
Cuernavaca es un lugar privilegiado por su historia, clima, biodiversidad y porque hasta hace unas décadas estaba llena de árboles maduros que convivían, la mayoría de las veces a gusto, con los habitantes de la ciudad. Esa riqueza arbórea se ha visto severamente disminuida con la expansión de la mancha urbana, pero mucho más por malas prácticas que asesinan ceibas, primaveras, ficus, jacarandas, cipreses y eucaliptos, laureles, limoneros, guayabos, tulipanes africanos, nísperos, amates, guayacanes y otros ejemplares de las más de 200 especies de árboles que habitan en Cuernavaca desde antes que cualquiera de sus actuales habitantes.
El nivel de destrucción es evidente, espacios antes privilegiados por el aporte de grandes árboles ahora son grandes extensiones de pavimento y concreto. Algo que pasa lo mismo en las más antiguas residencias con nuevos propietarios, que en la vía pública; muchos conciben a los árboles como estorbos y hacen cualquier cosa para removerlos.
Por eso buscamos a Juan Pablo Plata Martín, único arborista certificado en el estado de Morelos y quien ha participado en la asesoría para el ordenamiento del arbolado urbano en Cuernavaca, y en proyectos de rescate de los árboles monumentales y maduros de muchos espacios de la ciudad. Conocido como el Doctor Árbol, Juan Pablo nos explica que la ciudad vive una emergencia (algo que en ejemplares de más de cien años de edad es aún más grave) arbórea provocada por lo que llama una epidemia de malas prácticas que amenaza a los árboles maduros y con ello el clima, la biodiversidad y la vida como se conoce en Cuernavaca.
Una disciplina no tan antigua, pero profundamente ignorada
Plata Martín nos explica que la arboricultura es una disciplina que inició en hace unos cien años con la Sociedad Internacional de Arboricultura; y se planteó como una disciplina diferente a la silvicultura, centrada en el aprovechamiento y conservación de los bosques. Los arboristas se enfocan en el arbolado de las ciudades que padece problemas muy diferentes a los ejemplares en los bosques.

Las ciudades tienen elementos muy diferentes a los bosques, líneas eléctricas, infraestructura, cisternas, registros, muros; y los arboristas plantean cómo coexistir con los árboles en las ciudades.
Se trata entonces de una disciplina urgente en Cuernavaca, donde muchos grupos ambientalistas, pero también mucha gente que ha padecido la pérdida del verdor en su entorno reconoce un problema grave de agresión constante contra los árboles. Juan Pablo reconoce que el problema es muy grave.
“Es un coexistir y muchos árboles maduros llegaron desde mucho tiempo antes, entonces las ciudades realmente conforman un ambiente muy hostil, para el arbolado. No es un ambiente natural, tantas partículas de contaminación, espacios tan estrechos, tanta reducción de materia orgánica en sus raíces… donde ellos tienen que ser bastante resilientes, adaptarse y si no se adaptan mueren”, explica.
Y por supuesto, el riesgo de muerte de los grandes ejemplares es un problema enorme para la ciudadanía porque “estamos hablando de estructuras muy grandes, muy pesadas, que llegan a pesar varias toneladas, que conllevan también riesgos. Por eso precisamente existimos los arboristas para poder dictaminar, determinar qué se tiene que hacer, qué tipo de maniobras para garantizar tanto el bienestar”.
Los árboles de la ciudad son los únicos nuestros
Mientras la silvicultura se ocupa de los árboles de los bosques, que nos son ajenos; los arboristas ven los que son nuestros, los de fuera de nuestras casas, los ubicados en nuestros jardines y camellones, con los que verdaderamente establecemos una relación edificante y profunda, le comentamos.
“Estamos en una crisis bastante seria, es muy crítico. Ya hemos escuchado a muchos expertos, muchos científicos… Estamos viviendo incendios muy graves en la zona del Corredor Biológico Chichinautzin, también del Tepozteco y esas zonas forestales que son de pronto las más cercanas… estamos perdiendo una gran cantidad de árboles que tenían décadas de crecimiento”, advierte el Doctor Árbol.
“Son árboles que tenían cuarenta, cincuenta, ochenta, quizá hasta cien años algunos de ellos en los bosques, y los perdemos en una temporada… al nivel que se ha normalizado. Se habla de temporadas, de que este año a ver cuántas hectáreas nos quita los incendios y la gran mayoría son provocados… no estoy con esto diciendo que no se debe reforestar, pero estamos perdiendo una gran masa forestal y lo único que nos queda, y lo pongo entre comillas, son los árboles de las ciudades”, añade.
Pero esos árboles también están bajo amenaza y destrucción permanente: “los está talando porque les estorba, que porque el estacionamiento, que porque las constructoras. Es un problema bastante complejo que tiene que ver con una corresponsabilidad muy grande entre los sectores de la sociedad, que son los servidores públicos, gobierno, la sociedad civil, nosotros como ciudadanos y también la academia, los científicos y los técnicos”.
La pérdida invaluable en Cuernavaca
Juan Pablo no ofrece cifras de destrucción, pero es evidente que los árboles en Cuernavaca han sido destruidos por miles. Por eso identifica un gran riesgo.
“Basta con hacer un pequeño ejercicio de lo que comento de estos árboles, los árboles que vemos aquí en la ciudad de Cuernavaca, maduros, cuando ya lo ves grande, con un fuste, es decir, con un tallo de un diámetro más o menos como de unos 50 centímetros, ya estamos hablando de un árbol que tiene mínimo 50 años. Depende de la especie… Estamos perdiendo árboles de décadas, o sea, de sesenta, setenta, muchas veces son de ochenta y a veces de cien años y son insustituibles”, asegura.
Y recuerda, “ni muchísimos árboles pequeños van a sustituir los beneficios que genera un árbol maduro, porque ya es un nicho donde se pueden poner nidos, donde llegan las aves y pueden procrear, pueden salvarse, resguardarse. Eso no sucede por más que tengas 20 mil o 40 mil árboles chiquitos, no va a suceder la cantidad de biodiversidad que puede tener, de interacciones ecosistémicas, de insectos, de mamíferos. Hay una enorme cantidad de animales, hongos, bacterias que interactúan en un árbol ya grande, líquenes, musgos, orquídeas, varias epífitas, tampoco va a suceder en los árboles pequeños”.
Así que el beneficio ambiental que podrían traer los nuevos ejemplares llegaría “quizá dentro de unos 10 años, ya son árboles jóvenes, pero no pueden albergar un nido. Tenemos que esperarnos a muchas décadas para que estos árboles, se dice ya trabajen. Es un término correcto, es decir, los puedes ver como individuos, organismos que ya están trabajando y generando beneficios, porque mientras tanto lo único que están haciendo es, en una etapa vegetativa, están apenas desarrollándose, sacando sus raíces”.
Una primera recomendación para todos: no los tiren
Y señala: “la recomendación que quiero hacer muy enérgicamente es que lo que necesitamos es conservar los árboles maduros, eso es de emergencia, de urgencia, elemental, incuestionable. Lo podemos constatar con más especialistas. Es ahí donde debemos de tener el foco principal e insisto, no por ello demeritar que sí se tiene que arborizar y reforestar pero tiene que ser también con una técnica muy especializada”.
Así que los responsables del cuidado del arbolado y de la biodiversidad en Cuernavaca tendrían que consultar con los expertos: “A mí me encantaría que las cosas fueran como más sencillas, pero no, como dice el dicho zapatero a tus zapatos. El tema de arborización y reforestación sí tiene cuestiones muy particulares, son grandes retos. Hay técnicas en las que también los servidores públicos también necesitan estar capacitados, ellos como autoridades, como líderes que están moviendo a grandes cantidades de personas, de ciudadanía. Es una invitación a que nos inviten a los especialistas abordar estos temas para que se haga de la forma adecuada, en tiempo y en forma, porque hay muchos descuidos”.
Algunos de los factores que pueden hacer fracasar los intentos de arborización y reforestación son: “no les dan seguimiento, no lo riegan, no escogen las especies adecuadas, no se habla de qué profundidad (para el sembrado)”.
Las ciudades deben tener también planes rectores para el manejo del arbolado construidos con los especialistas, asegura Doctor Árbol. “La formación que tenemos los arboristas, es bastante amplia para poder establecer estrategias de la mano de los servidores públicos, de la ciudadanía y de otros académicos, de otros científicos. Entonces por eso árboles hermosos que están creciendo un buen, se voltean porque quizás sus condiciones de absorción continúan su desarrollo, pero ya están debilitados, ya tienen hongos, ya tienen bacterias que terminan rompiendo el fuste por completo y es cuando vienen los accidentes letales bastante graves de muchos daños a la infraestructura y lo mismo si no los entierran suficiente, si no escogen especies que sean adecuadas”.
“En la Asociación Mexicana Arboricultura tenemos un lema, muy importante es el árbol adecuado en el sitio adecuado. Y a mí me gusta mucho agregarle un tercer factor que es de la forma adecuada… hay toda una metodología… muchísimas otras cuestiones que se tienen que hablar, de la preparación del suelo, a qué profundidad, qué tierra se va a colocar para hacerlo de la forma adecuada. El árbol adecuado en el sitio adecuado significa que no vamos a poner un laurel de línea monumental en un espacio muy reducido, en una banqueta, cosa que estamos viviendo mucho en Vistahermosa, por ejemplo, hay árboles demasiado grandes que no fueron los adecuados para colocarse y ahorita estamos sufriendo las consecuencias”.
Pero nada justifica su destrucción, acota: “no por eso los vamos a talar, pero sí tiene que haber un manejo ahora más complicado, más costoso y bueno hubiera sido que se colocaran árboles nativos en los lugares adecuados, pero un laurel enorme, un Ficus pandurata, que también son muy grandes, los podemos tener en donde no hay cableados, donde no hay líneas eléctricas, ni de telecomunicaciones, ni alumbrado, ni cámaras de seguridad”.
La autoridad está fallando, pero también la ciudadanía
Preguntamos a Juan Pablo Plata qué es lo que está fallando en las autoridades y la ciudadanía porque, pese al ordenamiento para regular el arbolado urbano de 2021 en Cuernavaca, la destrucción ha seguido y probablemente, hasta se haya acelerado.
Inmediatamente asegura que la falla está en la voluntad: “ya nos hemos acercado técnicos, o sea, ya hay técnicos en este país… hemos frecuentado mucho a servidores públicos… para poder apoyar y profesionalizar los trabajos que tienen ustedes que hacer como obras públicas del municipio, como diputados, como presidentes municipales, como secretarios de desarrollo sustentable, te estoy hablando únicamente en el sector de gobierno, sector público. Entonces ¿Qué nos hace falta? Voluntad, porque ya nos conocen, saben que estamos ahí, que tenemos la voluntad, que tenemos el conocimiento, tenemos la formación, la certificación, tenemos las credenciales y queremos también formar más personas”.
Entonces tu teléfono debe estar sonando diariamente con consultas de funcionarios públicos estatales y municipales de desarrollo sustentable o de obras públicas, le decimos.
“No. Sí tenemos comunicaciones, hemos tenido acercamientos ya desde la administración pasada, francamente ha habido varios servidores públicos con los que nos hemos acercado”, pero suelen buscarlos ya que los daños con irremediables. En el caso de construcciones, dice “nosotros tenemos que trabajar antes, durante y después. Antes para entender cuál es el proyecto. Antes de que empiecen a meter maquinaria, pipas, materiales, tenemos que planear qué árboles, cómo se van a respetar, cuáles realmente tienen un valor ecosistémico mayor, cuáles deberían de ser intocables, establecer los perímetros de seguridad, ese es el área. Durante las obras, estar inspeccionando que cumplan con lo que dijimos en el antes y el después es darle un seguimiento al arbolado, que si se enfermó, es más, si tuvieron que cortar raíces, que es muy crítica esa práctica, pues poner algún antibiótico, poner revitalizantes, vigorizantes, para que el árbol pueda continuar después de la obra, porque tiro por viaje”.
Una de las llamadas más recurrentes, entonces es cuando los constructores ya propinaron el daño a los árboles. “Cuando ya mutilaron las raíces de un árbol, no puedes regenerarlas. No puedes hacer una sustitución de toda la pérdida del sistema radicular que perdió el árbol, por más que seas especialista en el tema, el daño ya está hecho, como dice el dicho, tapan el pozo cuando el niño ya se ahogó”.
La ciudadanía debe saber exigir mucho más
La gente se enoja cuando hay podas asesinas, o derriban el árbol de su cuadra, el que les daba sombra, donde jugaban sus hijos, el que alojaba a los pajarillos que le daban sonido a sus tardes, le decimos, ¿cómo puede canalizarse esa queja para que sea productiva? Le preguntamos.
Juan Pablo refiere que entre otras cosas debe construirse una alianza entre especialistas, sociedad civil, funcionarios públicos y diputaros, “para establecer un marco legal más robusto, que no tenga tanta ambigüedad de pronto, o tan básico, porque está muy básico todavía nuestro marco legal”. Nos explica que Cuernavaca tiene un marco legal, pero debe robustecerse.
Pero mientras eso ocurre nos recuerda que el cuidado de los árboles de la ciudad “es una corresponsabilidad, la ciudadanía tiene que estar velando que eso se logre, exigiendo, presionando. Pero también tiene que ser denuncias ciudadanas formales… estamos atiborrados de pseudo denuncias en redes sociales, eso no está llevando a nada. No son más que dichos y palabrería, dimes y diretes y conflictos que hay en redes sociales. Eso no tiene ningún sustento legal, eso no está aportando… es una pérdida de tiempo, quizá logre visibilizar un poco la situación, pero… la misma gente dice otro árbol más ya con un tono pesimista, porque bien saben que una red social no sirve para hacer una denuncia formal o poner un alto y que haya consecuencias y sanciones administrativas”.
¿Cómo puedo denunciar el daño a los árboles?
Juan Pablo nos explica que la ciudadanía debe acercarse “a la Fiscalía Ambiental, en este caso para Cuernavaca, que es quien aborda todos estos temas. Y darle seguimiento a todos ecocidios que se están haciendo tanto destrozo de árboles, tanta mutilación”.
Advierte que la Comisión Federal de Electricidad (CFE), necesita capacitarse o contratar a especialistas “porque muchas veces lo que hace CFE (son) mutilaciones rapidísimas, en cuestión de minutos y ya se van para otro árbol con tal de despejar las líneas eléctricas. Sí, se tiene que despejar las líneas eléctricas, pero hay una técnica especializada que se llama despeje líneas eléctricas, una poda muy especializada y también de alto riesgo”.

El desmoche genera el mayor daño a los árboles
La práctica más frecuente en Cuernavaca es la que genera mayor daño al arbolado. La mutilación o desmoche es una forma cruel de acelerar la muerte de los árboles.
Juan Pablo nos explica, “desmoche significa no es una técnica de poda. Es la situación más crítica que estamos viviendo… puedo decir que es una epidemia de malas prácticas… de mutilaciones es lo que está terminando con la vida de muchos árboles y tenemos mucho sustento para decirlo como científicos, como técnicos”.
“Desmoche es cortar de forma arbitraria cualquier rama donde te dé el capricho. Por eso digo que es arbitraria, córtala aquí y punto. Al igual que en humanos, hay zonas muy particulares donde se tiene que hacer un corte, una amputación que conlleva conocimiento fisiológico. No es de forma arbitraria, hay zonas muy específicas. Entonces, si no se hace de esa forma correcta, generan pudriciones, son finalmente necrosis, en árboles se le llama muerte descendente. Amputas una rama así en forma de desmoche, de forma inadecuada y empieza a generar una pudrición que baja hacia el fuste, hasta el tallo del árbol”, abunda.
Además, señala: “no desinfectan la herramienta. Necesitamos capacitar para evitar las malas prácticas y necesitamos regular esto. Así como se ha hecho en medicina humana, que no cualquiera te puede hacer una cirugía en una intervención quirúrgica. En animales también, cada vez están más robustas más las leyes para protegerlos. En árboles también, porque son seres vivos finalmente”.
“Estamos en una situación de emergencia, de urgencias, no se está previniendo… derribar los árboles muertos, que ya son de riesgo, por supuesto, ahí no hay duda… que sean árboles muertos y que no confundan con los árboles caducifolios, los que tiran sus hojas… se debería tener mínimo el derribo de los árboles muertos, eso urge, antes de que haya más catástrofes, son árboles alto riesgo, cubrir eso mínimo- Pero también lo mínimo es que se capaciten, que se hagan buenos dictámenes, hay mucho por hacer”, insiste.
¿Cómo sé que mi arbolito se murió o está enfermo?
Juan Pablo también nos dice cómo identificar si nuestro árbol se ha enfermado o muere.
“Los árboles tienen varios signos que empiezan a mostrarse, por ejemplo, el desprendimiento de la epidermis, que es la corteza de una forma inusual y general, o puede ser parcial, muy focalizada en una zona, habla de una muerte de esa zona. Porque los árboles pueden morir de forma modular, o sea, no mueren en su totalidad. Entonces podemos distinguir ciertos signos, la corteza desprendida, algunas pudriciones, sobre todo el tema de pérdida de vitalidad habla de un árbol que ya está en una espiral de decaimiento”, explica.
Y pueden llegar a un punto de decaimiento “de no retorno, que ya no hay nada, no hay poder humano, no hay tecnología, ni sustancias químicas, ni sintéticas que puedan revitalizar al árbol. Ya está en decadencia, ya está en un espiral de decaimiento. Pero muchas veces hay que ver, tener el tacto y la experiencia, el conocimiento de ser, con qué herramientas cuentas, qué tecnología es la que cuentas, y de qué individuo estás hablando, y también si vale la pena salvarlos. Y si hay presupuesto también para salvarlo”.
“Entonces son esos signos, pero mucho tiene que ver con la vitalidad del árbol, eso creo que es un término muy común, sentido común. Cuando ves un árbol que ya no florece mucho, ya es un poco de alerta, sobre todo si ya lleva dos años sin florecer mucho, pero si ya tiene una pérdida de follaje de sus hojas muy significativo, también ya habla muy mal de la situación del arbolado y no te puedes esperar al punto de no retorno para marcar al especialista”, recomienda.
El costo del rescate de un árbol maduro varía pero nunca es barato. “por ejemplo, nosotros metemos unos comprimidos de materia orgánica, de aminoácidos, de humus, varios probióticos para el árbol. Colocamos las cápsulas que son de este tamaño (muestra con las manos lo que sería una pastillota intragable), como unos 5 por 5 centímetros, 30 por árbol, 30 comprimidos por árbol, entonces estamos hablando de un árbol maduro, pueden llegar a ser hasta 50, entonces todo depende del tamaño del árbol”.
Árboles nativos o exóticos para Cuernavaca
Hace mucho tiempo hay un debate sobre la presencia de árboles exóticos en Cuernavaca. Una discusión que podría considerarse inútil, por cierto, dado que miles de ellos tienen más de cien años por lo que se han asimilado con el medio ambiente.
Plata Martín nos habla del inventario de árboles hecho por el investigador, Oscar Dorado para la ciudad; “la cantidad de especies son 267, para Cuernavaca tenemos un arboretum… una paleta vegetal muy extensa, muy biodiversa. Eso es maravilloso, los que sabemos de biología evolutiva y de ecosistema y de poblaciones, sabemos que entre mayor biodiversidad son más resilientes los ecosistemas, puedes sobrellevar más las situaciones de cambio climático, de inundaciones, de ondas de calor bastante fuertes, Entonces tenemos 267 especies en Cuernavaca, de los cuales 104 son nativos de Morelos, 43 son nativas de México, es decir a nivel del país y 120 son especies exóticas, es decir, tenemos más especies exóticas en Cuernavaca que de especies nativas”.
“Eso ha llevado mucha discusión, mucha polémica, incluso por académicos, por técnicos, por científicos. Por una parte, la sociedad civil está comentando, emite ciertos juicios de valor que están muy sesgados… y tienen especies predilectas y otras que han sido estigmatizadas, como el ficus benjamin, el laurel de la india. Empiezan a ser radicales… y hay que exterminarlas, hay que terminarlas… Si nosotros exterminamos las especies exóticas bajo la premisa y el sesgo cognitivo de que son especies que no deberían de existir, que nos están quitando hábitats y que son invasivas, invasoras y terribles y que son lo peor, vamos a perder más de la mitad de la biodiversidad que tenemos de especies”, profundiza
“Los ecosistemas son muy resilientes, no es correcto decir inteligentes, pero son resilientes y saben equilibrarse. Entonces, y bueno, hay muchas investigaciones que realmente no hay tanto daño como tal. Insisto, hay daños antropogénicos mucho más graves que malas prácticas que están haciendo los humanos en el tema del mantenimiento del arbolado, que precisamente las especies exóticas que generan también grandes beneficios”, argumenta.
En México sólo hay 23 arboristas certificados, pero hay oportunidades de formación
Juan Pablo nos explica que hace un par de semanas obtuvo la autorización de “la Secretaría de Trabajo y Previsión Social como uno de los agentes capacitadores externos que emite certificaciones para formar trabajadores del árbol. Entonces al momento de formar, poder acercar este conocimiento, esta tecnología que yo ya tengo filtrada, digerida, aterrizada y en la práctica poder formar más trabajadores del árbol para que no seamos los únicos, porque somos muy pocos. Un dato de este año, del 2025, de abril de 2025, de la Asociación Mexicana de Arboricultura, me metí a la Universidad Plataforma dice que únicamente habemos 23 mexicanos que tenemos esta certificación en todo el país. Eso es muy poco. Y en el estado de Morelos soy el único que tiene la certificación… entonces tenemos que ser más porque la problemática nos está desbordando y necesitamos también mayor delegación de estas actividades”.

Juan Pablo Plata Martín, biólogo y arborista certificado, habló con La Jornada Morelos de la epidemia de malas prácticas que tiene a los árboles de Cuernavaca en situación de emergencia. Foto: DMC

Espacios que antes gozaban de enormes árboles, como éste en la colonia Miraval, ahora son puro pavimento, concreto y cables. Foto: DMC

Aquí hubo alguna vez un árbol maduro que daba identidad y múltiples beneficios a la biodiversidad y la población. Foto: DMC

El desmoche es una práctica que termina por matar los árboles. Foto: DMC

Antes llena de árboles, esta propiedad en la colonia Reforma cambió de dueño y ahora luce así. Foto: DMC

La gente mutila los árboles porque los considera estorbos y la autoridad parece complaciente con ello, pese a los reglamentos que lo prohíben. Foto: Cortesía

A veces la naturaleza nos demuestra su poder de resiliencia, aunque sea en pequeño. Foto: DMC

Los árboles se siguen perdiendo por una epidemia de malas prácticas. Foto: DMC

En Cuernavaca debe recuperarse la coexistencia con los árboles maduros, que tienen décadas dando beneficios a la ciudad. Foto: DMC

Los pequeños ejemplares reforestados (a veces con malas prácticas) tardarán décadas en generar los beneficios que ofrecen los árboles maduros que son los más agredidos. Foto: DMC

Y pese a las agresiones constantes, los árboles nos siguen dando múltiples beneficios, ambientales, climáticos, estéticos y espirituales. Foto: DMC

