Rafael Tamayo Flores*

El cierre definitivo de la planta armadora Nissan-CIVAC, con presencia en el estado de Morelos desde hace 59 años y emblema del desarrollo industrial local, sin duda, constituye un fuerte golpe para la economía morelense. Entre 2 mil 500 y 3 mil trabajadores engrosaran las filas del desempleo, con la problemática social que esto conlleva para ellos y sus familias. Nissan-CIVAC era uno de los empleadores más grandes del estado.

Pero el impacto negativo no queda ahí. Al perderse el ingreso de esos trabajadores, por cierto, relativamente bien pagados, se reducirá la demanda de toda una variedad de bienes y servicios que se consumen cotidianamente. Las ventas de muchos pequeños negocios serán afectadas negativamente. Aunque no de inmediato, es posible que el cierre de la armadora provoque el cierre o un ajuste en producción de algunas de las pocas empresas proveedoras de partes y componentes ubicadas en Morelos. Los proveedores locales de servicios de comida, mantenimiento y reparaciones, limpieza, etc., serán afectados inmediatamente. Todo eso significa pérdida adicional de empleo e ingreso. Adicionalmente, el impuesto sobre nóminas se reducirá, afectando las ya de por si maltrechas finanzas públicas locales. En suma, habrá un fuerte impacto negativo en el crecimiento económico del estado y en el bienestar de muchos morelenses.

Hay que puntualizar, a manera de contexto, que la planta NISSAN-CIVAC, desde hace tiempo, jugaba el papel de “buffer” en las operaciones de la empresa en México. En general, esto significa que, en los buenos tiempos, de demanda de autos en aumento, la capacidad de NISSAN-CIVAC se utilizaba solo una vez que se tenía a tope la capacidad de la planta de Aguascalientes, mientras que, en los tiempos malos, de contracción de la demanda, lo primero que se inhabilitaba era la capacidad de NISSAN-CIVAC. La planta también se utilizaba para iniciar la producción de nuevos modelos, algunos de los cuales eventualmente se trasladaban a Aguascalientes. Todo esto debido a que la planta de Aguascalientes es mucho más eficiente y productiva que la de CIVAC.

No obstante, NISSAN-CIVAC había tenido un buen desempeño en tiempos aún recientes. En 2008 se realizaron inversiones importantes para producir la Pick-up D22 y el TIIDA y en 2009 se exportó por primera vez desde CIVAC, el TIIDA, a varios países de Centro y Sudamérica. En 2011 inició la producción de la Pick-up Frontier. Antes de la crisis de 2009 la planta operaba a toda capacidad y en 2010, una vez superada esta, tuvo un muy buen repunte. Para finales del 2012 la planta seguía operando a casi toda su capacidad. Eso significo la contratación de miles de trabajadores. De esto el que suscribe es testigo de primera mano y deben existir reportes públicos de la empresa.

¿Qué fue lo que ocurrió? Se habla en términos muy generales de una re-estructuración productiva de la empresa a nivel global a efecto de optimizar su capacidad productiva. En sus planes más recientes la empresa ya había anunciado su intención de reducir su capacidad de producción global de 3.5 a 2.5 millones de unidades y eso implicaría la reducción de los sitios de producción de 17 a 10. También reportó un pequeño incremento de 0.3 por ciento en la producción de vehículos en México durante el primer semestre del año, llegando a 340 mil 530 unidades, mientras que sus exportaciones se redujeron en 4 por ciento, en el mismo periodo, estableciéndose en 228 mil 974 vehículos. Eran señales claras que nadie vio o nadie quiso ver.

En efecto, ante un exceso de capacidad instalada a nivel global y una reducción en exportaciones debido a la entrada de nuevos y fuertes competidores, la empresa decide cerrar definitivamente las operaciones menos eficientes y ahí entra NISSAN-CIVAC. ¿Por qué deciden ahora esto? Ya antes habíamos visto varias veces la implementación de los “paros técnicos”, es decir, el cierre de turnos de trabajo y envió temporal de trabajadores a descanso. En la crisis de 2009 el gobierno estatal aportó parte de los salarios de los trabajadores que Nissan y varias otras empresas enviaron a descansar a efecto de mantener vigentes los contratos. Sin embargo, hoy la diferencia es que no se trata de una crisis coyuntural que pasará relativamente pronto, como las de 2009 y 2020, sino de cambios en la estructura del mercado, con la entrada de nuevos y fuertes jugadores, que se perciben permanentes. Seguramente NISSAN no espera recuperar su nivel de participación de mercado pronto.

Desde hace tiempo, de cuando en cuando surgía el tema del posible cierre de la planta, pero el gobierno estatal nunca hizo nada. Hubiera sido muy útil, por ejemplo, un esfuerzo amplio para atraer proveedores de primera y segunda línea o llevar gas natural por ducto a CIVAC, entre otras cosas; la empresa lo pedía. Hoy le truena el problema al actual gobierno y lo único que no puede hacer es quedarse pasmado. Ante este lamentable hecho es necesario implementar medidas extraordinarias, con la ayuda del gobierno federal necesariamente, para atenuar la catástrofe que se viene en lo inmediato, pero sobre todo para instrumentar una estrategia que impulse el crecimiento económico de largo plazo. Por lo pronto, los siguientes años serán una pesadilla.

Hay que decir también que, desde la óptica económica del gobierno federal, da lo mismo que la producción se realice en Morelos o en Aguascalientes o si los empleos se quedan en uno o en otro, mientras permanezcan en el país. No estarán muy preocupados. Por ello resultará muy importante presionar al gobierno federal para obtener ayuda especial, real y efectiva, pues sin duda Morelos estará en situación muy complicada. Debe hacerse mucha presión desde aquí.

Si bien es cierto que el daño está hecho, que se dejarán a miles de trabajadores sin empleo, un espacio industrial importante ocioso, proveedores locales afectados, amén de las consecuencias sociales, también lo es que se cuenta ahora con una gran masa laboral altamente capacitada y especializada, con un primer espacio industrial disponible y con empresas que cuentan con capacidad para aprovechar otras oportunidades de proveeduría. Además, NISSAN y sus proveedores ubicados en Morelos se insertaban ya en un cluster regional real que incluye plantas armadoras y proveedores de Ciudad de México, Estado de México y Puebla, y que implica una densa red de interacciones no solo comerciales sino también de know-how que siguen ahí.

Esos son recursos que bien pudieran aprovecharse para instrumentar una política de desarrollo industrial dirigida hacia autopartes de alto valor agregado. Las armadoras de los estados vecinos siguen ahí y Morelos tiene recursos disponibles que pudieran aprovecharse para atraer proveedores de primera y segunda línea. Tiene además otros recursos relevantes como las universidades estatales y los centros de investigación que proveen servicios de alta tecnología y personal altamente calificado. (En otra ocasión podríamos profundizar en este tema.)

Está muy bien que el gobierno estatal se preocupe y esté actuando para proteger los derechos laborales de los trabajadores y facilitarles la transición hacia otras ocupaciones o en la misma empresa, pero el impacto económico es mucho más que eso y se necesitan acciones mucho más robustas ¿Ya se verá si pueden o no?

Sin duda, la ayuda del gobierno federal es necesaria, dada la magnitud de los recursos públicos que se necesitan para crear la infraestructura necesaria y otorgar los incentivos relevantes. El gobierno federal es el que controla las principales fuentes de recursos fiscales y ejerce con mucho la mayor parte de la inversión pública en los estados. El problema es que también tiene una situación fiscal muy ajustada.

Por lo tanto, y con esto finalizo, se necesita un equipo del gobierno estatal con las capacidades adecuadas para diseñar una política con ese objetivo y para iniciar su implementación, que no terminarla, porque es una tarea de varios sexenios. El daño está hecho y es grave, negarlo de nada sirve.

*Premio Nacional de Economía 2006. drtamayo.flores@gmail.com

La Jornada Morelos