

Hace años escuchaba a un fotógrafo presumir que él no usaba filtros, y juzgaba emplearlos como una falta a la auténtica fotografía. Lo que no comentó en esa ocasión, es que independientemente de la cámara fotográfica que usara, estaba obviando algo que para un usuario puede implicar un sesgo visual: según la óptica de la cámara (entre las prestigiadas está Zeiss, Hasselblad, como Leica), uno puede obtener colores más vivos o definición más precisa, con lo que a mi parecer, toda objetivo de una cámara, “filtra”, esto es, te produce un diferencial en la foto que cabe reconocer para poder decidir cuál usar, reconociendo a la vez, sus fortalezas y debilidades.
Traigo esto a colación con respecto a puristas tanto en la fotografía, como en el análisis social, incluso a nivel familiar. En chats familiares como de amistades fluyen en volúmenes cada vez mayores, además de memes y rara vez textos de más de media página, con conclusiones lapidarias sobre la vida política nacional o local, con pretensiones de objetividad. Incluso entre periodistas, con artículos largos, especializados, y entre ellos, del New York Times y del Washington Post.
En estos últimos meses, me han llegado por decenas, mensajes contra Rusia, contra la presidenta y sus secretarios, contra la gobernadora de Morelos. Pero, así como aquél fotógrafo “que no usaba filtro”, me los envían sin especificar su óptica, al menos una pista de los esquemas de análisis social que procuran o cultivan, o en los que creen. Eso incluso personas con una profesión universitaria por detrás. Esto a mi manera de ver, supone una muy pobre formación en ciencias sociales, de cualquier ciudadano y universitario, si no es capaz de reconocer, con honestidad intelectual, que su manera de “ver” lo social, de analizarlo, supone una cierta matriz de análisis que puede, necesariamente, tener sus sesgos, estar cargada con una cierta orientación, lo sepa o no.
Con un mínimo de humildad, podríamos reconocer que conforme avanzamos en años, nuestra vista (ocular y social) pierde capacidades, pues nuestros lentes interiores se desgastan, sea a lo lejos o a lo cerca, vemos menos, o incluso, se nubla nuestra vista con cataratas, de tal forma que, aunque nos las operen, alguna deficiencia visual nos acompañará el resto de nuestras vidas, esa es parte nuestra condición humana, al menos hasta ahora. De modo que, si pretendemos que nuestra opinión gane público, sea conocida y de alguna manera replicada por otras personas con incidencia social, lo menos que debemos hacer quienes la exponemos, es mencionar nuestra adscripción en el espectro político social. Por eso escribo en este diario, y me explico enseguida.
Me adscribo en posturas de izquierda social, creo en un futuro para Morelos y para el país en el que haya equidad, en el que las oportunidades sean similares para todos, en materia de empleo, habitación, comida, transporte, salud, para lo cual los programas sociales son clave y la soberanía energética, alimentaria como territorial es de lo más importante. Por supuesto que ambiciono un mundo de paz, y está claro que sin combatir a fondo la delincuencia, local, nacional, internacional, no hay posibilidad de un mejor país. Por eso valoro lo que colegas de este diario, articulistas, editores, personal técnico e ilustradores, nos presentan día a día, como semanalmente, en un proceso educativo que nos lleva a criticar la realidad que vivimos, con miras a transformarla. Por eso celebro que estamos llegando, juntos y críticamente, al ejemplar 1000 de este nuestro diario, ¡La Jornada de Morelos!


Fotografías cortesía del autor


