Con más de 268 mil viviendas no habitadas en Morelos, debe reconocerse que los planeadores del desarrollo en el pasado reciente (administraciones estatales, municipales y compañías constructoras) hicieron un pésimo y muy sospechoso trabajo. Cientos de casas y departamentos en el estado son manchas de urbanización en zonas inhóspitas a las que se arruinó la vocación productiva o natural y que, por lejanía, falta de servicios, defectos constructivos y otras causas fueron abandonadas o jamás se ocuparon.

Las cifras en materia de vivienda en Morelos muestran un problema que se dejó crecer durante mucho tiempo. En enero pasado, al presentarse el programa Hábitat Morelos, se informó de la necesidad de más de 250 mil viviendas, dado que 130 mil de las construidas en el estado no cumplen las condiciones adecuadas (falta de espacio, infraestructura y servicios básicos) y 138 mil no están habitadas.

Esto justifica los requerimientos que el gobierno federal ha impuesto para el programa de construcción de viviendas que plantea una primera etapa de 8 mil nuevas casas y departamentos en Morelos construidas por empresas morelenses en zonas que cuenten con todos los servicios públicos y no estén lejanas de los núcleos poblacionales.

Ya se trabaja en el primer predio con la construcción de mil 40 viviendas en la que será la unidad Plan de Ayala, en el municipio de Cuautla; pero el gobierno estatal busca con los ayuntamientos otros predios con similares características para ofrecer viviendas dignas, de bajo costo y, sobre todo, deseables para la población de escasos recursos.

Pero el proyecto requiere también de la concurrencia de los ayuntamientos para encontrar los predios que cumplan con las características que los vuelven deseables, a saber, ubicados muy cerca de los centros de población, con todos los servicios públicos y susceptibles de recibir zonas habitacionales de alta concentración. Se trata de un enorme reto por varias razones, primera por los problemas de tenencia de la tierra en todo Morelos; segundo por la dotación de servicios públicos de los que muchas zonas habitacionales de los municipios carecen; y tercero por los escasos recursos que tienen los ayuntamientos para ampliar la cobertura de agua potable, drenaje, alumbrado público e infraestructura vial, tareas que en el pasado se encargaban a desarrolladores inmobiliarios y solo a veces eran cumplidas correctamente.

Y ahí viene la otra parte del reto para los ayuntamientos, el mantener a las zonas habitacionales como espacios deseables y no dejarlas en niveles de abandono que favorecen el abandono de viviendas, algo que ocurrió también en muchas unidades habitacionales del estado. Porque debe reconocerse que, si bien muchas zonas habitacionales fueron construidas en lugares indeseables para las familias, otras se construyeron en zonas altamente deseables que, por cuestiones como la inseguridad, falta de agua potable y alumbrado público, abandono de la infraestructura urbana y otros problemas que fueron apareciendo a través del tiempo, fueron paulatinamente abandonadas.

El programa de vivienda que proponen los gobiernos federal y estatal y que inicia con ocho mil, pero plantea la edificación de 14 mil 400 hasta el 2030, tiene todo para convertirse en un gran éxito como detonante económico, apoyo social, y reordenamiento del crecimiento urbano; pero depende también de que los ayuntamientos y la sociedad hagan su parte: los primeros aportando y conservando zonas habitacionales deseables, y la segunda construyendo comunidades en las que se antoje vivir felices.

La Jornada Morelos