La lactancia materna es más que una simple actividad que realiza una madre inmediatamente al nacer su bebé. Es un derecho no solo de ellas, sino también del recién nacido; y la misión de ejercerlo no es una tarea individual de las madres. Desde 1992, la Alianza Mundial para la Acción en Lactancia Materna (WABA, por sus siglas en inglés) ha impulsado una jornada mundial para visibilizar este derecho vinculado a la nutrición, la salud, la vida digna, la autonomía corporal y que por mucho tiempo las grandes empresas alimenticias han trastocado el argumento nutricional de la leche materna.

“Priorizar la lactancia materna: crear sistemas de apoyo sostenibles” es el lema de arranque con el que se conmemora el Día Mundial de la Lactancia Materna 2025, la campaña de este año pone el acento en la necesidad de construir entornos sostenibles que permitan a las mujeres ejercer su derecho a amamantar de manera libre, segura y acompañada a lo largo de toda su trayectoria como madres lactantes.

Para la investigadora Anabelle Bonvecchio Arenas, directora de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), esto implica entender que la lactancia no es solo una “decisión personal”, sino un proceso que requiere redes de apoyo e infraestructura social: “No podemos exigir a las mujeres que lo hagan solas, sin condiciones adecuadas, sin información ni apoyo”, afirmó en entrevista para La Jornada Morelos.

El Ciclo de la Lactancia

Para entender en qué consiste una lactancia materna exitosa, así como por qué no puede considerarse únicamente una decisión individual, la investigadora Anabelle Bonvecchio subraya la necesidad de fortalecer múltiples sistemas: desde la capacitación del personal de salud, la sensibilización de las familias y la sociedad, hasta la creación de políticas públicas que reconozcan y garanticen este derecho fundamental de los lactantes y de las mujeres.

Explica que el proceso de la lactancia debe comprenderse como un ciclo que inicia desde el embarazo y termina hasta el segundo año de vida del bebé, como lo recomienda la OMS y UNICEF. “Las madres deben recibir consejería especializada para que lleguen al parto sensibilizadas y empoderadas, con las herramientas necesarias para amamantar desde el primer momento”, “existen muchas narrativas que hacen desconfiar a las madres de su capacidad de lactar. […] Al salir del hospital, deben estar convencidas de que pueden hacerlo y que es lo mejor para su bebé”, explica la especialista.

El contacto piel a piel inmediato después del parto es clave para la segunda etapa, continua la especialista, es decir, colocar al bebé al pecho desde los primeros minutos de vida, así como el alojamiento conjunto (que madre e hijo permanezcan en la misma habitación). En esta etapa, Anabelle hace hincapié en evitar bebidas pre-lácteas, ya que es muy común que se piense que la leche materna no tiene los suficientes nutrientes. “Llevar a cabo estas acciones favorecen el éxito de la lactancia”, afirma.

Sin embargo, muchas madres abandonan la práctica en el primer mes, debido a mitos o falta de respaldo, respecto a esto, la especialista explica que “muchas mujeres creen que no les baja la leche, pero es una percepción equivocada. La producción de leche responde a la succión del bebé. Es un proceso de oferta y demanda”. Las primeras gotas, aunque escasas, son suficientes porque el estómago del recién nacido es muy pequeño, prosigue: “El llanto del bebé muchas veces se interpreta como hambre, pero también puede ser por otros factores, la madre necesita apoyo e información para comprender esto y no rendirse demasiado pronto.”

Durante el posparto, la tercera etapa, la mujer suele enfrentar desafíos aún mayores. Muchas se encuentran solas, sin acompañamiento, y enfrentan presiones familiares o sociales que ponen en duda su capacidad de amamantar. “Comentarios como ‘el niño tiene hambre, dale fórmula’ son frecuentes, sobre todo si quienes rodean a la madre no están sensibilizados”, advierte.

A ello, la investigadora recalca que se suma el impacto del marketing agresivo por parte de la industria de fórmulas lácteas, que utiliza estrategias digitales dirigidas directamente a las madres: “Les hacen pensar que no podrán alimentar a sus bebés o que la fórmula es mejor que la leche materna, cuando no hay ningún alimento que iguale sus propiedades. La leche materna contiene elementos vivos que se adaptan a las necesidades específicas del bebé. Nada puede replicar eso”.

Beneficio para toda la vida

De acuerdo con la investigadora, una lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses no solo garantiza una nutrición óptima, sino que tiene un efecto directo en el desarrollo cerebral de los niños, en su rendimiento escolar futuro y en su capacidad productiva. “Es un derecho que tiene un impacto decisivo en la sobrevivencia infantil y en la prevención de todas las formas de malnutrición, desde la desnutrición hasta la obesidad y enfermedades crónicas”.

Los beneficios también son significativos para la madre. Ayuda a recuperar el peso tras el parto, reduce el riesgo de depresión posparto, cáncer de mama y cáncer de ovario, así como enfermedades cardiovasculares: “Mientras más tiempo se mantenga la lactancia, mayores serán los beneficios para ambas partes”, enfatiza.

En México, aunque el 98% inicia la lactancia, solo el 34.2% mantiene la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses, según datos del INSP. Bonvecchio aclara que, a partir de los seis meses, la leche materna debe complementarse con otros alimentos, sin dejar de amamantar: “Una creencia muy extendida es que después de los seis meses la leche ya no alimenta, pero eso es falso. La leche materna sigue aportando entre un 30 y 40 por ciento de los requerimientos nutricionales del bebé, y eso es muy valioso, especialmente en contextos de vulnerabilidad económica.”

Un derecho de alto impacto

Desde la salud pública, promover la lactancia materna no solo es un tema de derechos, sino una estrategia de alto impacto. “Es una de las intervenciones más costo-efectivas que existen. Por cada dólar que se invierta en promover la lactancia materna, se tiene un retorno de aproximadamente 35 dólares”, afirma Anabelle Bonvecchio Arenas. Este beneficio económico se traduce en la prevención de enfermedades infecciosas en la infancia, como diarreas y otitis, pero también en la reducción de enfermedades crónicas a largo plazo, tanto en las infancias, como en las madres.

La falta de lactancia genera, por el contrario, una carga financiera significativa tanto para el sistema de salud como para las familias, según explica la investigadora: “En el INSP se han hecho estudios para calcular lo que representa no amamantar. Para el país significa mayores gastos por enfermedades prevenibles […]; por ejemplo, para las familias, implica el gasto constante en fórmulas lácteas”.

Frente a esta realidad, la académica Bonvecchio insiste en que es urgente construir sistemas de apoyo reales. Uno de los puntos clave es la formación del personal médico. “Tú pensarás: bueno, si es personal de salud, sabe de esto. No necesariamente. Por ejemplo, los médicos, que son la principal fuente de información para las madres, no reciben formación formal sobre lactancia durante su carrera. Si acaso una que otra clase, pero no existe como materia, ni se pregunta en los exámenes profesionales”. Capacitar a médicas, enfermeros y otros profesionales es, por tanto, una condición indispensable, sostiene.

Un muro en las políticas públicas

En la actualidad, las mujeres en México aún enfrentan importantes obstáculos para ejercer su derecho a una lactancia libre, segura y acompañada. Para la investigadora Anabelle Bonvecchio, uno de los principales retos, es precisamente la falta de políticas públicas efectivas que garanticen las condiciones necesarias para amamantar, tanto en el ámbito laboral como en el social.

Bonvecchio explica que es necesario modificar marcos legales: “Estamos tratando de incidir para que se cumpla el Código Internacional de Comercialización de Sucedáneos de la Leche Materna. Las empresas que producen fórmula lo violan constantemente, financian congresos, llevan a médicos de viaje, y después esos médicos recomiendan sus productos”.

A ello se suma la necesidad de combatir los mitos y normas sociales que debilitan esta práctica. “Un ejemplo muy claro se da en situaciones de emergencia. Hay una creencia muy extendida de que, si la mamá se asustó, porque hubo un temblor, un huracán, ya no puede dar pecho y entonces se introduce fórmula. Tenemos que crear estrategias de comunicación que transmitan información veraz sobre la lactancia, no la que viene de la industria de la fórmula láctea.”

“En diciembre de 2023 se creó la Ley de Alimentación Saludable y Sostenible, una ley bastante importante donde se reconoce el derecho a una alimentación saludable, nutritiva y amigable con el medio ambiente. Esta ley incluye la lactancia materna”, explica. No obstante, advierte que su reglamento aún está en desarrollo y que otros instrumentos legales vigentes se han quedado cortos, especialmente frente al impacto del marketing digital.

Además, aunque existen algunas disposiciones legales que protegen la lactancia, su cumplimiento es débil: “Hay un proyecto de norma oficial mexicana para la promoción y protección de la lactancia materna que lleva años sin retomarse. Parece que podría retomarse en 2026, pero mientras tanto seguimos con muchas deudas pendientes”, señala.

Otra barrera legal que remarca es la duración de las licencias de maternidad y paternidad. “La licencia de maternidad en México no se ha modificado en 50 años. Actualmente es de entre 12 semanas, lo cual está por debajo de lo que recomienda la Organización Internacional del Trabajo […]. Nosotros abogamos por una licencia de 6 meses, que es el tiempo recomendado para la lactancia materna exclusiva”. A esto se le suman las brechas de desigualdad que enfrentan las mujeres del sector informal y de comunidades vulnerables.

¿Cómo crear sistemas sostenibles?

Crear sistemas de apoyo sostenibles implica garantizar licencias de maternidad adecuadas, entornos laborales favorables y atención médica continua. Requiere también una colaboración multisectorial entre el gobierno, los centros de salud, las comunidades y las familias. “Necesitamos sistemas de salud integrados, donde el personal esté capacitado para asesorar a la mamá, y también apoyo comunitario, como parteras o promotores de salud que lleguen directamente a las mujeres”.

La lactancia también debe dejar de ser una experiencia aislada, es clave integrar a los padres y a las redes familiares. “Muchas veces las mujeres asisten solas a los servicios de salud prenatal, es muy importante que las campañas también incluyan a los papás, a las abuelas, a las suegras… tienen un rol muy importante en la lactancia”.

Además del bienestar infantil, promover la lactancia materna es también una apuesta ambiental. La especialista explica que la lactancia materna es una práctica profundamente ecológica: no requiere empaques, traslados ni procesos industriales, por lo que reduce de manera significativa el impacto ambiental: “La alimentación con fórmula es una de las que más emisiones de gases de efecto invernadero genera, mientras que la lactancia materna es una práctica sostenible con el planeta”, explica.

Por eso, en 2023 se publicó la Guía de alimentación saludable y sostenible para la población mexicana del INSP, que recomienda como primer punto la lactancia materna exclusiva hasta los seis meses y complementada hasta los dos años. Una nueva guía para mujeres embarazadas y niños pequeños está por lanzarse este año.

“Todavía hay mucho trabajo que hacer”, reconoce la investigadora, aunque ya existen sistemas disponibles. Las mujeres pueden acudir al primer nivel de atención en los centros de salud públicos, donde “hay nutriólogas, enfermeras, personal capacitado o consejeros en lactancia”. También están disponibles asociaciones como La Liga de La Leche, que ofrece asesoría confiable, incluso por teléfono, y tiene una red de consejeros certificados en lactancia. Para resolver dudas específicas sobre medicamentos durante la lactancia, existe la página e-lactancia.org, donde se puede consultar gratuitamente si un fármaco es seguro para el bebé. Asimismo, la Secretaría de Salud, el InINSP, la OMS y UNICEF ofrecen información actualizada y confiable en sus plataformas.

No romantizar la lactancia

A modo de cierre, la investigadora reconoce que muchas veces se culpa a quienes promueven la lactancia de adoptar una postura “demasiado romántica”, cuando la realidad es mucho más compleja: “Me ha tocado estar en eventos donde dicen ‘la lactancia no duele’, pero hay mujeres a quienes sí les duele. Hay mujeres para quienes es un acto natural y fácil, pero hay otras a quienes les cuesta. Les cuesta porque no se les ha dado ese derecho a recibir información digna. Les cuesta porque no tienen apoyo familiar o del trabajo”.

Por eso la especialista insiste: “No es un tema individual. No se trata de señalar a la mujer que no puede dar pecho. Se trata de apoyarla como sociedad para que realmente pueda hacerlo, porque es lo mejor para ella y para sus hijos desde todo punto de vista”.

“Un sistema de apoyo no se limita a dar consejería. Implica acompañar a la mujer desde el embarazo, en el parto, en el alta hospitalaria y en el posparto. Está en la necesidad de fortalecer la capacitación del personal de salud, la sensibilización de las familias y la sociedad, hasta la creación de políticas públicas que reconozcan y garanticen este derecho fundamental de los lactantes y de las mujeres”.

Mujer sonriendo con un traje de color negro

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La investigadora Anabelle Bonvecchio Arenas, directora de Investigación en Políticas y Programas de Nutrición, del INSP. Foto: Cortesía

Jazmin Aguilar