

La cualidad de anfitriones que tienen las ciudades y pueblos de Morelos se fue reduciendo, durante los últimos años, a la apuesta por establecimientos donde se vendían cantidades extraordinarias de bebidas embriagantes en chelerías o incluso la vía pública.
Si bien estos negocios atraen a cierto segmento de visitantes, no se trata de un grupo relevante para los anfitriones en tanto no opera con las actividades que vuelven al turismo importante como fuente de ingresos. En contraste, ese núcleo representa enormes riesgos para las comunidades en tanto pueden generar hechos violentos, conductas discriminatorias, daños al patrimonio histórico y cultural, y accidentes graves.
El alcalde de Tepoztlán, Perseo Quiroz Rendón anunció medidas para establecer, paulatinamente, controles a la venta y el consumo de bebidas alcohólicas en el Pueblo Mágico, algo que puede explicarse bajo tres argumentos sólidos.
Primero se trata de recuperar el orden y la seguridad en un municipio que se había convertido en una enorme cantina de fines de semana, con todos los problemas y riesgos asociados con ello.
Pero también se busca recuperar al turismo familiar, el que consume en establecimientos formales, adquiere artesanías y recuerdos, suele pernoctar en el Pueblo Mágico y crea lazos de fidelidad con la comunidad que visita; lo que se traduce en el respeto por la comunidad y beneficios económicos para diversos establecimientos y actividades relacionadas con la anfitrionía.
Y finalmente, se trata de proteger a la comunidad tepozteca y sus elementos culturales de las agresiones que suelen presentarse de parte de visitantes que nadie querría ver en su casa.

Lo paulatino de la medida no significa, según todo indica, que sea reversible. Los controles a la venta y consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública y en establecimientos no autorizados en Tepoztlán, se aplicarán conforme la autoridad municipal cuente con los recursos necesarios para ello y bajo un plan que le permitirá transitar de regreso al modelo de turismo que tenía hace una o dos décadas.
El modelo de Tepoztlán no es nuevo. Cuernavaca ha también operado sobre la aplicación paulatina de controles a la venta de alcohol, aunque aún funcionan muchas chelerías irregulares en la periferia. La apuesta no fue un salto al vacío, en tanto se fueron ofreciendo alternativas de entretenimiento familiar en los espacios públicos. Esto ha permitido aumentar el flujo de visitantes y también el consumo en restaurantes, aunque aún es necesario fortalecer la pernocta.
También el gobierno de Morelos, en su plan de turismo, ha contemplado la necesidad de explorar y explotar otros segmentos de visitantes con intereses diversos que pueden generar una mayor sustentabilidad a la anfitrionía en el estado. De ahí viene el respaldo que el secretario de Turismo, Daniel Altafi Valladares ha dado a la decisión de ayuntamientos para la reorientación de su oferta turística.
Porque algo cierto es que el estado tiene mucho más que ofrecer a sus visitantes que cervezas y licores. Hacer turismo no es emborrachar a las visitas, sino hacer comunidad con ellas, y eso traerá beneficios para todos.

