

Con toda su fama de ser un estado cañero y la parafernalia deportiva y social en torno al cultivo y producción, la superficie dedicada al cultivo de la vara y el aporte de estatal a la producción en el país es mínimo. Las 23 mil 800 hectáreas dedicadas a la siembra de caña de azúcar son apenas 2.9% de las 820 mil que se producen en el país; el volumen de la producción bruta es 3.8% del total nacional; pero el 5% de la caña molida total en México viene de esta tierra.
En México, 15 estados producen y muelen caña de azúcar. La mayor producción está en Veracruz, que concentra casi el 38% de la caña molida del país; le siguen Jalisco, con el 13%; San Luis Potosí, 9.4%; Puebla, 6%; Chiapas, 5.4%; y Morelos con el 3.8%.
En términos generales, la industria cañera emplea a 500 mil trabajadores, y genera 2.4 millones de empleos indirectos. En Morelos los empleos directos del sector cañero son casi 16 mil, y los indirectos poco más de 76 mil, de acuerdo con datos de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural del Gobierno de México.
Una larga e industriosa historia
Aún con estos datos, la siembra de la caña en el estado es mucho más que una tradición histórica. Desde la época colonial, la región que desde hace 156 años se conoce como Morelos, ha sido uno de los centros azucareros más dinámicos del país.
El historiador de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Horacio Crespo, expone en su artículo La Reforma Agraria y la Agroindustria del Azúcar en Morelos que en la zafra de 1869/1870 se produjeron 10 mil 111 toneladas de azúcar en 10 mil hectáreas sembradas; para 1908/1909 la producción ya era el quíntuple, 53 mil 230 toneladas en 30 mil hectáreas cultivadas.

Y aunque la superficie cultivada se ha reducido con el paso del tiempo por el crecimiento de la mancha urbana, el cambio de cultivos y otros factores; gracias a la mejora en los sistemas de cultivo y cosecha, y a la mejor industrialización, las 23 mil 800 hectáreas sembradas este año podrían producir alrededor de 2.8 millones de toneladas.
Un largo proceso que explica todo
La siembra de caña no es un asunto simple.
Primero debe prepararse el terreno, con un rastreo y arado para nivelarlo; se preparan surcos o zanjas a profundidad de 10 a 25 centímetros conforme al método de siembra.
Luego se selecciona el material a sembrar, que deben ser esquejes cortados de tallos de 30 a 50 centímetros con 3 o 4 yemas que deben venir de cultivos sanos y bien cuidados.
Se colocan los esquejes en los surcos o zanjas a una distancia de 30 centímetros uno de otro y se cubren con tierra suelta de forma manual o con maquinaria.
Luego se aplican fertilizantes, fungicidas y se mantiene controlada la humedad.
En un lapso de siete a 10 días brota la caña y se cuida durante 12 a 17 meses previos a la cosecha.
Pasado ese tiempo se corta el follaje y las hojas secas antes de cortar el tallo para evitar impurezas y facilitar la extracción del jugo.
Una vez cortada, la caña debe llevarse inmediatamente a los ingenios para que las pérdidas de sacarosa por respiración y descomposición sean mínimas.
Ya en el ingenio, la caña se pesa. Se lava para eliminar la tierra, piedras y cualquier impureza. Una vez lavada, se trocea y desfibra para facilitar la extracción del jugo.
Preparada la caña, pasa por molinos de rodillos que la exprimen; el bagazo se utilizará como combustible y el jugo pasará por un proceso de optimización que mejora la eficiencia del proceso.
El jugo resultante se calienta para eliminar impurezas, materia orgánica y enzimas. El resultado es un líquido claro y limpio que puede cristalizarse.
Cuando se ha clarificado, el jugo va a evaporadores para eliminar el agua y obtener un jarabe con alrededor del 60% de sólidos. Ese producto se cuece en condición de vacío para formar cristales de sacarosa a los que se agregan semillas de azúcar para acelerar el proceso.
Luego se separan los cristales de azúcar de la miel residual en centrifugadoras y luego van a máquinas secadoras.
Ya seco, el azúcar se empaqueta para su distribución.
Durante el proceso de recuperan también los subproductos, entre ellos la melaza con la que se produce alcohol.
La clave está en el rendimiento
Ya con el proceso de producción aclarado, resulta evidente la necesidad de una buena vara para garantizar el rendimiento, y eso depende también de factores ambientales y de riqueza y aptitud de los suelos.
En este sentido, Morelos tiene el mayor rendimiento en México, además de un alto grado de tecnificación en la producción tanto de caña como de azúcar.
Cierto que Veracruz tiene la mayor producción de caña en el país, pero el rendimiento de su superficie es de apenas 71.5 toneladas por hectárea; mucho mejor que el de San Luis Potosí, 56.1 y Chiapas, 46; pero sensiblemente más bajo que el de Morelos que registra 120 toneladas por hectárea, un rendimiento al que sólo se acerca Puebla con 105.3 toneladas.
Este rendimiento se traduce en el más elevado KARBE (Kilogramo de Azúcar Recuperable Base Estándar) del país. El indicador mide cuántos kilogramos de azúcar cristalizable pueden extraerse de cada tonelada procesada bajo condiciones de referencia normalizadas.
En Morelos el KARBE es alto (alrededor del 13%) debido a varios factores. Primero está el uso de programas de mejoramiento genético de la caña para lograr una de alto rendimiento industrial que tiene una mayor concentración de sacarosa y menos fibra residual. Las variedades híbridas fueron desarrolladas en Morelos y superan a las tradicionales en el contenido se sacarosa por tonelada.
El suelo es vital también y las zonas cañeras de Morelos están sobre suelos profundos que retienen bien la humedad y nutrientes, además de que tienen un potencial de hidrógeno favorable para asimilar el potasio y magnesio que son claves en la síntesis de la sacarosa.
A ello debe sumarse la temperatura favorable durante el ciclo agrícola que garantiza el buen crecimiento y desarrollo de la caña.
La incorporación de sistemas de riego también ha favorecido al rendimiento del suelo al evitar el déficit nutricional.
Adicionalmente, los controles rigurosos de plagas y el corte mecanizado han contribuido a elevar el rendimiento al aprovechar al máximo la caña y mantenerla sana, lo que deriva en un mayor contenido de sacarosa.
Finalmente, la ubicación de los ingenios, muy cerca de los campos de cultivo redice el intervalo de la cosecha a la molienda a menos de 24 horas, lo que permite conservar el azúcar recuperable.
Morelos, pequeño pero cañero
El 8% de las 297 mil 256 hectáreas que se cultivan en Morelos se dedican a la producción de caña. Es una cifra importante si se considera que los campesinos del estado producen por lo menos 20 cultivos de alto rendimiento.
La producción de caña en el estado equivale en toneladas a por lo menos la mitad del volumen total de los productos del campo local, calculada en más o menos cinco millones de toneladas de cultivos diversos que incluyen maíz, sorgo, jitomate, cebolla, nopal, higo, entre otros.
Y si bien la producción parece pintar poco en el plano nacional, el estado proyecta para el 2025 un valor de 2 mil 719 millones de pesos por el cultivo de caña; el 5.1% del valor de la producción nacional.
Morelos tiene una superficie del 0.2% del territorio nacional, es la tercera entidad federativa con menor extensión en el país; y el segundo menor entre los productores de caña; su extensión 4 mil 893 kilómetros cuadrados supera solo a Colima con 4 mil 19 kilómetros; éste último, produce un 50% menos de caña en comparación con Morelos.
Entonces, lo del estado cañero no es un mito. Proporcionalmente, ninguna de las quince entidades productoras de la vara produce tanta como Morelos y tampoco emplean a tantos trabajadores directos e indirectos. Además, el mayor rendimiento de la superficie de cultivo y de la propia producción azucarera, está en el tercer estado menos extenso del país. De ahí la historia y tradición que hasta se atreve a nombrar equipos de futbol.
Pero siempre hay retos por vencer
Con todo y los logros que ha obtenido la industria cañera en Morelos, los retos siguen presentes y no son sencillos para afrontar.
Igual que el resto del mundo, Morelos sufre los efectos del cambio climático con sequías recurrentes y temperaturas por arriba de 40 grados en las zonas productoras que afectan el crecimiento y la maduración de la caña; además de alterar la disponibilidad del agua para riego, como ocurrió en 2023 y 2024.
Los costros de producción han sufrido incrementos sostenidos tanto en los fertilizantes, combustibles y energía eléctrica, como en la mano de obra, lo que afecta la rentabilidad de la industria y plantea dificultades para los pequeños y medianos productores que deben financiar tecnologías de precisión y prácticas agrícolas sustentables.
Las prácticas intensivas de siembra, el monocultivo y el manejo inadecuado degradan los suelos y dañan la fertilidad, lo que puede afectar los rendimientos en el mediano y largo plazos.
Si bien la caña en Morelos es sana, la amenaza de plagas siempre está presente, y puede agravarse como una consecuencia del cambio climático.
Además, las zonas cañeras de Morelos están en áreas donde la inseguridad ha pegado fuerte. Las historias de extorsión y cobro de piso a comunidades cañeras y transportistas no son tan lejanas y han impactado los sistemas de distribución.
Adicionalmente, el mayor volumen de producción vuelve necesaria una inversión más grande en cosechadoras y riego tecnificado a fin de reducir los costos y mejorar la rentabilidad para los campesinos e industriales.
Para enfrentar los retos, la gobernadora, Margarita González Saravia, ha anunciado inversiones por más de mil millones de pesos con apoyo de la Federación para la tecnificación del sector cañero entre ellas, se incluye el apoyo con cosechadoras (el día del cañero entregó dos). Con lo que se busca mejorar la productividad y sostenibilidad de la producción cañera en Morelos.

