
Pensar para transformar: el ajedrez y la educación como parte de la misma revolución del porvenir
En un mundo cada vez más dominado por la inmediatez, el ruido y la superficialidad, pensar se ha convertido en un acto casi subversivo. Reflexionar, razonar y anticipar parecen hábitos en vías de extinción frente a la tiranía del clic, la velocidad de los algoritmos y la ansiedad de la conexión permanente. Sin embargo, si hay algo que puede devolvernos a lo esencial, a lo humano, a lo profundo, es la educación. Y dentro de la educación, el pensamiento como actividad lúdica, como juego, como arte de vivir y convivir.
En este contexto, el ajedrez no es solo un juego milenario o un deporte mental: es una escuela sin dogmas, una pedagogía silenciosa, una metáfora perfecta del pensamiento que transforma. En el mismo escenario, hablar hoy de educación en Morelos —una educación herida, rezagada, pero aún con posibilidad de redención— exige hablar también del ajedrez como herramienta para repensar lo educativo desde una lógica distinta: la del diálogo interior, la del razonamiento estratégico, la del aprendizaje con sentido.
Durante décadas, el sistema educativo en Morelos ha sido víctima de la desatención institucional, la corrupción sindical, la burocracia ineficiente y la falta de visión. El saldo está a la vista: miles de jóvenes fuera de la escuela, miles de adultos que no saben leer ni escribir, comunidades donde la escuela ha dejado de ser un espacio seguro y formativo. Pero también —y esto es lo más grave— una generación entera a la que no se le ha enseñado a pensar con claridad, a razonar con profundidad, a imaginar soluciones antes de reaccionar con desesperación.
¿La educación pública en Morelos?
La secretaria de Educación de Morelos, Karla Aline Herrera Alonso, ha iniciado un proceso de reconstrucción educativa con propuestas como el fortalecimiento de la Nueva Escuela Mexicana, la inclusión tecnológica, la educación trilingüe y la creación de espacios de alfabetización y bachilleratos deportivos. A ello habría que sumar, de manera urgente, el ajedrez como parte del currículo escolar, no como actividad periférica, sino como eje transversal de pensamiento crítico y cultura cívica.

Morelos arrastra décadas de rezago educativo. Y aunque la cobertura en primaria y secundaria supera el 95%, eso no basta. Más de 9 mil jóvenes no transitan a la educación media superior. Y son miles los adultos analfabetos, además el déficit en comprensión lectora, pensamiento lógico y habilidades matemáticas es alarmante. A esto se suma la precariedad en muchas escuelas rurales, la deserción por pobreza, y los dolorosos casos de violencia escolar.
La educación en nuestro estado necesita una revolución. No ruidosa ni ideologizada. Una revolución serena, como el ajedrez. Una que enseñe a las nuevas generaciones a construir en lugar de destruir, a razonar en vez de imponer, a dialogar antes que gritar. Porque como bien enseña el ajedrez: el rey no puede ganar solo. Necesita del apoyo de todas las piezas.
Frente a ese panorama, el ajedrez aparece no como solución mágica, sino como una vía tangible y accesible para devolverle a la educación su esencia formativa. Enseñar ajedrez en las escuelas no es un lujo elitista: es una apuesta ética, pedagógica y civilizatoria. Porque este juego, que ha acompañado a sabios, poetas, artistas, guerreros y científicos por un milenio y medio, ofrece una forma de pensar que el mundo necesita recuperar: pausada, estratégica, empática.
Necesitamos replantear la educación no como una meta burocrática, sino como un proceso humano, creativo, lúdico, verdaderamente social y no solo como parte del escalafón que se debe recorrer en la vida. El pensamiento no puede seguir siendo tratado como una excepción. Debe ser el centro. Y pensar también puede aprenderse jugando.

