

Las luces se encienden, el telón se levanta y en el escenario aparece Tomoani, un niño afrodescendiente que no solo carga con su mochila escolar, sino con la sombra del racismo cotidiano. A su lado, Pinto, un perrito mestizo y cómplice de aventuras, que le recuerda que los mejores viajes comienzan cuando uno se atreve a mirar de frente sus raíces.
Hoy, domingo 24 de agosto a las 16:00 horas, esa historia cobra vida en el Foro ARTTHA, en Yautepec, con el pre-estreno de Tilicos y Flacos. La función marca el inicio de una gira que llevará a la compañía Mulato Teatro a la Ciudad de México, donde se presentarán en el Centro Cultural La Titería de Marionetas de la Esquina todos los sábados y domingos de septiembre, antes de regresar a Morelos para recorrer los escenarios de diversos municipios durante octubre y noviembre.
La dramaturgia, escrita a cuatro manos por Ismael Rojas y Jaime Chabaud, dirigida por Raúl Eduardo Ángeles Flores y protagonizada por Jéssica Lunet e Ismael Rojas, nos invita a reír, a emocionarnos y también a reflexionar. Porque entre carcajadas y juegos, la obra se atreve a hablar con las jóvenes audiencias de temas urgentes: el racismo estructural, el acoso escolar y la fuerza de reconocerse y valorar nuestras raíces culturales, tanto afrodescendientes como indígenas.
Previo al arranque de la gira, La Jornada Morelos conversó con parte del equipo creativo de Tilicos y Flacos. Marisol Castillo, directora de la compañía Mulato Teatro y asistente de dirección de esta puesta, compartió el entusiasmo con el que se preparan para encontrarse con el público: “Lo que el público verá en Yautepec y en Coyoacán es el resultado de un trabajo colectivo que se construyó con entrega y fe en la historia que queremos contar”.
Sobre la trama, Ismael Rojas explicó que, en escena solo son él y Jessica Lunet los que dan vida a todos los personajes con títeres y objetos. “La historia sigue a Tomoani, un niño afrodescendiente que sufre microrracismos en su comunidad. Junto a su perrito Pinto, cae en un pozo mientras huye del bully de la escuela y ahí, en el Mictlán, encuentra a un ancestro que lo ayuda a reconocer sus raíces y aceptarse. Es una aventura entre la vida y la muerte, para reconocer y valorar sus raíces”.
La actriz Jéssica Lunet, quien comparte escena con Rojas, subrayó la importancia de que las infancias vean obras que hablen de raíces culturales: “Muchas veces normalizamos lo que viven niñas y niños en la escuela o en su convivencia diaria. Creemos que ‘ya lo entenderán cuando crezcan’, pero mientras tanto enfrentan bullying o discriminación. La obra abra esa conversación, no se trata de que los problemas ‘se les pasen rápido’, sino de que desde ahora puedan nombrar lo que viven y sentir que importa”.

En esa línea, la obra dialoga con la realidad actual de aquellos que viven exclusión por el color de su piel, su origen cultural o sus condiciones de vida. Para Mulato Teatro, el escenario es un espacio donde esas realidades pueden visibilizarse sin perder la frescura de la risa y el juego. Uno de los elementos más singulares del montaje es la incorporación del náhuatl en diálogos y canciones: “Desde el inicio pensamos en que la historia integrara la lengua originaria más cercana a nuestro contexto, el náhuatl de la región de Tlaltizapán y Ticumán. Nuestros asesores, Marco Antonio Tafolla y Alma Leticia Benítez, no solo tradujeron, también nos enseñaron a pronunciar, a entender los modismos y hasta compusieron una canción. Eso le da a la obra un arraigo muy especial”, explicó Ismael. “La obra es también un homenaje a esa memoria cultural viva que existe en Morelos y que muchas veces no se reconoce”, complementa Marisol.
Jéssica describió los retos de interpretar a los personajes: “Aquí el títere es la estrella. Como actriz debo trasladar mis gestos, mi voz y mi energía hacia él para que cobre vida. Es un reto, porque tenemos que interpretar a muchos personajes. Es exigente, pero también muy divertido. Nos da un entrenamiento enorme y nos recuerda que el teatro es un juego también”.
De cara al estreno en Coyoacán, Marisol Castillo explicó que el preestreno en Yautepec es una forma de calentar motores: “Nos prepara para la temporada en La Titería, y luego volveremos a Morelos en octubre y noviembre gracias al apoyo federal del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC). Ese respaldo nos permite llevar la obra casi gratuitamente a los municipios, porque llevar una producción así se necesitan 30 o 40 mil. Esta es una gran oportunidad para acercar el teatro de calidad a comunidades donde pocas veces llega”.
Pero lo más importante no es la logística, sino el impacto en el público. Castillo nos lo comparte así: “Queremos que cada niña y niño salga con la certeza del valor de ser quienes son. Que aprendan a defenderse no con golpes, sino con ideas claras y asertivas. Que no se avergüencen de su piel ni de su historia, sino que se sientan orgullosos. Tilicos y Flacos es un espejo que invita a reflexionar sobre lo que pasa en nuestros hogares. Buscamos que tanto niños como adultos se sientan apapachados, pero también con ganas de conversar y cuestionarse”.
Para despedirse Ismael Rojas cierra con una reflexión sobre el poder que tienen las palabras que los padres le dicen a sus hijos: “Cada palabra que se dice a una niña o a un niño puede convertirse en un ancla; pueden dejarte en un puerto maravilloso o en un horrible. Algunas pesan tanto que siguen resonando incluso en la adultez. Con esta obra queremos recordar a los adultos que las palabras construyen el mundo de las infancias. Nuestro deseo es que tengan una conversación horizontal con las infancias”.
Para conocer más sobre sus funciones y actividades, pueden seguir a Mulato Teatro en todas sus redes sociales.
El primer encuentro con el público en Yautepec abre la gira de Tilicos y Flacos. En la foto Jéssica Lunet e Ismael Rojas. Foto: Mulato Teatro

