Rafael Tamayo Flores*
¿Por qué la economía del Estado de Morelos no ha logrado un crecimiento dinámico y sostenido como el de algunos otros estados? ¿Qué ha ocurrido en esas otras entidades, frecuentemente tomadas como referente de éxito económico reciente, que a Morelos le ha faltado? Por ejemplo, durante los últimos veinte años la economía de Aguascalientes creció casi cuatro veces más rápido que la de Morelos, la de Querétaro aún más, y por supuesto la de estados turísticos como Quintana Roo o Baja California Sur. ¿Cómo esto es posible dada la importante dotación de recursos y activos estratégicos con la que cuenta Morelos para su desarrollo? Son preguntas que rondan en el imaginario de diferentes círculos de la sociedad morelense, para las cuales no se encuentra una respuesta coherente ni más o menos completa.

Las explicaciones más comunes señalan la ausencia de una estrategia de desarrollo económico de largo plazo, consensuada por amplios segmentos de la sociedad. La falta de continuidad transexenal en los objetivos que se persiguen y en los programas y proyectos que se implementan para avanzar; cada gobierno intenta desaparecer lo mejor que deja el gobierno anterior, es la opinión común. Aunque en los últimos doce años, muchos coincidimos, no se ha hecho ni dejado nada.

Sin bien esas apreciaciones tienen mucha razón en cuanto al comportamiento institucional del gobierno, los factores detrás del rezago económico tienen que ver con el aprovechamiento de los recursos disponibles para promover el crecimiento. ¿Hay recursos ociosos que se pudieran utilizar?, ¿Hay recursos en uso que se pudieran aprovechar de forma más productiva? ¿Hay fallas de mercado obstaculizando el uso eficiente de ciertos recursos? Son el tipo de preguntas que debemos hacernos y responder para luego poder plantear una estrategia de desarrollo económico eficiente y efectivo, así como el papel que pudiera jugar el gobierno estatal.

En efecto, durante los últimos 20-25 años la economía de Morelos ha experimentado un desempeño bastante mediocre. Su tasa de crecimiento anual promedio durante el periodo 2003-2022 fue de 1.1 por ciento, la cuarta más baja de entre las treinta y dos entidades federativas e inferior a la tasa nacional que fue de 2.1 por ciento. En contraste, varios estados crecieron por arriba del 5 por ciento anual promedio durante el mismo periodo (Ver Gráfica 1).

La atonía del crecimiento económico se ha reflejado necesariamente en un deterioro del bienestar general de la población. Durante el periodo 2003-2022, el PIB per capita de Morelos experimentó una tasa de crecimiento anual promedio negativa (-0.21 por ciento); solo siete estados tuvieron una tasa negativa. La tasa nacional correspondiente fue de 0.46 por ciento, también muy mediocre. En contraste, hubo estados en los que el PIB per capita creció a una tasa anual promedio tres o cuatro veces mayor que el promedio nacional (Gráfica 2).

De 2016 a 2020, la proporción de la población en situación de pobreza aumentó de 46.7 a 50.9 por ciento. De tal forma que, para 2020, en Morelos había más de un millón de pobres. Tal situación implica un grave problema de exclusión. A nivel nacional, la incidencia de la pobreza ha sido menor y se mantuvo más o menos estable, pasando de 43.2 a 43.9 por ciento de la población, en el mismo periodo. Hay unos pocos estados en donde más del 60 por ciento de la población está en situación de pobreza.

El crecimiento económico de una región en el largo plazo es determinado principalmente por la productividad; la eficiencia con que se utilizan los recursos disponibles para la producción. A su vez, el comportamiento de la productividad depende del nivel de competencias de la fuerza laboral, la absorción de nuevas tecnologías, y el aprovechamiento de economías de aglomeración. Algunos elementos estructurales de la economía local, como la incidencia de la pobreza, el tamaño de la actividad informal y la intensidad exportadora, también afectan la productividad y, por ende, el crecimiento económico de la región. La disponibilidad de capital físico y capital humano por supuesto que también influyen de forma determinante.

Para Morelos, un primer gran problema ha sido el muy bajo crecimiento de la productividad laboral. Durante el periodo 2010-2020 ésta creció a una tasa anual promedio de 0.4 por ciento. En algunos estados creció a un ritmo seis o siete veces más rápido. Morelos ocupó la posición número 21, lo cual sugiere que, en efecto, el crecimiento económico en Morelos ha sido restringido fuertemente por su baja productividad laboral.

No obstante, el bajo nivel de productividad laboral no parece estar relacionado con el nivel de competencias de la fuerza laboral. Los niveles de escolaridad de la fuerza laboral en Morelos se ubican en un rango moderadamente alto y han sido ligeramente mejores que el promedio nacional. Más bien la baja productividad laboral pareciera derivar del alto grado de informalidad de la economía; esto significa que una gran parte de la fuerza laboral está incorporada a actividades de baja tecnología y baja productividad. En Morelos, la tasa de informalidad ha permanecido en niveles relativamente altos y típicamente muy por arriba de la tasa nacional. En la mayor parte del periodo 2014-2022 superó el 66 por ciento. En contraste, hay varios estados que consistentemente tienen una tasa de informalidad inferior al 40 por ciento.

Un segundo obstáculo tiene que ver con el bajo nivel del capital fijo acumulado (inversión en obras de infraestructura económica pública y en plantas productivas), pero sobre todo con una ineficiente utilización del mismo. Durante el periodo 2003-2018, el valor del acervo de capital fijo en Morelos creció a una tasa anual promedio superior a la del país en su conjunto (8.3 vs 6.7 por ciento), no obstante, el valor de sus acervos de capital fijo permaneció en un nivel relativamente bajo, lo mismo que en casi la mitad de los estados, ocupando la posición 27. Varios estados tuvieron un crecimiento anual promedio en sus acervos de capital fijo superior al 13 por ciento, pero en otros fue inferior al 5 por ciento. Pareciera entonces que en Morelos el problema ha sido que el acervo de capital fijo, a pesar de su buen crecimiento, aún permanece en un nivel bajo, pero además que se utiliza de forma muy ineficiente.

Hay ejemplos obvios de esas ineficiencias. La conexión de ferrocarril a Cuautla ha permanecido inhabilitada desde hace muchos años y es de baja especificación. El gasoducto, que inició operaciones en 2017, hoy abastece de gas natural a solo un par de plantas del Parque Industrial Cuautla (PINC). El aeropuerto, inaugurado en 2012, tiene más de diez años sin vuelos comerciales regulares. Asimismo, la infraestructura incorporada a los más de 40 centros públicos de investigación (CPIs) y más de 250 laboratorios ha permanecido al margen del funcionamiento de la economía local. La infraestructura turística esta subutilizada; la tasa promedio de ocupación hotelera difícilmente llega al 40 por ciento dese hace muchísimo tiempo. La productividad en el campo está fuertemente restringida, por el minifundio ejidal que impera en gran parte del área agrícola, la falta de tecnología y la escaza tecnificación del riego.

Además, Morelos enfrenta cuellos de botella en la oferta de infraestructura para acomodar nuevas inversiones, tanto de manufactura como de servicios de alto valor agregado. CIVAC está saturado desde hace tiempo y ya se encuentra en medio de la mancha urbana. El PINC y la Zona Industrial de Yecapixtla, en el oriente del estado, tienen limitaciones tanto en su infraestructura de servicios, como en espacio disponible.

Por otra parte, la especialización de Morelos en actividades motoras como la manufactura y el turismo, y las economías de aglomeración que generan, no se han aprovechado de forma óptima. En el sector manufacturero han destacado un grupo de empresas grandes y medianas, en las ramas automotriz y autopartes, farmacéutica, productos del cuidado personal y alimentos y bebidas, de capital extranjero en su mayoría. Estas se caracterizan por su alto nivel tecnológico, alta productividad, amplia internacionalización y gran dinamismo. Son también grandes empleadores. Sin embargo, su integración con la economía local a través de cadenas productivas o provisión de servicios ha permanecido sumamente débil. Se ha estimado que las grandes empresas manufactureras en las ramas más importantes, a inicios de este siglo, adquirían en Morelos solo el 2 por ciento del valor se sus insumos de origen nacional. Sus principales proveedores nacionales estaban en la Ciudad de México, el Estado de México y la Ciudades de Puebla y Monterrey. Hoy seguramente esta situación no es muy diferente.

Por su parte, el grueso del sector turístico, originado a partir del entorno natural privilegiado que posee Morelos y la cercanía a la Ciudad de México, se ha concentrado en turismo de corta estancia o de fin de semana, proveniente principalmente de la capital del país; hay mucho que ni siquiera pernocta. Un tipo de turismo de muy baja derrama económica. En años recientes ha experimentado cierto desarrollo el turismo de romance o de bodas, que ha requerido de importantes inversiones en la creación de espacios adecuados. Ambos sectores aún tienen un amplio potencial para poder impulsar a la economía morelense. Además, el turismo podría ser la vía para diversificar la economía de las zonas predominantemente rurales y así lograr un crecimiento más incluyente.

En cuanto a la capacidad de generación de conocimiento científico en Morelos, destacada en el contexto nacional, y que se origina dentro de las universidades públicas y los CPI´s, esta no se ha podido traducir en capacidad de innovación y desarrollo tecnológico (I+DT). En 2022, Morelos ocupó el tercer lugar en cuanto a densidad de investigadores del SNI, (571 por millón de habitantes). La Ciudad de México sobresale como el espacio con mayor densidad de investigadores (más del doble que Morelos). Morelos además cuenta con un gran acervo de infraestructura y equipamiento de I+DT; más de 40 centros de investigación y más de 250 laboratorios.

Sin embargo, el problema es que más allá de unos pocos Start-ups exitosos y un número creciente, aunque limitado de patentes, dicha capacidad no se ha traducido localmente en creación de nuevos productos, mejores procesos o servicios altamente especializados, que amplíen el horizonte de crecimiento. Tampoco ha sido factor para atraer al estado empresas basadas en la innovación, que pudieran aprovechar las capacidades locales. En general, los vínculos de los CPI´s con las empresas aquí establecidas y de fuera, en torno a proyectos de I+DT, es muy débil. El gasto privado en I+DT como proporción del PIB es ínfimo, pero en Morelos es inferior al promedio del país. Los estados con la mayor inversión privada en I+DT (como proporción del PIB) son aquellos donde están las grandes aglomeraciones urbano-industriales, y aun en esos es irrisorio.

Finalmente, el crecimiento de la economía morelense ha sido frenado, como en gran parte del país, por los alarmantes niveles de inseguridad. El entorno de negocios se ha deteriorado gravemente. Extorsión, asaltos violentos, robo de mercancía, secuestros, etc., han hecho que se reduzca el tiempo asignado a la producción y la inversión productiva. En Morelos, desde hace más de una década la violencia ha venido escalando a niveles sin precedente, colocándolo hoy entre los estados más violentos e inseguros. En consecuencia, los planes de inversión privada se posponen, la producción y la demanda laboral se contraen aún más, agravando la situación de pobreza y exclusión. En Morelos además se tiene el impacto de la caída del turismo, el cual no es menor dada la importancia del sector en la economía local.

Si bien es muy importante contar con una estrategia de desarrollo económico consensuada por amplios segmentos de la población, lo primero es comprender la problemática. En este breve análisis se han puntualizado algunos de los obstáculos más importantes relacionados con ineficiencias en el uso de los recursos disponibles en Morelos. Con esto se pretende aportar elementos que pudieran orientar el diseño de políticas públicas que permitan desplegar el potencial productivo del estado de forma eficiente y efectiva.

El objetivo del desarrollo económico no se pude dejar a ocurrencias, ni a la inercia que solo permite avances o cambios muy marginales. Por otra parte, recordemos que la mejor política social es lograr un fuerte crecimiento de la economía, si bien es necesario también construir paralelamente una red de protección social para la población con más carencias.

* Premio Nacional de Economía 2006 / drtamayo.flores@gmail.com

  1. Este artículo se toma de un proyecto de libro en curso del autor. Para cualquier información sobre las fuentes de las cifras que aquí se expresan por favor dirigirse al correo-e que se ha proporcionado.

La Jornada Morelos