La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, (UNESCO) adopta en la Declaración de México sobre las Políticas Culturales de 1982, un concepto de cultura que retoma en la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural de noviembre de 2001:

En su sentido más amplio, la cultura puede considerarse actualmente como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o un grupo social. Ella engloba, además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, las maneras de vivir juntos, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias. [1]

Y la Declaración de México sobre las Políticas Culturales de 1982 continúa:

[…] la cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden. [2]

Hay un medio de acceder a una vida intelectual, afectiva, moral y espiritual satisfactoria: el desarrollo como tal es inseparable de la cultura. […] Se trata de anclar la cultura en todas las políticas de desarrollo, ya conciernan a la educación, las ciencias, la comunicación, la salud, el medio ambiente o el turismo, y de sostener el desarrollo del sector cultural mediante industrias creativas: así, a la vez que contribuye a la reducción de la pobreza, la cultura constituye un instrumento de cohesión social. [3]

Para Herbert Marcuse la cultura existe cuando sus objetivos y valores que la representan se plasman en la realidad social.

La cultura aparece, así como el complejo de objetivos (valores) morales, intelectuales y estéticos que una sociedad considera que constituye el designio de la organización, la división y la dirección de su trabajo, ‘el bien’ que se supone realiza el modo de vida que ha establecido.[4]

Define a la cultura como:

Proceso de humanización, caracterizado por el esfuerzo colectivo por proteger la vida humana, por apaciguar la lucha por la existencia manteniéndola dentro de los límites gobernables, por estabilizar una organización productiva de la sociedad, por desarrollar las facultades intelectuales del hombre, y por reducir y sublimar las agresiones, la violencia y la miseria.[5]

Y en cuanto a la Globalización o a los efectos de implantar por la fuerza un modelo capitalista universal, la llamada Economía-Mundo

Estamos viviendo un nuevo ataque de universalización del capitalismo, como método de producción y proceso civilizador. El desarrollo del modo capitalista de producción, de manera extensiva e intensiva, adquiere otro impulso apoyado en nuevas tecnologías, la creación de nuevos productos, la recreación de la división internacional de trabajo y la mundialización de los mercados. Las fuerzas productivas básicas, incluyendo el capital, la tecnología, la fuerza de trabajo y la división transnacional de trabajo, exceden las fronteras geográficas, históricas y culturales, multiplicándose así las formas de articulación y contradicción. Éste es un proceso simultáneamente civilizador, ya que desafía, rompe, subordina, mutila, destruye o recrea otras formas sociales de vida y de trabajo, incluyendo formas de ser, pensar, actuar, sentir e imaginar. [6]

Citemos a nuestro Benedetti “Con respecto a la Globalización”:

De un tiempo a esta parte nuestro enemigo no tiene enemigos. Y, en consecuencia, todo lo ve global, todo absoluto. Sus neuronas son espingardas, sus pensamientos son arcabuces, su corazón unidad blindada. Para sus malditos creadores, la globalización significa la captura ad infinitum del poder omnímodo. Pero es también el sistema adicional de acabar con la humanidad. Tal vez sus gestores no advirtieron que la humanidad no sólo incluye a los seres comunes, a los intelectuales y a los menesterosos, sino también a los dueños del poder, a los fabricantes de misiles y a los empresarios de la muerte. La globalización desprecia a todo lo no global, desde el desmesurado universo hasta el grillo minúsculo y sonoro.

Es la agonía sin fin de la esperanza, el futuro inundado de malogros, el desperdicio de la soledad.

La globalización es un volcán sin nombre. Y su larva hirviente y derramada acaba con las faunas y las floras.

Ya no se puede negar el proceso de globalización que involucra desde cosas, hasta personas e ideas y tiene consecuencias tanto en las condiciones materiales como en las formas de vida.

¿Y qué de la Educación? Abordemos ese problema, quedémonos con él.

  1. DECLARACIÓN DE MÉXICO SOBRE LAS POLÍTICAS CULTURALES. Conferencia mundial sobre las políticas culturales. México D.F., 26 de julio – 6 de agosto de 1982

  2. Ídem.

  3. Portal UNESCO. Sección: Cultura. Tema: Diversidad Cultural – Cultura y Desarrollo. Dirección URL: http://portal.unesco.org/culture/es/ev.php-URL_ID=35030&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html [Fecha de consulta: 27 de enero de 2011]

  4. Herbert Marcuse. Ensayos sobre Política y Cultura. Ed. Ariel. Prólogo Miguel Siguán. Traducción Juan Ramón Capella. 4º edición, 1981. Pág. 89

  5. Ibíd. Pág. 90

  6. Octavio Ianni. La era del globalismo. México, Siglo XXI Editores, 1999, pág.13

Hugo Carbajal Aguilar