

Nacido el 19 de septiembre de 1915 en el corazón de la Ciudad de México, Germán Valdés, mejor conocido como Tin Tan, emergió como figura emblemática del cine y la cultura popular mexicana. Segundo de nueve hermanos en una familia de raíces mixtas, destacó desde joven por su carisma inigualable. Su carrera lo llevó a brillar no solo como cómico y actor, sino también como cantante y pionero del estilo pachuco, una auténtica leyenda de la Época de Oro del cine nacional. Con una presencia que traspasó géneros y fronteras, Tin Tan se consolidó como ícono del barrio, hombre de familia y figura irrepetible, gracias a su espontaneidad, su dominio de frases en inglés y su capacidad para hacer reír a generaciones.
A más de medio siglo de su partida, su legado sigue tan vivo como su risa, y esta vez, es la Universidad Autónoma del Estado de Morelos quien le rinde homenaje. La cita fue en el Museo de Arte Indígena de la UAEM, donde la tarde de este jueves se inauguró una exposición fotográfica y un conversatorio que reunió a admiradores, estudiantes, artistas, autoridades y, por supuesto, a su hija Rosalía Valdés. Que, acompañada de la rectora de la UAEM, Viridiana León Hernández; del secretario de Extensión Universitaria, Gerardo Gama, así como del titular de la Comisión de Filmaciones del Estado, Francesco Taboada Tabone, compartieron un ambiente cargado de nostalgia y entusiasmo por revivir al hombre que hizo del barrio una bandera cultural.
A lo largo de su carrera, Germán Valdés “Tin Tan” participó en más de 100 películas que lo consolidaron como uno de los comediantes más queridos del cine mexicano. Su debut en la pantalla grande fue con Hotel de Verano (1944), pero su consagración llegó con cintas como Calabacitas tiernas (1949), El rey del barrio (1950) y El revoltoso (1951).
Rosalía Valdés, hija menor de Germán Valdés, tomó el micrófono con una mezcla de gratitud y nostalgia. Su voz, pausada pero llena de matices, fue tejiendo un retrato entrañable del hombre detrás del personaje: no del ídolo, sino del padre, del hermano, del joven que vivió entre dos mundos: “Mi papá era un hombre que tuvo las dos culturas, nacido en México, pero forjado en la frontera, en Ciudad Juárez. Mi padre creció con un pie en el país y otro en la cultura estadounidense. Fue allí, entre acentos cruzados y ritmos en choque, donde se hizo artista”, comenzó a recordar. “Siempre me decía que me casara con alguien del norte… y le hice caso, pero me pasé, confesó entre risas, porque hasta la fecha no le entiendo a mi esposo. La comedia americana es distinta, muy distinta a la nuestra. En Latinoamérica el humor tiene tiempos distintos, significados que cambian según la época, el lugar, la memoria colectiva”.
Entre recuerdos desordenados por la emoción, emergió también el profundo vínculo de su padre con Cuernavaca y el estado de Morelos: “Aquí vivieron mis abuelos, aquí vivía mi “pita”, aquí murió mi abuelito de leucemia… y mi papá sufrió mucho por eso. Pero también amaba venir a Cuernavaca, a Las Estacas, donde montaba a caballo. En la venida, hacíamos días de campo… tengo recuerdos hermosos”. Conmovida, confesó que su padre falleció cuando ella tenía solo 15 años, pero que su legado sigue presente gracias a la música. “En una de sus películas más importantes, Músico, poeta y loco, él dice: los muchachos me dicen Tin Tan porque en mí todo es música. Y era cierto: en él todo era armonía. Teníamos una discoteca enorme en la casa, estaba al día con todos los ritmos. Era un joven eterno, musicalizaba cada momento”.
Tin Tan no solo se limitó al cine: también dejó huella en la música, con interpretaciones de boleros, mambos y rumbas que se integraban a sus películas o se grababan por separado. Entre sus interpretaciones más reconocidas se encuentra “Bonita”, compuesta por Luis Alcaraz, quien llegó a afirmar que nadie había interpretado su obra como el comediante Pachuco. Esta pieza aparece en la película Músico, Poeta y Loco. Igualmente, destacada es su versión de “Contigo”, escrita por Claudio Estrada, en el filme El Rey del Barrio. Además, entre sus temas más recordados figura “Cantando en el baño”, una canción de su propia autoría.

Su relato fue sumergiéndose en recuerdos de infancia y anécdotas familiares. La casa de los Valdés en Juárez era un escenario vivo: “Mi abuelita era muy cómica, imitaba a la “bandera” (refiriéndose a las personas del barrio), caminaba raro. Y no le caía bien nadie si no la hacía reír. Hacía como que no escuchaba, pero cuando hablaban de dinero, ahí sí oía todo”, dijo con picardía. “Todos tenían un estilo. Eran nueve hermanos. De ahí surgieron muchos artistas”. En este sentido, habló también del carácter innovador de su padre: “Él inventó una fayuca lingüística, un lenguaje propio que no solo mezclaba inglés y español, como se piensa, sino que incluía múltiples lenguas. En sus películas habla en italiano, francés, canta en distintos idiomas. Era un artista plurilingüe, auténtico”.
Pero más allá del humor, de la voz cantada y del personaje, lo que Rosalía quiso transmitir fue una necesidad profunda: la de volver a la armonía. “Esta generación merece conocer a Tin Tan. Merece encontrar ese ritmo que nos haga reír, compartir, platicar cosas hermosas”.
Antes de despedirse, agradeció a quienes la escuchaban con atención. “Qué mejor que esta ciudad, Cuernavaca, para recordarlo. Qué mejor que ustedes, maestros, compañeros, que me permitieron hablar de él”. Y extendió una invitación final: visitar la página Tintan.com.mx, donde ha reunido memorias, escritos y anécdotas de su padre y su familia. “Porque la vida te enseña muchas cosas, pero lo más lindo que me dejó mi papá… fue la música. La música de Tin Tan”.
Tin Tan desde el estandarte universitario
Por su parte, el secretario de extensión universitaria Gerardo Gama, al tomar la palabra destacó el valor del cine como campo de conocimiento e investigación, así como la importancia de abrir espacios para reflexionar colectivamente sobre el patrimonio cultural y natural de México. Habló del objetivo de recuperar el sentido abierto y creativo de la universidad. En este sentido, Tin Tan no es solo una exposición, sino una serie de actividades que buscarán con jóvenes, docentes e investigadores abrir la conversación sobre el cine y todo lo que lo compone: “El cine en la UAEM no es solo un tema de divulgación. Es parte de los planes de estudio, de tesis, de proyectos en Artes, en Turismo, en Diseño, en Educación. Hay un interés real, académico y artístico. La figura de Tin Tan busca justo eso, conectar los saberes con el corazón de la cultura popular. Porque detrás de cada película hay locaciones, fotografía, música, diseño, carteles, memoria”, comentó.
Más allá del personaje gracioso y del traje a rayas, Gama quiso subrayar una idea más profunda: “Para mí, Tin Tan no es solamente comedia; es también drama, baile, música, pero, sobre todo, mucho amor”. Y con esa frase, dejó claro que la figura de Valdés sigue inspirando no solo por lo que hizo en el cine, sino por cómo lo hizo con pasión, con estilo, con autenticidad.
En medio de la calidez de la nostalgia la rectora Viridiana León Hernández, tomó el micrófono para rendir un homenaje no solo institucional, sino profundamente personal: “Hablar de Tin Tan es hablar de un ícono que ha trascendido generaciones y que, con su humor, carisma y creatividad, se volvió parte de nuestras historias personales y colectivas”, expresó con una sonrisa. Recordó que, para muchas familias, como la suya, el cine de Germán Valdés fue parte del imaginario íntimo de los fines de semana. “Me reconozco como fan absoluta. Calabacitas tiernas y El rey del barrio son mis películas favoritas. Muchas tardes de sábado las pasábamos viendo su cine; no solo nos entretenía, nos acompañaba”, compartió. Esa compañía, que cruzó pantallas y épocas es, para la rectora, una de las razones por las que su figura debe mantenerse viva en la memoria colectiva.
Para la rectora, Tin Tan representa algo más que un personaje popular: “Fue un intérprete que, desde el personaje del pachuco, nos enseñó que se puede reír y resistir al mismo tiempo. Su legado es un canto a la mezcla, al barrio, a la posibilidad de ser distintos y convivir”. En tiempos donde la polarización y la violencia erosionan el tejido social, recordó que el humor, bien encarnado, puede ser también un gesto de resistencia y de encuentro.
Más allá de la nostalgia, la rectora subrayó el valor cultural y educativo del homenaje: “Este homenaje no es solo un acto de nostalgia, es también una apuesta por el presente y el futuro. Es una forma de activar esa tercera función sustantiva de la universidad: la extensión y la cultura”. Y enfatizó que la exposición no se agota en lo visual o lo anecdótico, sino que, desde la universidad, se convierte en un punto de partida para el diálogo, la investigación y el cruce entre saberes.

Acompañados por Rosalía Valdés, hija del Rey del Barrio, la rectora de la UAEM, Viridiana Aydeé León Hernández, el secretario de Extensión Universitaria, Gerardo Gama, el cineasta Francesco Taboada y otras personalidades, inauguraron la exposición por el 110 aniversario del natalicio de Germán Valdés, Tin Tan. Foto Cortesía

La exposición muestra carteles y fotografías de las películas que realizó el cómico, actor y cantante mexicano. Fotos: Jazmin Aguilar




