

Uriel Nava González

El 11 de Julio es el “Día del Minero” y en la entidad Morelense también lo celebramos. Hablaremos del pintoresco pueblo de la sierra del municipio de Tlaquiltenango, limítrofe con los estados de Guerrero y Puebla: me refiero al Real de Huautla. Importante comunidad que ha destacado por su flora y fauna de especies endémicas, y poseedora de una rica historia que le permitieron gozar de un florecimiento económico y político en el periodo virreinal.
Cuenta con una interesante y arraigada cultura y tradición única en la región, ejemplo de ello son los “Mototocos”, hombres vestidos con máscaras, protagonistas en las actividades religiosas de semana santa. Desde el colonialismo hasta la década de los ochenta del siglo pasado, Huautla fue uno de los poderíos económicos de nuestra entidad. Se han encontrado documentos virreinales, donde se puede asegurar que, tanto en Huautla como en el paraje de “Tlachichilpa”, situado a unos 6 kilómetros al sur del pueblo, en el año 1570, se explotaron las primeras vetas de plata. Ahí don Alonso Díaz, dueño de la opulenta hacienda del mismo lugar (hoy en ruinas cubiertas de vegetación), trabajó al máximo el mineral para ser enviado al trapiche de Mapaxtlán y/o a México para la separación del metal, pero que, al estar ésta agotada por su sobreexplotación, hubo la necesidad (como en casi todas las minas de la nueva España) de excavar vetas profundas, lo que hizo posible el aumento de su producción.
Al ir llevando a cabo dichas excavaciones, fueron naciendo diferentes entradas a ella en diversos puntos de Huautla y Tlachichilpa, entradas llamadas con nombres religiosos como: “San Francisco” (la más grande), “Santiago” y “Guadalupe”. Otras eran llamadas de diferente manera como: “El Club”, “La América”, “Cinco señores”, “La Plomosa”, “La Gotera o La Cagona”, “El Clarín” y “La Peregrina”. Es de reconocer que este real de Minas, nunca figuró de entre las de mayor producción en la Nueva España, ni del México Independiente, donde tampoco se acuñaron monedas.
Ha sido el distinguido historiador Ernest Sánchez Santiró quien más ha dedicado sus investigaciones hacia este mineral. Su aportación sobre la historia económica de Huautla, ha sido fuente historiográfica obligada para entender su devenir histórico. De entre sus conclusiones, destaca que, a finales del periodo colonial, Hispanoamérica enviaba a España aproximadamente 26 millones de pesos de plata por año, el 62% de su producción total, de la cual, el real de minas de Huautla, solo aportaba el 0.69%, pues estando está clasificada en las de medianas proporciones, presentaba una producción anual inferior a un millón de pesos.
Fue nombrado primer “Alcalde mayor de las minas de Huautla”, Don Pedro de Izaguirre en 1615, nombramiento vigente hasta el año de 1662, en que se nombra a Carlos de Cuellar que, además, se le fue agregada la Alcaldía de las Amilpas (hoy Cuautla). Entre 1709 y 1742, la producción de plata en este pueblo minero fue muy escasa, pero surge un gran auge ya para los años 1772 a 1786 según datos de los libros de cargo y data, de la real hacienda de la caja de México, donde se reportan los diezmos de azogue de plata trabajados en Huautla. Los años de mayor esplendor de este real de minas en la época colonial, fueron en 1779 y 1780, reportando una productividad de más de 30 000 marcos de plata (Sánchez, 2001).

Las minas de Huautla, a lo largo de su historia, han reportado periodos de inexistencia o abandono, algunos largos y otros cortos. De 1751 a 1758 y de 1812 a 1820, son los periodos más sobresalientes en que se dejaron de trabajar estas minas. Las razones, pudieran ser, según Sánchez Santiró, al tipo de plata fiscalizada, pues la totalidad del mineral diezmado, era plata de azogue. El sistema del azogue, llamado también «de patio», estribaba en amalgamar la plata con mercurio, entonces llamado azogue, y extender el mineral molido en un amplio patio para revolverlo por medio de mulas que lo pisaban. El método del azogue producía plata más pura que el de fundición, pero requería de mayores inversiones en equipo y materias primas, así, sólo los empresarios con grandes posibilidades de inversión podían recurrir a este procedimiento, la plata de fundición “o de fuego”, fue episódica en Huautla. De acuerdo con unos cálculos sobre la riqueza intrínseca de los minerales (onzas de plata de pura ley por quintal de mineral extraído) realizados por Alejandro de Humboldt en 1803, el mineral de Huautla, aportaba cantidades menores de plata por quintal de azogue, 80 marcos aproximadamente, por debajo de las minas de Temascaltepec con 85 y de las de Taxco con 90 marcos u onzas de plata.
El capitán D. José Valiente, alcalde mayor de Cuautla de Amilpas en 1743, hace una descripción de Huautla al ir a inspeccionarla por orden real, escribiendo lo siguiente: […]“con 50 familias de españoles, mestizos y mulatos, se halla en corriente una mina llamada la Peregrina de diez y seis años, la cual con la hacienda de su molienda pertenece a la casa mortuoria de D. Martin de Valencia y Zabalza, y hoy la mantiene en arrendamiento, D. Baltazar Albaunzueta vecino del comercio de la ciudad de Cádiz, y residente en la de México. Hallase dicho real, en la distancia de doce leguas de la cabecera y su viento al sur, siendo su tránsito y situación áspera, y con un temperamento calidísimo y respecto a esto, y a que está fundado en hoya, se priva del beneficio de los vientos por evitárselos las altas serranías de que está coronada de donde sea […] constituido enfermo de fríos y calenturas, porque no permanece la gente operaria […] a que ocurren.”
Por otro lado, las causas por las cuales eran reactivadas las minas de Huautla, se deben a las reformas Borbónicas, haciendo mención principal de los años 1770 a 1785, que permitieron a este mineral su mayor esplendor económico. Y es que, gracias a dichas reformas, fue posible la reactivación de centros mineros que se encontraban abandonados, con la intención de proveer la gran demanda de metales preciosos en Europa, en especial de plata para transacciones internas y como medio de pago en el comercio con Oriente. De igual manera, el Real de Huautla pudo conseguir ante la Real Hacienda de la Real fábrica de pólvora de Chapultepec, un precio económico y estable de la pólvora utilizada para dinamitar sus vetas, a 6 reales la libra de pólvora delgada común, de los 8 reales que les costaba anteriormente.
De acuerdo con la real cedula del 10 de Abril de 1785 en que se creó el tribunal de la Santa Acordada, en Huautla se estableció una prisión, en la que sometían a los “bandoleros” que asaltaban los cargamentos de plata en los caminos reales, prisión que se extinguió en el año de 1812, pues por órdenes del Generalísimo José María Morelos y Pavón, se dio la libertad a los presos que en ese año pagaban su condena, con el objetivo de reclutarlos en el ejército insurgente.
Para la época de la Revolución Mexicana y estando en función las minas, el ejercito Zapatista estableció en Huautla uno de sus cuarteles. Las minas fueron estratégicos escondites de los revolucionarios en sus combates con el ejército federal. En el mes de Agosto de 1913, sostuvieron varios días de combate, pues los federales al mando del General Juvencio Robles, lograron penetrar al pueblo, con la idea de que, al derrocar el cuartel general de Huautla, acabarían con el movimiento Zapatista. Haciéndole numerosas bajas a los surianos y al encontrarse consumiéndose en llamas el pueblo incendiado por el Coronel Luis G. Cartón, provocó que, el 19 de Agosto del mismo año, se replegaran a otros lugares de Puebla y Guerrero. En este hecho, conocido por el ejército como “La toma de Huautla”, la hacienda de Tlachichilpa sirvió de escondite para los zapatistas. Fue en este lugar donde después de haberlos tenido prisioneros desde hace más de dos semanas, el mismo día 19 de Agosto, fueron fusilados por los Zapatistas, los políticos y militares: Pascual Orozco (padre), Luis Cajigal y Emilio Mazari, quienes habían sido enviados por el presidente Victoriano Huerta para negociar el fin del conflicto armado con Zapata. Años después, Tlachichilpa también fue sede de la reunión para elegir al sucesor del Gral. Emiliano Zapata en 1919 tras su asesinato, donde salió electo el Gral. Gildardo Magaña.
Cada 11 de Julio, los mineros hacían su gran fiesta en honor al señor de los barreteros. Era impresionante observar un gran desfile; al ir marchando por las principales calles del pueblo relumbraban con sus cascos a lo lejos y contagiaban de su gran alegría, haciendo sentir a los espectadores, un clima de bienestar y empatía por su trabajo.
Hoy solo los recuerdos llegan a la memoria de los exmineros, con gran tristeza, llega a su mente aquel 30 de Octubre de 1991, día en que la empresa El Rosario S.A de C.V., anunció el cese de las minas, con el argumento de que la empresa estaba en quiebra debido al bajo costo de la plata y los altos impuestos de hacienda. Demasiadas familias emigraron en busca de empleo. Era desconcertante ver tantas casas abandonadas, quienes se quedaron afortunadamente tenían tierras que sembrar o animales que criar. Varios exmineros que siguen radicando en Huautla, se han acostumbrado a la vida ganadera y agrícola. En las temporadas de veda es común verlos con su indumentaria de cazadores, marchando a los cerros, en busca de un venado macho para llevarlo a casa y poder disfrutar de un rico guaxmole, o en su caso, se van a pescar a la majestuosa presa construida durante la gubernatura de Don Lauro Ortega, llamada “La Cruz Pintada”, llevando a casa mojarra fresca y langostino para disfrutar de una extraordinaria “caldocha”.
Cada once de Julio, los extrabajadores acuden a misa en honor a la imagen del Señor de los Barreteros, su fe sigue siendo manifestada con devoción hacia esta figura religiosa que por siglos fue icono de religiosidad popular entre los mineros. Aún le agradecen las bonanzas obtenidas años atrás, desde los tiempos de sus antepasados.


