Día Mundial de la Alfabetización

 

La Jornada Morelos / DMC

Este ocho se septiembre es Día Internacional de la Alfabetización, una efeméride proclamada por la Organización de las Naciones Unidas y que se celebra desde 1967 para recordar a los gobiernos, los diseñadores de políticas públicas y a toda la gente lo fundamental de la alfabetización para tener sociedades más justas, pacíficas y sostenibles.

Pero vamos por partes, en Morelos, de acuerdo con datos oficiales, hay poco más de 63 mil personas mayores de 15 años que no saben leer ni escribir. Una cifra menor de los 66 mil 663 que había en el 2020, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), pero aún preocupante por razones evidentes.

No saber leer y escribir limita el acceso a la información, la educación y la participación en las actividades y decisiones sociales, dificulta el acceso a la salud y otros derechos, y se traduce en vidas de exclusión y faltas de oportunidades.

Para las sociedades el analfabetismo perpetúa los ciclos de desigualdad y exclusión, eleva los costos de los servicios, profundiza las injusticias, merma la participación ciudadana en asuntos importantes, limita las posibilidades de desarrollo, limita el crecimiento académico de la sociedad y mantiene altos índices de marginación y pobreza.

Y ahí está Morelos, con su tasa de analfabetismo de 4.4% que, aunque mantiene un descenso sostenido desde el principio de este siglo y es mucho menor al promedio de México, 8.6%; aún representa un lastre para el desarrollo, la justicia y los derechos humanos fundamentales.

El analfabetismo y los ciclos de marginación

El analfabetismo es una cuestión de marginación, la tasa más alta de esta condición en Morelos está en las regiones más pobres de uno de los municipios más pobre, Axochiapan, con 10.6% de la población que no sabe leer ni escribir (alrededor de 4 mil mayores de 15 años); afecta más a las mujeres con poco más del 50% de la población analfabeta del estado; y es especialmente grave con los adultos mayores, uno de cada cuatro mayores de 75 años no sabe leer ni escribir.

Pero se trata de un problema multifactorial en que la pobreza aparece como una de las causas recurrentes, las familias deben priorizar el trabajo sobre la educación para poder subsistir y con ello renuncian a la escuela y al aprendizaje.

Otra de las causas está en la falta de infraestructura escolar o las barreras para acceder a ella. Aunque en Morelos la cobertura de educación básica supera el 98% de la posible demanda, hay zonas donde el acceso a la escuela es muy limitado por la falta de trayectos con transporte y seguros; de recursos económicos mínimos para asistir; o incluso de la convicción de lo necesaria que es la escuela para el desarrollo pleno de la niñez.

Parte de estas barreras para el acceso pueden también presentarse en las familias o comunidades que no transmiten a los menores la importancia de la lectura y escritura; menosprecian la educación y tienen escaso interés general en el aprendizaje. Esta idea de poca relevancia sobre la utilidad de la escuela es mucho mayor cuando se trata de las mujeres y niñas, lo que perpetua las condiciones de desigualdad y marginación.

En Morelos se presenta además el problema de la falta de maestros, materiales y servicios básicos en las escuelas de las zonas rurales; y la migración interna de decenas de familias que se desplazan en búsqueda de empleo con lo que se interrumpe la escolaridad de los menores.

El empedrado camino de la alfabetización

La alfabetización en México y en Morelos han tenido momentos relevantes y otros no tanto. Si bien desde 2020 cuando el 9.2% de la población en Morelos no sabía leer ni escribir, ha habido avances muy relevantes hasta reducir a la mitad la tasa de analfabetismo y elevar el nivel de escolaridad de 67.7 a 9.8 años en promedio, y se ha fortalecido en los últimos dos años el acceso a la educación media superior y superior; lo cierto es que los obstáculos que enfrentaron los primeros esfuerzos alfabetizadores de José Vasconcelos hace más de un siglo siguen presentes.

La documentación histórica y los análisis de especialistas en política educativa muestran que el impacto de la campaña alfabetizadora de 1921 a 1923 en Morelos fue limitado por la falta de seguimiento e inversión estatal en ella.

Algo similar parece haber ocurrido con la campaña cardenista de 1936 que se dirigió especialmente a campesinos e indígenas, aunque tuvo un enorme respaldo de organizaciones populares, sus efectos fueron poco documentados en Morelos.

Entre 1937 y 1940 hubo una nueva campaña con el modelo Proeducación Popular, que tenía un enfoque integral (abarcaba también aspectos básicos de higiene y cultura) y a la que se articularon también organizaciones sindicales y campesinas; en Morelos se replicaron materiales, pero no hubo seguimiento ni evaluación de sus alcances.

La Ley de Emergencia y Cruzada Nacional por la alfabetización, entre 1944 y 1946 impulsó incluso un marco legal vinculante que obligaba a los gobiernos estatales y los ayuntamientos a involucrarse en los esfuerzos. Aún con ello en Morelos el modelo no cubrió todo el territorio y, por el contrario, profundizaron las diferencias en el territorio estatal.

Luego vino el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos que es el responsable de las campañas de alfabetización desde la década de los ochenta. El trabajo de la institución y sus delegaciones y, desde la descentralización, las oficinas estatales, ha sido irregular pues responde mucho más a planes generales de educación que a las necesidades específicas de los territorios.

Una nueva campaña que privilegia el enfoque local

Apenas en abril pasado, la gobernadora, Margarita González Saravia, firmó un convenio con el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos que busca unir esfuerzos locales y federales para lograr la alfabetización de 30 mil personas en 2025, una cifra que representa casi la mitad del total de la población analfabeta de 15 años o más.

Como ocurrió en campañas anteriores, el proyecto del gobierno de Morelos involucra la participación de estudiantes universitarios, maestros y funcionarios públicos, además de la formación de un «ejército de alfabetizadores» voluntarios. La gobernadora se comprometió personalmente a enseñar a leer y escribir a 10 personas como parte del esfuerzo.

Parte del diagnóstico del gobierno estatal es el correcto conforme muestran los objetivos finales del programa: “empoderar a la población, cerrar brechas de desigualdad y ofrecer oportunidades educativas para garantizar el derecho a la educación básica sin importar la edad o condición”.

Entre las probables fortalezas del proyecto están la colaboración amplia, la inclusión social y el aprendizaje comunitario; con ello, supone el gobierno del estado, se podría declarar en pocos años (probablemente para el 2027) el fin del analfabetismo.

Pero los retos son aún mayores

Pero más allá del necesario esfuerzo por erradicar el analfabetismo, los especialistas identifican retos que aún con las campañas prevalecen y llevan a lo que se conoce como analfabetismo funcional, es decir, la incapacidad de usar la lectura, escritura y cálculo básico en la vida diaria pese a haber cursado la educación primaria.

La desigualdad económica y social plantean contextos rurales con poca demanda de habilidades que llevan a la escasa práctica y refuerzo de competencias básicas; además, los contenidos escolares no contextualizados reducen la pertinencia de lo aprendido en las escuelas; y la falta de capacitación del personal docente en metodologías de aprendizaje activo y evaluaciones diagnósticas de comprensión lectora y numérica hacen que una gran parte de la población no entienda lo que lee.

Lo demuestran las pruebas estandarizadas aplicadas, por ejemplo, para el ingreso al bachillerato y licenciatura. En Morelos la mayoría de los egresados de educación básica no entienden lo que leen, no pueden redactar un texto argumentativo y son incapaces de realizar operaciones matemáticas básicas.

La cohabitación con la era digital

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO) decidió que el 2025 el Día Internacional de la Alfabetización tengan por lema “promover la alfabetización en la era digital”.

La propia UNESCO señala que “la digitalización está transformando la forma en que aprendemos, vivimos, trabajamos y socializamos, con efectos tanto positivos como negativos, dependiendo de cómo nos relacionamos con ella”.

Añade que “si bien las herramientas digitales pueden ampliar las oportunidades de aprendizaje para los grupos marginados (incluidos los 739 millones de jóvenes y adultos que carecen de competencias básicas de alfabetización), este cambio digital también conlleva el riesgo de una doble marginación: exclusión tanto del aprendizaje tradicional como de los beneficios de la era digital. La digitalización también plantea otras preocupaciones, como cuestiones de privacidad, vigilancia digital, sesgos reforzados, ética, consumo pasivo y efectos sobre el medio ambiente”.

La UNESCO plantea que la alfabetización es básica para lograr las habilidades y la transición digital, “es esencial para acceder y gestionar el crecimiento exponencial de la información y el conocimiento, y fundamental para convertirse en pensadores críticos, ciudadanos responsables, aprendices permanentes y agentes de transformación”.

La era digital redefinió lo que significa la alfabetización

En su nota conceptual para este Día Internacional de la Alfabetización, la UNESCO advierte que la digitalización ha redefinido el significado de la alfabetización “en un mundo donde la Inteligencia Artificial puede leer y escribir”; y también debe hacerlo con “la forma en que se diseñan, gestionan y supervisan los programas y políticas de enseñanza y aprendizaje de la alfabetización. La digitalización también está transformando los ecosistemas de aprendizaje permanente, en los que diversos actores de la alfabetización, más allá de los gobiernos, ofrecen oportunidades de aprendizaje en entornos formales, no formales e informales, influyendo en las prácticas de enseñanza y aprendizaje de la alfabetización”.

La organización reflexiona sobre si las sociedades estamos equipadas con las habilidades de alfabetización necesarias para lograr beneficios de la digitalización.

Hace medio siglo, recuerda, casi uno de cada cuatro jóvenes de 15 a 24 años en el mundo no sabía leer ni escribir. En el 2024, el 93% de los jóvenes tienen esas habilidades gracias a la expansión que ha tenido la educación básica formal.

Y refiera “cuando se miden directamente las habilidades, el 18% de los adultos en 31 países desarrollados carecen de los niveles más básicos de competencia en lectoescritura, aritmética y resolución adaptativa de problemas. En estos países, la alfabetización de adultos se ha estancado o disminuido desde 2012, con algunas excepciones. Además, cuatro de cada diez niños no alcanzan la competencia mínima en lectura, mientras que 272 millones de niños y adolescentes no asistían a la escuela en 2023.

En un contexto así, la digitalización presenta oportunidades, pero también enormes retos. La tecnología usada de forma ética, equitativa, sostenible y efectiva ayuda a acrecentar y transformar la enseñanza y el aprendizaje con el desarrollo de herramientas digitales que pueden acelerar la transmisión y adquisición del conocimiento y fortalecen el diálogo, coordinación y apoyo al aprendizaje, señala la UNESCO.

En los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico sólo 9% de los mayores de 15 años puede distinguir los hechos de las opiniones en un texto digital.

Pero también las experiencias recientes evidencian que muchas comunidades siguen marginadas de los beneficios de la tecnología que hoy se consideran básicos; también los riesgos que representa el acceso a estas tecnologías sin las habilidades críticas necesarias para su uso correcto. “Estos desafíos resaltan la importancia de desarrollar niveles más sólidos y elevados de alfabetización, garantizando al mismo tiempo la diversidad lingüística, cultural y epistémica, mediante el fortalecimiento de ecosistemas holísticos de aprendizaje permanente y la adopción de políticas, programas, prácticas, seguimiento, gobernanza, financiación y alianzas”, subraya.

Ideas para este Día Mundial de la Alfabetización

Así, la organización sugiere cinco áreas de reflexión crítica para la alfabetización en la era digital como para abrir una discusión relevante y que se oriente en el futuro que ya está aquí.

  1. La centralidad de la alfabetización en la era digital. “En el mundo conectado actual, la alfabetización ya no se limita únicamente a leer y escribir en papel. Implica identificar, comprender, interpretar, evaluar, crear, verificar, comunicar y computar, utilizando materiales digitales, escritos e impresos. Por lo tanto, es la base y parte integral de conocimientos y habilidades más amplios necesarios para abordar cuestiones tan diversas como la salud, el cambio climático, la ciudadanía y el empleo”.
  2. La nivelación de las tecnologías digitales parra promover la alfabetización. “Promover la alfabetización como parte del derecho a la educación requiere garantizar que todas las personas tengan acceso a oportunidades significativas de alfabetización a lo largo de toda la vida, sin discriminación, y que logren una alfabetización funcional relevante en sus contextos socioeconómicos, políticos, culturales y lingüísticos únicos como un bien común”.
  3. Tener en cuenta el contexto del alumno para no dejar a nadie atrás. “La transformación digital no debe dejar a nadie atrás. Las prácticas de alfabetización innovadoras y eficaces en la era digital requieren la pertinencia y el reconocimiento de la diversidad en los sistemas, políticas, programas y prácticas de enseñanza y aprendizaje relacionados con la alfabetización”.
  4. Aprovechar el poder de la alfabetización para sociedades justas, sostenibles y pacíficas. “La alfabetización es fundamental para construir sociedades digitalizadas inclusivas, justas y sostenibles, así como para reinventar la educación. Cuando se adquiere mediante la pedagogía crítica y la «pedagogía comprometida», que prioriza la cocreación de conocimiento mediante el diálogo no jerárquico y la reflexión crítica, la alfabetización permite a las personas leer no solo una «palabra», sino el «mundo» en el que viven para convertirse en agentes de transformación”.
  5. Cocrear sociedades inclusivas, alfabetizadas y digitales mediante ecosistemas mejorados de aprendizaje permanente. “Los ecosistemas de aprendizaje permanente mejorados facilitan la promoción de la alfabetización a lo largo de la vida mediante vías formales, no formales e informales, arraigadas en entornos multilingües donde las personas pueden adquirir, utilizar y mejorar sus competencias de alfabetización en su lengua materna y en otras lenguas. Dichos ecosistemas implican una gobernanza, sistemas, instituciones, estructuras y procesos inclusivos, justos y democráticos, así como una participación y representación adecuadas de las partes interesadas, como las organizaciones de la sociedad civil, los educadores, los estudiantes, las comunidades, los investigadores y el sector privado, en la toma de decisiones”.

 

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