

En esta ocasión no hablaré de historia o política actual como habitualmente lo hago, hoy quiero compartir con ustedes el acalorado debate que generó mi columna del 9 de agosto “En Oaxtepec el culto por encima de la comunidad ¿Quién decide el uso del patrimonio?”. Lo hago porque la práctica del debate ha perdido mucho terreno frente al insulto fácil en redes sociales. Partiendo del señalamiento de una práctica que considero abusiva por parte de la iglesia en Oaxtepec, la comunidad católica practicante me dio una lección de estoicismo y prefirió no entrar en la discusión. Personalmente me hubiera gustado haber debatido de manera seria y cordial con alguno de ellos, pero eso no sucedió. Lamentablemente no puedo decir lo mismo de otros vecinos y hasta autoridades.
Es notorio que hubo miembros de la comunidad que aunque no compartieron mi opinión, llegamos a coincidir en ciertos puntos, reconociendo que se trata de una problemática real que aqueja a la comunidad. Eso me demostró que se tomaron el tiempo de leer cuidadosamente lo que expuse y así poder hacer una crítica a mi opinión. Además de que se tocaron temas que van más allá del uso de la capilla, que por no ser tema central en lo que exponía, lo omití, pero fue bueno que lo señalaran, como la presencia de una familia que habita en el lugar.
También hubo aquellos que coinciden conmigo en el uso que debería de dársele no solo a la capilla sino al Ex Hospital en general, mi postura es que el edificio se convierta en un museo/auditorio que tanta falta le hace a Oaxtepec, más que un nuevo espacio para la iglesia (que son bastantes). A estas personas también mi agradecimiento sincero y mi reconocimiento por leer como cada 15 días mis columnas. Aunque no lo parezca también tengo sentido del humor y ahora les contaré lo que algunos deben estar esperando, las “críticas” que se vertieron en mi contra y hasta con mis familiares. Afortunadamente me cubre una piel de onagro bastante resistente. Entrecomillo la palabra porque la verdad algunas me hicieron reír bastante, otras fueron muy ingeniosas y muchas más bastante predecibles. Todas o la gran mayoría llegaron desde el más completo anonimato y en general sin antes haber leído más allá del título de mi columna.
Hubo quien por señalar la práctica abusiva de la iglesia me llamó “Hereje” y otro fue más ingenioso y agregó que soy un “Comunista hereje”. Pero debo explicar que después de trabajar varios años con un ex miembro del Comité Central del Partido Comunista Mexicano e investigar y conocer parte de la vida y sobre todo las penas que padecieron personajes como Valentín Campa, Othón Salazar, Demetrio Vallejo o José Revueltas, por mencionar solo a algunos, en la búsqueda de un México más justo. Me siento alagado pero reconozco que no creo ser digno como para merecedor de tan alta estima y colocarme al lado de figuras tan destacadas de nuestro país, al ser llamado comunista.
También hubo quienes cuestionaron mi profesión como historiador. No necesito echarme flores, invito a quienes tengan la legítima curiosidad y en la más abierta libertad investiguen y que sean mis escritos los que hablen por mí. Tampoco faltaron los comentarios trillados y hasta aburridos de “Si no te gusta vete” o “¿Qué has hecho tú y tu familia por el pueblo?”, tan predecibles y mecánicas que parecían un simple “copia y pega” sin abonar al debate y muy poco ingeniosos.
Otros argumentaron que al haber católicos en mi familia yo no debí de haber escrito señalando a la iglesia. Perdón pero yo no sabía que en una familia el pensamiento único debe prevalecer y si no es así, es uno el que está mal. Afortunada o desafortunadamente para estas personas crecí en una familia en la que se fomentaba la crítica a lo establecido siempre y cuando se tuvieran las bases para hacerlo y además se alentaba la libertad de pensamiento. Sin duda ese es uno de los privilegios más grandes que he tenido al crecer con un abuelo normalista rural egresado de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos en Ayotzinapa.

También se hizo un comentario que me pareció el más gracioso y que da título a esta columna, en el que aseguraban que solo tengo tres lectores en La Jornada Morelos, yo me imagino que esta persona ha hecho una destacada labor para cuantificar el total de lectores que tenemos mis compañeros columnistas y yo. Saber reírse de uno mismo es algo verdaderamente gratificante. Muchos de los comentarios que se realizaron contra mi columna en grupos de Facebook se hicieron con la intención de hacerme enojar, pero el tiro les salió por la culata. Algunos incluso terminaron molestos conmigo porque no me enojé y siempre respondí con cordialidad y sin insultos, aunque quizás con algo de sarcasmo e ironía.
A mis “tres lectores”, disfruto mucho escribiendo para ustedes pero debo reconocer que la escritura particular de esta columna, ha sido una de las que más me ha divertido por lo cómico de la situación y más por la calidad del humor involuntario –aunque tristemente anónimo– de algunos de los habitantes de Oaxtepec. Quienes escribimos lo hacemos con la intención de que nuestro trabajo circule y haga la diferencia en la sociedad. Mi objetivo sin duda era poner sobre la mesa una práctica que sigo considerando abusiva de la iglesia e irresponsable por parte de la autoridad local y aunque el debate serio fue poco, creo que desde cierto punto de vista mi objetivo se logró, mucha gente, aunque fuera para insultar, habló del tema.
Finalmente puedo decir que dar la espalda a los problemas o evitar hablar de ellos para no molestar a finas conciencias no fue algo que se me haya inculcado y en un diario como La Jornada Morelos el que no se cuestione o no se señalen los conflictos que suceden en nuestro estado y el mundo, nunca será nuestra opción. La problemática que indiqué el 9 de agosto continúa y en ese sentido, sigo haciendo el llamado de atención a las autoridades correspondientes es decir el INAH Morelos para que tome cartas en el asunto en pro de la comunidad y no a favor de una confesión religiosa. Citando a Don Sergio Méndez Arceo: “Seguiré en mi posición que no es condenable por nadie”. No escribo para ganar simpatías ni para evitar críticas. Escribo porque el cuestionamiento dignifica y porque callar para no incomodar es la manera más eficaz de perpetuar los abusos, por mi parte seguiré señalando lo que considero injusto y arbitrario.

-
* Historiador ↑

