(Segunda parte y última)

Jaime Chabaud Magnus

En 2009 realicé una residencia en Buenos Aires para escribir una obra con una beca financiada entre las instituciones de cultura de México y la Argentina. Llegué un 9 de julio con un frío que calaba los huesos.

Me consiguieron un apartamento compartido en la calle de Alsina, en el edificio inmediato a la Librería de Ávila, a no más de cinco cuadras de la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, corazón político de la Argentina. Yo no tenía por qué saberlo, pero de los pocos conocidos y contactos que tenía entonces en esa amada ciudad, todos -absolutamente todos- estaban de vacaciones.

La primera semana la pasé casi sin contacto humano-teatrero, me deprimí horrorosamente. Poco a poco fueron dando señales de vida y a la semana me topé con que justo a la vuelta de mi hogar temporal, en la calle de Moreno, estaba la nueva sede del CELCIT. Fue como descubrir el paraíso. Irme a meter de oyente a las clases de Dirección de Juan Carlos Gené y a las de actuación de Carlos Ianni. Conocer a Teresita Galimany y a Claudia Quiroga. Ver el Minetti de Thomas Bernhard encarnado por el viejo Gené con dirección Ianni fue la gloria.

El Barrio de San Telmo me llenó de coordenadas y también aparecieron Mauricio Kartún a quien también me le fui a colar a sus clases a pesar de su resistencia (¡Ché, pero hacemos lo mismo!, me dijo; y prometí no hablar en sus sesiones, sólo quería saber cómo daba su taller) y Jorge Dubatti con una generosidad inmensa me consiguió decenas de cortesías para ver lo mejor del teatro porteño que yo reportaba no sólo en PASODEGATO sino también en el diario Milenio de México.

También en el Teatro Nacional Cervantes participamos con puesto en la Feria del Libro Teatral con las publicaciones mexicanas que me harían crear vínculos increíbles con quien luego dirigiría la Librería Libros del Balcón, Juan Pablo Poggio, así como con mi cómplice de una maravillosa puesta en escena de mi obra Divino Pastor Góngora, el actor Rubén Ballester. La cereza en el pastel fue el curso de Principios de la Dramaturgia que impartí en CELCIT a principios de septiembre de ese 2009. Entendí el frenesí de esa ciudad y de la movida teatral y cómo mis queridos Gené e Ianni servían a su comunidad escénica como una misión de vida.

El intercambio con estos pioneros de la divulgación de nuestro teatro Iberoamericano en digital no se ha detenido. De verdad, las y los chicos del CELCIT han sido los primeros en inundar la web www.celcit.org.ar con contenidos desde 1999. En estos casi 40 años que llevo en el teatro, me llama poderosamente la atención que distingo dos categorías de colegas. Unos son los que se sirven, los que sacan ventaja a toda costa, los que encajan la puñalada u ocupan demasiado tiempo ensuciando el prestigio ajeno. Los otros, quizá más escasos, los que sirven la mesa, abren la puerta, comparten convocatorias para que otros ganen, difunden lo de otros aún antes que lo propio y abrazan el éxito ajeno con generosidad. Grande la diferencia entre servirse y servir. El CELCIT y su gente sirve, a todos, no en balde uno de sus lemas en redes sociales es: “50 años al servicio del teatro latinoamericano”.

Imagen cortesía del autor

JAIME CHABAUD MAGNUS