* En el subsuelo de Temixco, Xochitepec y Miacatlán hay 1.5 millones de onzas de oro y 16 millones de onzas de plata

* Los yacimientos de oro y plata, en el estado, están en zonas de alta vulnerabilidad ecológica y social

* Tres municipios y las comunidades nahuas morelenses se han declarado territorios libres de minería a cielo abierto

 

En Morelos, un tesoro yace sobre otro tesoro, y no se sabe si se puede alcanzar uno si destruir al otro. Los mayores yacimientos de oro y plata que se han detectado en territorio morelense están debajo de la reserva de la biósfera Sierra de Huautla; del sitio arqueológico Xochicalco, reconocido como patrimonio de la humanidad, y de núcleos urbanos de alto valor cultural como las comunidades nahuas del poniente del estado.

Ahí, la tensión entre minería, medio ambiente y salud pública ya ha transitado desde lo conceptual hacia lo real. Después de la fuerte escaramuza política y social que se vivió en Morelos, en 2013, en contra del proyecto de minería a cielo abierto La Esperanza, que buscaba excavar el cerro del Jumil, localizado al sur de municipio de Temixco, cerca del sitio arqueológico de Xochicalco, se ha generado un silencio que preocupa a las organizaciones opositoras a las minas y que parece apostar hacia el olvido de la población general.

Para el aprovechamiento minero de ese lugar, la empresa canadiense-mexicana Esperanza Silver de México / Álamos Gold Inc. invirtió 42 millones de dólares en exploración y obtención de permisos legales, que le permitirían, a mediano plazo, la extracción de 1.5 millones de onzas de oro y 16 millones de onzas de plata. El trabajo se realizaría dentro de un polígono de aproximadamente 15 mil hectáreas.

Ahora, el proyecto está en un limbo en el que la información se maneja de manera confidencial y sin precisiones oficiales. La empresa Álamos Gold aseguró en 2021 que mantiene su interés en aprovechar el yacimiento, con un modelo que calificó como “minería sostenible”, y una posible inversión de 450 millones de dólares. Sin embargo, no hay un plan ejecutivo conocido públicamente o una nueva Manifestación de Impacto Ambiental (MIA).

De parte de los opositores a ese proyecto el Movimiento Morelense contra la Minería a Tajo Abierto informó que sigue trabajando activamente para lograr la cancelación de siete concesiones mineras que tienen permisos vigentes en Morelos desde 2002.

“Tenemos ya pláticas con abogados sobre la posibilidad de interponer la demanda ante los tribunales federales, para efecto de la cancelación de las concesiones. Yo creo que va, otra vez, a surgir la efervescencia aquella de cuando la minera llegó. Y ahora que se vaya con todo y sus concesiones”, explicó Juan Jiménez Escobar, representante de la agrupación.

Este 22 de julio, cuando se conmemora el Día Mundial Contra la Minería a Cielo Abierto, Morelos llega a la fecha con datos entrecruzados y confusos: el gobierno federal reconoce siete concesiones mineras vigentes en este estado, que no se han puesto en marcha; en los territorios nahuas morelenses las comunidades han expedido un decreto en contra de la minería a cielo abierto en sus territorios; los municipios de Temixco, Xochitepec y Miacatlán se han declarado libres de minería a cielo abierto; existe una industria minera activa en cinco municipios, pero sólo dedicada a extraer materiales para la construcción, y hay registros de yacimientos de oro y plata no explotados en poniente y sur del estado; colindando con el Estado de México y con Guerrero.

Minas de cemento y cal

La historia de la minería en Morelos es como una línea de tiempo llena de grandes huecos y grandes silencios. Existen registros de aprovechamiento minero en la Sierra de Huautla, desde 1615, sin que se desarrolle un polo de prosperidad. Luego hay una intensa extracción de materiales para la construcción, desde 1943, en los municipios de Jiutepec y Emiliano Zapata. Más adelante surge el conflictivo hallazgo de oro y plata en los municipios de Temixco, Xochitepec y Miacatlán. Y en la actualidad hay un impermeable silencio sobre el tema.

Oficialmente, nadie habla públicamente sobre nuevas minas en Morelos. El tema parece “tabú”. No se le menciona en el Plan Estatal de Desarrollo 2025-2030, ni en proyectos de desarrollo económico municipales; los grupos empresariales no dan entrevistas, pero confirman que tienen concesiones vigentes, y los activistas anti-minas prefieren dialogar en grupos cerrados de personas afines.

En las comunidades mineras de todo el mundo hay un patrón constante: se observan grandes obras de infraestructura que coinciden con periodos de apogeo, y deterioro progresivo de esos mismos lugares, en cuanto se agota la extracción de materiales de valor. Esa ha sido la historia que se puede observar en comunidades mexicanas como Guanajuato, Zacatecas, San Luis Potosí, Michoacán y Guerrero. Algunas desarrollaron poblados y comunidades prósperas que después encontraron otra vocación económica; y otras se convirtieron en pueblos fantasmas.

En los últimos 82 años, en Morelos, la minería se ha enfocado principalmente en la extracción de materiales de construcción como cemento, cal, arena, y tezontle, así como cantera en algunas zonas. Hay presencia de minas en localidades como Emiliano Zapata, Axochiapan, Jiutepec, Yautepec, Puente de Ixtla y otras. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), Morelos genera 452 millones de pesos anuales en utilidades por minería, y esto representa únicamente el 0.04 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), del estado.

Este dato nos ayuda para aclarar que cuando se habla de industria minera en Morelos, prácticamente se habla de minería para extracción de cemento y otros materiales para la construcción.

La representante mayor de esa industria en el estado es la empresa Cementos Moctezuma, que inició sus operaciones en 1943, con su primera planta en Jiutepec, Morelos. Esta planta fue pionera y marcó el inicio de la historia de la industria cementera en el estado. Posteriormente, en 1997, Cementos Moctezuma inauguró otra planta de gran capacidad en Tepetzingo, Morelos.

Otras minas morelenses que extraen materiales para construcción son la de Tlalayo en Axochiapan, la Calera en Jiutepec y la de Tejalpa; la de Cal y Materiales de Construcción Purísima en Yautepec y las de cantera de Tilzapotla y la de San Antonio, en Puente de Ixtla.

Su fiebre del oro y plata

Es verdad que durante la colonia española hubo extracción minera de plata en el sur de lo que hoy es Morelos, aunque más orientado hacia el gran polo minero de Taxco. El «Real de Minas de San Francisco de Huautla», en la sierra del mismo nombre, es un ejemplo clave de las primeras explotaciones mineras en la región.

Existen registros que mencionan el nombramiento de un primer «Alcalde mayor de las minas de Huautla», Don Pedro de Izaguirre, en 1615. Para esa fecha, la actividad minera ya tenía suficiente importancia como para requerir una autoridad específica. Aunque su producción de plata no fue comparable con la de Taxco, hay registros de un gran auge en la extracción de ese metal durante la segunda mitad del siglo XVIII, específicamente entre 1772 y 1786, gracias a reformas borbónicas que buscaban reactivar centros mineros y la provisión de pólvora económica.

Después del periodo colonia, el llamado distrito minero de Huautla, se encuentra inactivo y con ello, prácticamente paralizada la actividad minera de la región sur de Morelos, aunque hay dos minas para explotación de hematita para pigmentos, una en Tlalquitenango y otra en Puente de Ixtla.

La realidad es que el abandono de los yacimientos del sur de Morelos también ha coincidido con una revaloración del patrimonio biológico que representa la Sierra de Huautla, reconocida como Reserva de la Biósfera y el lugar donde se resguarda la mayor cantidad y diversidad de flora y fauna silvestre de todo el estado. Este contexto hace sumamente complejo plantear cualquier nuevo proyecto de explotación minera, y mucho menos de minería a cielo abierto.

El otro gran yacimiento de oro y plata, que no fue descubierto durante la Colonia Española, sino con la tecnología de fines del siglo XX y principios del siglo XXI es el ya mencionado proyecto minero La Esperanza, que alberga metales de gran valor, pero que requerirían de la destrucción de paisaje, y amenazas graves al patrimonio arqueológico precolombino y a la salud de las comunidades actuales.

La doctora Patricia Mussali Galante, responsable del laboratorio de Investigaciones ambientales, del Centro de Investigación en Biotecnología de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), ha señalado estudios que comprueban los riesgos de la actividad minera para la salud pública, en diferentes partes del mundo, y en Morelos.

En la zona sur de la entidad, donde trabajaron las primeras minas de plata y plomo, todavía se han encontrado metales pesados en el agua, entre ellos plomo, arsénico y cadmio, que son de los más tóxicos para la salud humana y otros organismos.

“Estos riesgos se han identificado en un sinfín de ocasiones en diferentes lugares del país y en Morelos no es la excepción, generalmente las empresas mineras comentan que los efectos a la salud y al ambiente son pocos, pero en realidad no es así, hay innumerables ejemplos donde los efectos son graves, la minería es una de las actividades que más degradan el ambiente”, detalló la universitaria.

Oposición nahua

El 27 de abril de 2022, se reunieron, en Cuentepec, Morelos, decenas de representantes de comunidades indígenas nahuas, procedentes de varios estados de la República. Ese encuentro marcó el fin de una movilización llamada Caravana por el agua y por la vida, que recorrió seis entidades del país para recordar y defender los derechos de los pobladores originarios del actual México. En ese encuentro los pobladores de Cuentepec emitieron un Decreto para prohibir la actividad minera en sus territorios.

“La Madre Tierra, la vida que de ella se nace y nuestros territorios son sagrados para nuestro pueblo, para su historia y su memoria, así como para todas nuestras generaciones pasadas, presentes y futuras. En consecuencia, se prohíbe la minería en los territorios sobre los que el pueblo nahua del estado de Morelos guarda una ocupación tradicional, lo anterior con independencia del régimen de propiedad que pueda existir en dichos territorios” dice el primer artículo del decreto. 

Este documento de decreto de los pueblos, está basado en el apartado trece del Convenio Número 169 de la Organización Internacional del Trabajo “Sobre Pueblos Indígenas y Tribales en Países Independientes” respecto a la definición de “territorio”. Las organizaciones, colectivos e integrantes del Congreso Nacional Indígena, afirman que la ley del pueblo es la que se debe instaurar para decidir sobre la forma en que las comunidades originarias habitan sus espacios geográficos.

Para fundamentar con datos su decisión se presentaron datos aportados por las organizaciones llamadas Unificación de Pueblos y Colonias en Contra de la Minería en Morelos. De acuerdo con esta fuente la mina La Esperanza afectaría a alrededor de 200 mil habitantes y destruiría el centro ceremonial nahua ubicado en la zona arqueológica de Xochicalco.

Si se realizara el proyecto que se conoció en 2013, la minera será una amenaza para el ecosistema y la subcuenca del Río Apatlaco, la cuenca del Río Amacuzac y el Acuífero de Cuernavaca, incluidas sus zonas de recarga hídrica y mantos freáticos.

En Morelos, un tesoro yace sobre otro tesoro, y no se sabe si se puede alcanzar uno si destruir al otro.

La Minería a cielo abierto rasca la superficie

La minería a cielo abierto es una técnica que extrae minerales directamente de la superficie terrestre, a diferencia de la subterránea. Se usa cuando los depósitos valiosos están cerca.

Para este tipo de minería se trabaja de la siguiente manera:

  1. Se retiran grandes capas de vegetación, suelo y roca («sobrecarga») para exponer el mineral. Se forman enormes cráteres o «tajos» en forma de cono invertido.
  2. Se emplea maquinaria de gran tamaño como excavadoras, dúmperes, perforadoras y a menudo explosivos para fragmentar la roca.
  3. Se requieren vastas extensiones de terreno.
  4. Usualmente es más económica de operar que la subterránea, al ser más accesible y segura para los trabajadores.
  5. Genera deforestación, pérdida de biodiversidad, contaminación del aire por polvo, y del agua por drenaje ácido de mina y químicos usados, como el cianuro para separar el oro de otros minerales. Deja enormes pasivos ambientales como cráteres y montañas de desechos.
La Jornada Morelos