8 por cada 100 mil habitantes. Esta información, basada en datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS) pone a la vista un cambio de patrón importante, que ya se atiende como problema de salud pública.

Para cristalizar más la preocupación, nuevos datos informan que cada vez hay más casos de suicidio entre personas jóvenes y adolescentes. Quedó atrás la creencia falsa de que solamente se quitan la vida las personas mayores con algún trastorno de la salud mental. En la actualidad se reconoce que el suicidio es un fenómeno que puede aparecer en cualquier grupo de la sociedad, sin importar género, edad o condición económica.
En cifras desnudas, en Morelos 115 personas terminaron con su propia vida en el año 2024; lo que es más del doble que los 45 que causaron su propia muerte en el año 2010. Quizás para alguna persona esas cifras puedan parecer bajas; sobre todo si se comparan con los altísimos números de muertes por homicidio, desapariciones forzadas o decesos por enfermedades infecciosas o crónicas. Sin embargo, la cantidad de suicidios tiene una carga de significado mayor cuando se entiende que la mayoría fueron casos de personas con sus facultades mentales sanas, que llegaron a la conclusión de que no tenían salida a sus problemas, más que la muerte misma.
Preocupan los jóvenes
Actualmente, muchas de las estrategias a nivel gubernamental se han centrado en prevenir el suicidio en personas jóvenes, de entre 15 y 24 años, debido a que en México el suicidio ya es la tercera causa de muerte en personas de esas edades. La campaña nacional de prevención del suicidio, llamada Dale color a tu vida, se lleva a las escuelas y a las facultades, como ocurre en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM). Ese esfuerzo es importante porque, si bien parece focalizado en la atención y prevención entre jóvenes, pretende llegar a otros grupos de la población, como explica a Plaza de La Jornada Morelos, el psicólogo Alejandro Ballesteros Cotero, responsable del Programa para atención a la salud mental de estudiantes de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UAEM.
“La focalización de los esfuerzos está en la población joven porque los datos estadísticos nos indican que es el grupo demográfico en el que más han aumentado los suicidios. Este problema se está presentando con más frecuencia en adolescentes y ya hay casos de menores de 15 años. Esto no significa que el suicidio no se esté presentando en otros grupos de edad; hay que poner atención en todos, pues también tenemos casos de adultos mayores que, cuando los hijos se van y empiezan a ver limitada su actividad pueden caer en cuadros depresivos que, si no son atendidos, pueden desembocar en un suicidio”, detalla en entrevista Alejandro Ballesteros, quien también es profesor en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, y en la Facultad de Psicología, de la UAEM.
En los Servicios de Salud del gobierno de Morelos se trabaja para acercar a todos los grupos de edad la prevención y atención a la salud mental y ofrecerla de manera gratuita. Hasta el momento el gobierno cuenta con 25 Módulos de Salud Mental; más los psiquiatras de 5 hospitales; 3 Unidades de Especialidades Médicas UNEME-CISAME, que son Centros Integrales de Salud Mental y Adicciones, y 6 UNEMES-CECOSAMA, que son Centros Comunitarios de Salud Mental y Adicciones. Su red incluye el trabajo de especialistas en psicología, psiquiatría, trabajo social y atención a la salud.
Todos podemos ayudar
Uno de los cambios importantes en la estrategia de prevención del suicidio ha sido sensibilizar a las personas de que las muertes autoprovocadas no son un fenómeno lejano, sino que se puede presentar en los círculos cercanos de afectos e interacciones sociales. A partir de esa toma de conciencia, se invita a pensar en que todos podemos hacer algo para detectar y prevenir.
“Lo primero que tendríamos que observar, más allá de pensar, evidentemente, si la persona está triste, son cambios de comportamiento en donde la persona manifieste un riesgo directo de autolesionarse”, comenta el psicólogo Alejandro Ballesteros. “En cualquier momento en que escuchemos que una persona amenace con dañarse, lo primero es no subestimar lo que esa mujer o ese hombre nos está diciendo, y tratar de entender por qué lo dice o para qué lo dice”.
“De repente las personas manifiestan cosas como: ‘Me gustaría estar muerto’ o ‘Me gustaría estar muerta’. Y cuando alguien lo escucha suele asustarse y cerrar la conversación al decir: ‘No, no, no. No pienses eso’. En realidad, en esos casos es muy importante escuchar y tratar de entender si la frase fue únicamente es un pensamiento de muerte o si ya cae en lo que es una ideación suicida. La diferencia es que en la ideación suicida no se trata sólo de un pensamiento pasajero, sino que ya hay una intencionalidad y la persona ya ha imaginado el camino para lograr ese objetivo. Entonces, si una persona dice ´Me gustaría estar muerto’, lo importante es escuchar lo que acompaña su frase para verificar o constatar que esa idea no se haya convertido ya en una ideación suicida”, detalla Ballesteros Cotero.
Existen diferentes indicios que se pueden observar para detectar posibles casos que requieran atención contra el suicidio, por ejemplo: algunas personas hablan o escriben mucho sobre la idea de la muerte o de morirse, cuando antes eso no era común y de pronto, de un día para otro, toda su conversación gira alrededor de morir. Asimismo, se pueden encontrar personas que comunican mucha desesperanza. Ellos o ellas expresan que ya no hay salida o que ya no hay solución para su situación problemática. En muchas ocasiones dicen sentir como si estuvieran atrapadas o sin salida.
“También podemos observar, en algunas personas con riesgo suicida, el incremento en conductas de riesgo como el consumo de alcohol o de sustancias psicoactivas. Hay personas que no manifiestan una idea de dañarse, conscientemente, pero inconscientemente, en las cosas que hacen, están todo el tiempo exponiéndose a peligros, por ejemplo: beber en demasía y manejar. En algunas teorías psicológicas a eso le llamamos “suicidios inconscientes” o “suicidios asistidos”, en donde el sujeto, de manera inconsciente, se pone en una situación de riesgo que puede terminar en la muerte”, agrega el académico de la UAEM.
Otro indicio que se puede observar es un tipo de conducta en el que las personas empiezan a despedirse de amigos y familiares o empiezan a repartir sus pertenencias: le dan un cuadro a un amigo, regalan la mascota o adoptan conductas que permiten identificar que lo que está haciendo es empezar a despedirse. Por otra parte, es importante saber que uno de los sentimientos que experimentan algunas personas con ideas suicidas es un sentimiento de vergüenza. Se sienten sumamente avergonzados por alguna situación y creen que a lo mejor es una vergüenza que también están padeciendo sus familiares. Así comienza a aparecer en su cabeza la idea de: “Probablemente si yo no estoy, a la mejor ellos están bien” o “Si yo no estoy, quizás todo esto acabaría”.
En todos los casos, la identificación de algunos signos o indicios tempranos en personas cercanas puede ser comentada con algún especialista en salud mental, como un psicólogo o psiquiatra o buscar orientación en un centro de salud, pues es un hecho que cuando se estudian a detalle 100 casos de suicidio, los 100 casos llegan a tener manifestaciones diferentes.
Crear entornos saludables
Con motivo del Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que se conmemora este 10 de septiembre, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha señalado que, en términos generales, la desesperanza es el factor más relacionado con esta acción. Cada vez son más los jóvenes que expresan no encontrar sentido a la vida o una razón para existir; enfrentar situaciones de vulnerabilidad, separaciones o pérdidas.
Ningún suicidio es un hecho casual; existe un proceso que le antecede. Un ambiente familiar de violencia, alcoholismo, descuido, rechazo, maltrato físico, emocional o sexual, puede desencadenar depresión o ansiedad. Las enfermedades mentales constituyen un factor de riesgo dentro de las causas que provocan la conducta suicida, además del abuso de sustancias psicoactivas, problemas económicos, legales y de pareja, como alerta el doctor Alejandro Ballesteros de la UAEM.
Los jóvenes experimentan presiones familiares y sociales, se les exige tomar decisiones importantes y enfrentan sus primeras rupturas amorosas. De acuerdo con su personalidad y los mecanismos que tengan para afrontar las situaciones que viven, solucionarán o no sus problemas.
Quien decide acoger la muerte por voluntad propia lo hace desde una perspectiva en la que siente que ya no hay escape. La mayoría de quienes tratan de suicidarse no tienen el deseo de hacerlo, pero se sienten atrapados en una situación en la que no encuentran salida. Ayudar desde afuera empieza por escucharlos y no cerrar la puerta a la conversación.
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Cartas póstumas Una carta póstuma es un último regalo, bendito o maldito, que la persona suicida entrega a quien quiere impactar. Un grupo de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), dedicado a analizar y estudiar durante años los mensajes póstumos de cientos de hombres, mujeres, niños y viejos que decidieron quitarse la vida, encontró que los escritos de los suicidas buscan, entre otras cosas: crear un sentimiento de culpa, procurar dolor en los deudos, instruir a los parientes sobre el manejo del cadáver, acusar sin pruebas, pedir perdón por el suicidio, señalar el fracaso de una relación de pareja o explicar que no encuentran sentido a la existencia. Caso 87: Papá, no crecí, no soy feliz, adiós, T.K.M [firma]… Caso 82: Gaby tiene la firma y lleva el apellido, así es que se chingan, Buitres [firma]… Caso 117: Me voy al cielo, ustedes quedan con Dios [firma]… Caso 89: Te pido que no le digas a nadie lo que hice. Ingéniatelas, pero no digas ¿ok? Te quiero [firma]… Caso 102: Lo que hay en el puerco (alcancía) es para mis veladoras y no para ti [firma]… Caso 105: Gracias a todos por hacerme su ausente [firma]… Cada carta es una pieza central para entender el callejón sin salida en que se encontraba una persona que decidió quitarse la vida, pero no es la única fuente de significados. Aunque no todos los que atentan contra su vida dejan textos, todos dejan un escenario repleto de mensajes: el lugar, la fecha, los objetos que rodean al suicida, la técnica y, eventualmente, las palabras escritas en muros, piso o en su propio cuerpo. Caso 54: No puedo darle la cara a mi familia. Atentamente [firma]… Caso 84: Hacen todo mal, no sean tontos no es esquizofrenia [firma]… El doctor en sociología Víctor Alejandro Payá, investigador de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM, coordinó durante años un profundo estudio sobre el contexto sociológico, psicológico y antropológico que rodea al suicidio en México. Al frente de grupo de académicos obtuvo permiso del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal para hacer esta investigación y, con el apoyo del Servicio Médico Forense tuvo acceso a 672 expedientes y 121 cartas póstumas. El resultado fue el libro El don y la palabra. Un estudio socioantropológico de los mensajes póstumos del suicida, publicado en 2013. Ahí muestra que, en sus últimas horas de conciencia, hombres, mujeres y niños suicidas saben que sus actos serán interpretados con algún significado y desean tener algo de control en el mensaje. |

El 10 de septiembre se conmemora el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que promueve crear conciencia sobre el problema en todos los grupos sociales. FOTO: Gaceta UNAM

Determinantes sociales adversos como la pobreza, marginación y violencia pueden crear las condiciones para detonar pensamientos suicidas. FOTO: Antimio Cruz
Todas las personas tienen capacidad de detectar indicios tempranos de pensamientos suicidas y apoyar mediante el diálogo y la escucha atenta. FOTO: Gaceta UNAM
El psicólogo Alejandro Ballesteros, de la UAEM, explicó que los casos de suicidio son un problema de salud pública que cada vez afecta a más jóvenes. FOTO: Antimio Cruz
Uno de los pensamientos compartidos por personas con ideación suicida es la sensación de estar expuestos a condiciones externas que rebasan sus capacidades FOTO: Ideogram AI
El acompañamiento de familia, amigos, profesores, jefes o profesionales de la salud hace una diferencia ambiental frente a un riesgo de suicidio. FOTO: Gaceta UNAM

Un elemento clave para apoyar a cualquier persona con ideación suicida es escucharle y ayudarle a mirar que su problemática sí tiene salida. FOTO: Ideogram AI.

