

Este 21 de mayo se conmemora el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, una fecha proclamada por la ONU con el objetivo de promover el respeto, la comprensión mutua y reconocer las múltiples expresiones culturales que enriquecen a la humanidad, en un contexto global marcado por conflictos, migraciones forzadas y crecientes expresiones de intolerancia. Esta conmemoración nos recuerda que la pluralidad cultural no es un concepto que divida, sino una fuente inagotable de riqueza, creatividad y paz.
La abundancia cultural se expresa en múltiples dimensiones desde las diferencias étnicas o lingüísticas hasta las formas de vida, las creencias, las expresiones artísticas, los saberes tradicionales y los modos de organización comunitaria como afirmó la UNESCO (2021) “la diversidad cultural es tan necesaria para la humanidad como la biodiversidad para la naturaleza”. Es por eso que respetarla es una condición sine qua non para fortalecer la convivencia democrática y hacer posible un desarrollo sostenible con justicia y equidad para todas las personas.
Proteger y promover la pluralidad cultural es también una obligación jurídica internacional; el artículo 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece que “toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad”; asimismo, la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (UNESCO, 2001) reconoce el derecho de toda comunidad a preservar y desarrollar su cultura; la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (ONU, 2007) reafirma el derecho de los pueblos y comunidades indígenas a mantener, desarrollar y transmitir sus identidades, y el Convenio 169 de la OIT (1989) exige consulta previa, libre e informada para emprender cualquier proyecto que afecte sus tierras y recursos.
En conjunto, estos instrumentos internacionales reconocen derechos tales como a la identidad cultural, al uso y enseñanza de la lengua materna, a la educación intercultural, a la participación en la vida comunitaria, al acceso y preservación del patrimonio tangible e intangible, al territorio, a los recursos de subsistencia, a la comunicación en medios propios y a la consulta y consentimiento libre e informado.
En este sentido, México es un país diverso, multicultural, alberga 68 pueblos indígenas y más de 360 variantes lingüísticas, lo que lo sitúa entre las naciones con mayor pluralidad cultural en el mundo (INEGI, 2020). A esta riqueza se suman las comunidades afrodescendientes, las personas migrantes y refugiadas que han encontrado en nuestro país un espacio de acogida y reconstrucción de sus proyectos de vida.
Esa diversidad se refleja ampliamente en la composición social y en la riqueza de sus manifestaciones culturales: desde las festividades de raíz rural que perviven en cada región hasta las dinámicas urbanas donde convergen múltiples generaciones, trayectorias y orígenes. Este patrimonio cultural vivo se revela en los saberes tradicionales, en la música y la danza, en la gastronomía que integra ingredientes autóctonos con creatividad y en las redes de solidaridad comunitaria que sostienen formas propias de organización social.

Sin embargo, esa riqueza convive con profundas desigualdades y formas estructurales de discriminación; la invisibilización, el racismo, la exclusión educativa, la pérdida de lenguas originarias, la falta de acceso a medios propios de comunicación y la violencia contra personas defensoras de la cultura, siguen siendo una dolorosa realidad. En México persisten graves violaciones a los derechos culturales, como el desplazamiento forzado de comunidades sin consulta previa ni indemnización adecuada, lo que vulnera el derecho al territorio y a la libre determinación; la pérdida acelerada de lenguas originarias en riesgo de extinción por la falta de políticas de revitalización que infringe el derecho al uso de la lengua materna; la carencia de recursos educativos y la falta de formación docente en educación intercultural en zonas rurales impiden que niñas, niños y jóvenes accedan a un aprendizaje congruente con su cosmovisión y patrimonio cultural.
Asimismo, la violencia, las amenazas y en ocasiones los homicidios contra personas defensores del patrimonio cultural —desde líderes comunitarios hasta periodistas y artistas indígenas— constituyen agresiones directas al derecho a la seguridad y a la participación cultural; la estigmatización mediática al reproducir estereotipos negativos y simplistas perpetúa el racismo estructural y excluye voces diversas del debate público.
Frente a este panorama el diálogo intercultural, la educación inclusiva, los proyectos artísticos comunitarios, los museos vivos, las radios indígenas y otros espacios de participación libre, sirven como mecanismos clave para desmantelar prejuicios, fomentar el entendimiento mutuo y robustecer el tejido social. Estas prácticas visibilizan las voces marginadas, fortalecen las identidades culturales y promueven la paz.
Para ello, las políticas públicas deben materializarse en medidas concretas —como financiamiento sostenible a iniciativas culturales, producción de materiales didácticos inclusivos y creación de medios de comunicación con enfoque intercultural— que impidan cualquier forma de exclusión sistemática y vigilar que la efectividad de estos instrumentos tenga congruencia y aplicación entre las normas jurídicas, así como en su práctica. Por ello, reconocer y promover la pluralidad cultural trasciende el ámbito de las comunidades originarias, es una responsabilidad compartida entre el Estado y las comunidades. Es decir, es necesario transitar del ámbito de la norma a la materialidad, la reforma de septiembre del año pasado al artículo 2 de la Constitución General de la República favorece a la pluralidad cultural, empero hace falta su ejercicio y fortalecimiento en el día a día.
En este Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, conviene recordar que, sin un auténtico compromiso de inclusión con la pluralidad y el respeto a los derechos humanos, resulta imposible alcanzar una democracia plena, un desarrollo humano integral; valorar y respetar cada cultura es, ante todo, revalorizar la dignidad de las personas y edificar un futuro más justo, creativo y pacífico para todas y todos.
* Profesor universitario y especialista en derechos humanos
* Para destacar:
Proteger y promover la pluralidad cultural es también una obligación jurídica internacional…

