Eulalio González “Piporro”

 

En estas Vagancias no podía faltar un recuerdo del Piporro. Y nada mejor para ello que ser guiados por un libro que compré hace años en la magnífica tienda de la Cineteca Nacional, el cual lleva por título Eulalio González Piporro. Homenaje, publicado por la Dirección General de Publicaciones (CONACULTA), la Cineteca Nacional y La Caja de Cerillos Ediciones, en 2011.

Para no caer en el atrevimiento de escribir sobre este gran personaje prefiero compartir mi asombro y dejarlos con las imágenes, sus dichos y algunos fragmentos de lo que se ha escrito sobre este gran actor, compositor, cantante, dibujante, amigo de la amistad y mucho más.

Este ejemplar que ahora tengo en mis manos y que vuelvo a leer con gran placer nos habla de Eulalio González, plasmado en magníficos dibujos, en los carteles de sus películas, en las divertidas y punzantes frases y dichos de su propia creación, en letras de canciones y, por supuesto, en decenas de fotografías de sus filmes, que nos acercan a los personajes que interpretó y a grandes leyendas del cine mexicano; incluso contiene poemas y textos dedicados a él.

El gran libro contiene en la primera solapa un cartel que anuncia una de sus presentaciones: “Hoy 7:30, 10:30. Teatro Blanquita, Domingo 4:30, 7:30 y 10:30.

PIPORRO”, y en el centro del cartel la foto del Piporro con sombrero. Como complemento a este facsímil del póster, en la parte inferior, la edición de la solapa cierra con las siguientes palabras de Carlos Monsiváis: “Piporro es el último gran personaje; lo que sigue después son sólo actores”.

Esta publicación es una espléndida obra gráfica que incluye carteles de películas, caricaturas de autores que sólo mi amigo y monero Daniel Camacho conoce bien; breves ensayos literarios cuyo protagonista es el Piporro y muchas fotografías que llevan a un viaje por el cine y sus estrellas. A esta travesía los invito a acompañarme.

El recorrido comienza en sus primeras páginas con un poema de Óscar Chávez, que más bien parece un corrido, y que se llama ¡Ah de la raza! ¡Mis vales! De esta pieza cito sus primeros versos:

“Voy hablares, sin ahorro

de don Eulalio González

Lalo González Piporro

cuántas cosas que contar

de un joven nada pendejo

que con cerrado entrecejo

entró al cine para filmar

disfrazándose de viejo.

Dignos de toda alabanza

sus personajes norteños

que entre sonrisas y sueños

nos brindaron la esperanza

de ser de su vida dueños

de ese señor don Piporro

más malicioso que un zorro

quiero hablarles sin ahorro.”

Estas palabras de Óscar Chávez nos invitan al cine y ver en la pantalla en que se convierten las páginas a las estrellas con las que trabajó el Piporro durante sus 67 películas —según registra la filmografía hecha por Reyes Calderón con que cierra este libro— y que hicieron nuestro cine y nuestra música. Así que en orden de aparición les menciono a algunas de ellas: María Félix, David Silva, Julio Adama, Carlos López Moctezuma, El Indio Fernández, Ana Bertha Lepe, Tere Velázquez, Irma Dorantes, Rosita Quintana, Sarita Montiel, Kitty de Hoyos, Maricruz Olivier, Sara García, Antonio Badú, Resortes, Tin Tan, David Reynoso, Luis Aguilar, Óscar Pulido, Javier Solís, Pedro Vargas, Óscar Ortiz de Pinedo, Domingo Soler, Andrés Soler y don Fernando Soler quien en una de sus películas le hace la segunda voz en El cantador aquello de “Era lindo mi caballo, era mi amigo más fiel, ligerito como el rayo […]”. Tampoco podían faltar en este documento los recuerdos en muchas imágenes junto a Pedro Infante.

Hasta aquí dejo este manojo de recuerdos para darle la palabra al propio Lalo González con algo genial que sabía hacer como nadie, esa manera inigualable y genial de entreverar dentro de las canciones frases no solamente de gran sentido del humor, sino de una brillante inteligencia. ¡Ajúa, raza!, que nos cante el Piporro: “Ahí les va la historia de Agustín Jaime un pelao con dos nombres y un corazón muy amplio, cabían muchas… murió por enamorado […]”. En el bolero ranchero Llorarás, pregunta y aconseja: “¿Por qué lloras? Llora de adentro pa’fuera, porque si lloras de afuera pa’dentro, te inundas”.

En el corrido de Porfirio, El Ojo de Vidrio, nos hace reír al describir que “No apuntaba con el ojo bueno porque era miope, pero con el de vidrio miraba con aumento, parecía que disparaba a boca de jarro, no le fallaba”. En un diálogo con un agente de la migra le dice: “Tómate un trago, don’t be so flamer, no seas soflamero”, el gringo responde: “No, es muy fuerte”, “Es tequila, ¡no digas tequeaila!, porque… ándale”. Otra joya, al cantar El Capiro, “ese árbol que se secó teniendo el agua en el pie”, suelta esta frase: “Quítate, perro, no necesito riego, dame por muerto”. Una joya más, su clásica canción El Taconazo la interrumpe con el siguiente cuento corto: “¿Bailamos tía?”, “Nomás no me vayas a apretar mucho, arrastrao”, “Por eso no se ha casao, tía, ¡aviéntese, aviéntese!”.

Y para ya no molestar más a don Eulalio sólo le pedimos que nos repita ese sabio silogismo que improvisó en una de sus canciones cantineras: “Todos los que andan borrachos no se dan cuenta que andan borrachos. Yo sí me doy cuenta, luego no ando borracho, raza”.

Y como despedida de este viaje, aquí unas palabras autobiográficas: “He alternado con las figuras de antier, las de ayer, las de hoy, y si tengo oportunidad de hacerlo con las de mañana, y si lo hago con las de pasado mañana, les informo”. Esta frase se comprueba en el disco de Jaime López, Nordaka , de 1999, en el cual en dos de sus canciones: “Por cigarros a Hong Kong” y “Ay, Mesa de Otay”, el Piporro hace unos solos que el propio Jaime califica de filosóficos. Los invito a escuchar la fantástica interpretación de Jaime y las geniales frases del Piporro.

Esta Vagancia que hoy entrego pretende ser un homenaje a ese hombre insustituible y, como escribió Óscar Chávez al final de su poema, “Lo que canto no lo borro, no necesito socorro para festejar a un hombre que lleva todo en su nombre, Lalo González Piporro”.

*Bailarín tropical, apasionado de viajes, bares y cantinas, que desea que estas Vagancias semanales sean una bocanada de oxígeno, un remanso de la cotidianidad.

Imagen cortesía del autor

Jorge “El Biólogo” Hernández