
Morelos, líder nacional en movilidad social, pero persisten sus contrastes estructurales
No es poca cosa lo que ha logrado la actual administración estatal: solo en su primer trimestre (octubre-diciembre de 2024), el estado alcanzó un hito económico al posicionarse como el número uno a nivel nacional en movilidad social, según el Semáforo de Movilidad Social del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).
63.3% de las familias reportaron un cambio en su nivel de ingresos, principalmente positivo, con miles de personas saliendo de la pobreza extrema. Sin embargo, también se registró una alarmante disminución en el número de familias pertenecientes al quintil económico más alto.
En efecto, como se explica a detalle en el reportaje de Antimio Cruz, no todas han sido buenas noticias, aunque sí son significativas: el 48.2% de las familias más pobres mejoraron su situación económica, la mejor cifra en diez años, con lo que se rompe una inercia histórica de pobreza. En contraste, solo el 23% de las familias del estrato más alto mantuvieron su nivel de ingresos, mientras que el resto experimentó pérdidas significativas o emigró del estado. Este fenómeno se ha presentado durante 37 trimestres consecutivos, desde diciembre de 2014.
Esta situación indica que el dinamismo de la movilidad social en Morelos no implica exclusivamente ascenso, sino que también presenta retrocesos severos que podrían minar la estabilidad económica a largo plazo.
Aunque su crecimiento ha sido inferior al promedio nacional, Morelos ha demostrado resiliencia económica frente a crisis y pandemias. Esto a pesar de su estructura económica disociada: la industria instalada no se articula con la producción local, y sectores como el automotriz o farmacéutico dependen escasamente de insumos o servicios que ofrece el estado. Cada sector ha crecido de forma independiente, sin generar cadenas productivas locales sólidas ni cohesión entre agricultura, industria y servicios, situación que se reconoce y, mejor, se trata de corregir en el Plan Estatal de Desarrollo 2025–2030.

En este contexto encuentra a nuestro estado el programa estrella de la administración de la presidenta Sheinbaum: el Plan México que es la ventana de oportunidad que podría haber estado esperando Morelos: proyectos como el Agroparque Fotovoltaico de Yecapixtla, inversiones de VANTIVE y Neolpharma, y el Circuito Tierra y Libertad están llamados a transformar el panorama económico local.
Celebrar el liderazgo de Morelos en movilidad social sería razonable si estuviera acompañado de una redistribución equilibrada y sostenible del ingreso, y no de una erosión de las clases medias. La movilidad social, como concepto, no siempre implica progreso si no está bien orientada. En este caso, Morelos ha dado pasos importantes en la reducción de la pobreza extrema, pero enfrenta grandes desafíos en la conservación de su base productiva, la retención de talento y la cohesión social.
La tarea ahora es clara: convertir la movilidad en ascenso estructural, y no en una serie de fluctuaciones que empobrezcan al centro mientras elevan la base. Para ello, se necesita más que inversión: se requiere planeación territorial, integración productiva, justicia fiscal y educación de calidad.
La estrategia económica de Morelos bajo una nueva visión de desarrollo
En este sentido, en una entrevista con Daniel Martínez Castellanos, el secretario de Desarrollo Económico y del Trabajo, Víctor Sánchez Trujillo, explicó los pilares de la estrategia económica del gobierno estatal de Margarita González Saravia, cuyo enfoque se basa en generar condiciones para atraer inversiones, fomentar el empleo, apoyar a los sectores más vulnerables y detonar el desarrollo a través de las vocaciones productivas estatales, con un claro papel dentro del Plan México.
El funcionario explica que nuestro estado tiene cuatro vocaciones clave y el gobierno planes para explotarlas: Logística – se busca posicionar a Morelos como un centro de redistribución de mercancías, apoyado en el desarrollo del aeropuerto Mariano Matamoros y el circuito carretero Tierra y Libertad; Tecnología e innovación -con más de 40 centros de investigación, el estado se proyecta como un polo de desarrollo de empresas de base tecnológica, especialmente en el sector farmacéutico; Agroindustria -el sector primario se impulsa con valor agregado, promoviendo cultivos de exportación como miel, esquejes, frutales y flores; y Turismo -se busca diversificar la oferta, apostando al turismo de salud, religioso, recreativo y de eventos.
Sánchez Trujillo deja ver que no solo se tienen buenas ideas, sino también conciencia del contexto -se buscará conservar las inversiones fortaleciendo la seguridad jurídica, de servicios y pública- y de la actual realidad económica estatal: el 80% de la economía estatal se basa en micro, pequeñas y medianas empresas y se descarta dejarlas solas, al contrario, ya hay planes específicos para ellas.
Si el estado logra consolidar su inserción en los corredores económicos nacionales, aprovechar su capital humano científico, reactivar su infraestructura logística y fortalecer sus cadenas productivas desde abajo, el crecimiento podríamos estar viviendo el inicio de una nueva fase histórica para Morelos.
Pero no basta con las buenas intenciones ni con el diseño de planes ambiciosos. La ejecución, la continuidad institucional, la participación de los sectores productivos y la ciudadanía serán claves. El desafío se escribe con mayúsculas: transformar una economía históricamente rezagada en un modelo regional de innovación, inclusión y sostenibilidad, será una tarea exigente y retadora pues sus resultados no siempre serán inmediatos.
En Morelos, la semilla está plantada. Ahora falta regarla con decisión, transparencia, voluntad política y el convencimiento social de que las cosas sí pueden cambiar por el bien de todos.

