Desde niña, Adriana Navarro González encontró en los libros una compañía constante. Aquella afición temprana por la lectura evolucionó con los años en una vocación por el derecho laboral, disciplina a la que ha dedicado gran parte de su vida profesional y desde la cual ha construido una carrera dentro del Poder Judicial.

Originaria de Emiliano Zapata, Morelos, su historia no es solo la de una profesional, sino la de una persona formada por sus raíces, la influencia de su familia y una pasión por el derecho que se gestó desde su niñez.

Desde pequeña, Adriana se sintió atraída por la lectura, lo que le permitió consolidar su deseo de estudiar derecho. “Desde niña me decían que podría ser abogada por mi gusto por los libros. A veces no entendía bien qué significaba, pero mi curiosidad y amor por la lectura me guiaron”, comenta en una charla que refleja su humildad y cercanía.

La vida de Adriana estuvo marcada por la figura de su padre, un médico cirujano que trabajó en el hospital Belisario Domínguez de Cuautla, y de su madre, que fue trabajadora administrativa del IMSS; ambos, a través de su servicio público, influyeron directamente en la decisión de Adriana de seguir una carrera en el ámbito del derecho, buscando siempre contribuir a la sociedad de una manera significativa.

Su primer acercamiento al mundo laboral comenzó antes de ingresar a la universidad, trabajando en un pequeño despacho legal mientras terminaba el bachillerato en el Colegio de Bachilleres de Cuernavaca. “Mi primer trabajo fue en un despacho donde, aunque no sabía mucho, me enseñaron desde lo más básico: armar expedientes, registrar audiencias, y eso fue el comienzo de mi carrera profesional”, recuerda con gratitud.

El interés de Adriana por el derecho laboral nació durante su etapa de bachillerato, cuando una profesora, Ana Aurora, la introdujo en la Ley Federal del Trabajo. “Ahí me enamoré de la materia. La idea de poder estar cerca de trabajadores y patrones, de ayudar a resolver conflictos laborales, me atrajo profundamente”, señala. Esta pasión la llevó a trabajar en las Juntas de Conciliación y Arbitraje y, posteriormente, en varios despachos especializados, donde ha ido forjando una sólida trayectoria en el campo.

El apoyo familiar como pilar fundamental

La historia de vida de Adriana también está marcada por la importancia de su núcleo familiar. Aunque siempre fue una persona reservada, ha encontrado en su madre y hermana un pilar fundamental. “Mi hermana y mi mamá siempre han sido mi apoyo. Mi hermana tiene un doctorado en educación, es profesora y artista, y siempre nos hemos cuidado mutuamente”, comparte con una sonrisa.

Sin embargo, no todo ha sido fácil en su vida. Adriana ha enfrentado pérdidas significativas que, aunque dolorosas, no han debilitado su vocación. El fallecimiento de su padre en octubre del año pasado, a causa de insuficiencia renal crónica, fue una de las experiencias más difíciles que ha atravesado. “Perdí a mi papá el año pasado, y esa pérdida fue muy dura. Pero, he aprendido a seguir adelante y a no dejar que esas situaciones afecten mi trabajo. Mi labor ha sido un refugio”, comenta.

La muerte de su abuela paterna también marcó un antes y un después en su vida. Fue a través de ese luto que Adriana se acercó al derecho, dado que empezó a interactuar con abogados por cuestiones de testamentos. “Fue allí cuando entendí lo que significa luchar por tus derechos. Ese fue el primer paso en mi camino hacia el derecho”, explica.

Vocación laboral construida desde la preparatoria

El interés de Adriana Amelia Navarro González por el derecho laboral no nació en la universidad, sino en el aula de una preparatoria pública. Tenía apenas 17 años cuando la maestra Ana Aurora le enseñó la Ley Federal del Trabajo. Fue ahí, en esa clase, donde supo que quería dedicarse a la defensa y aplicación de los derechos laborales. Desde entonces, no se ha apartado del camino.

Adriana tiene 37 años. Es soltera y no tiene hijos. Su historia profesional comenzó formalmente antes de ingresar a la carrera de Derecho. Tras terminar el bachillerato, y mientras esperaba el inicio del ciclo escolar universitario, entró a trabajar a un despacho jurídico especializado en materia laboral.

“Llegué recomendada por un exnovio de mi hermana que era abogado. No sabía hacer mucho, pero me enseñaron desde cero”, recuerda. En ese primer acercamiento, armaba expedientes, registraba audiencias y en ocasiones acompañaba a los abogados a diligencias. Ese contacto directo con los procesos la reafirmó en su decisión de dedicarse al área laboral.

Formación y primeros pasos en el servicio público

Ya como estudiante de Derecho en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), Adriana se incorporó a las Juntas de Conciliación y Arbitraje en 2006, apenas en su primer semestre. Ahí tomó audiencias, redactó acuerdos y transcribió el dictado de los abogados. “Aprendí muchísimo escuchando”, afirma.

En 2008, mientras aún cursaba la licenciatura, recibió una invitación para integrarse al Tribunal de Conciliación y Arbitraje. Estuvo ahí por un par de años, hasta que se presentó una nueva oportunidad: trabajar como auxiliar jurídica en el Hospital del Niño. Su labor en esa institución incluía la atención de comités laborales y bioéticos, así como la elaboración de opiniones jurídicas sobre temas internos.

Más adelante regresó al Tribunal, donde desarrolló una carrera ascendente. Fue secretaria, luego actuaria, dictaminadora, auxiliar jurídico y finalmente secretaria coordinadora de asuntos de amparo. Ocupó este último cargo durante aproximadamente ocho años, hasta 2016.

Especialización en la Consejería Jurídica

Ese año, Adriana fue invitada a integrarse a la Consejería Jurídica del Estado. Se incorporó al área laboral, donde comenzó a litigar del lado patronal. Ahí conoció no solo la defensa institucional en juicios laborales, sino también procedimientos especiales como los aplicables a cuerpos policiacos, los mecanismos del Tribunal de Justicia Administrativa, las Juntas Federales de Conciliación y Arbitraje, así como los sistemas internos del IMSS y temas de seguridad social.

Durante su paso por la Consejería, trabajó con dos titulares: el maestro José Anuar González Sianci, durante los últimos tres años del gobierno de Graco Ramírez, y con el maestro Samuel Sotelo Salgado, en los primeros tres años de la administración de Cuauhtémoc Blanco.

Seis años después, Adriana cerró un ciclo con un perfil técnico consolidado y con una mirada integral del sistema de justicia laboral en Morelos, tanto desde la defensa de trabajadores como desde la posición institucional de los entes empleadores.

Hoy, su experiencia refleja un tránsito firme y consistente por el ámbito jurídico laboral, desde sus bases académicas hasta el más alto nivel de especialización dentro del servicio público estatal.

Una nueva etapa desde el estrado

Con una trayectoria construida desde la base del sistema laboral, Adriana ha recorrido distintos espacios del servicio público. Luego de seis años en la Consejería Jurídica del Gobierno estatal, dejó el cargo al implementarse la reforma laboral que introdujo los juicios orales. Participó en el proceso de selección y fue nombrada jueza laboral, posición que ocupa desde entonces.

“Por eso salí de la Consejería”, explica. Actualmente, en Morelos hay cuatro jueces laborales. De ellos, solo dos son mujeres. “Yo soy la única que ha permanecido desde el inicio”, precisa.

Su primer año como juzgadora lo desempeñó en el distrito judicial de Jojutla. Posteriormente, fue trasladada a Cuernavaca, donde ha estado los dos últimos años. La transición no fue improvisada: mientras aún trabajaba en el Tribunal de Conciliación y Arbitraje, cursó una maestría en Amparo. Más tarde, durante su paso por la Consejería Jurídica, completó dos especialidades: una en Secretaría de Juzgado de Distrito y Tribunales Colegiados, y otra en Reforma Laboral y Justicia Social.

Adriana identifica esta etapa como un punto de inflexión en su trayectoria. La nueva ley, asegura, le ha permitido tener un contacto más directo con las partes involucradas y dictar resoluciones basadas en los hechos. “Ahora realmente aplicamos la verdad de los hechos, porque tenemos la oportunidad de conocer directamente a quienes juzgamos”, señala. “Eso me ha impactado profundamente”.

Lejos de una mirada idealizada, considera que este nuevo modelo ha limitado los márgenes de corrupción y formalismos excesivos que caracterizaban el sistema anterior. “Antes, el 90% de los juicios se ganaban a favor del trabajador, aunque no siempre hubiera verdad”, reflexiona. “Hoy, el derecho laboral se construye en audiencia, con preguntas, respuestas y pruebas, no con suposiciones”.

La posibilidad de servir desde esta nueva plataforma, concluye, le ha permitido hacer tangible su convicción profesional: impartir justicia laboral con perspectiva técnica, pero también con sensibilidad social.

Juzgar con la verdad

Durante su primer año como jueza laboral en Jojutla, Adriana se enfrentó a un caso que marcaría su carrera. Fue el primero, dice, en el que comprendió a fondo lo que significaba juzgar bajo las nuevas reglas del sistema laboral mexicano.

El asunto involucraba a una trabajadora de Jardines de México, quien durante años había moldeado arbustos y esculturas vegetales con tijeras pequeñas, realizando cortes hoja por hoja. Esa labor minuciosa le provocó una lesión en la mano: síndrome del túnel carpiano, diagnosticado e incapacitante, según el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

A pesar del diagnóstico, la empresa la despidió. Al llegar al tribunal, los representantes legales de la empresa presentaron una renuncia firmada, cuidadosamente elaborada. “Era una renuncia ‘infalible’”, recuerda Adriana. Sin embargo, la extrabajadora argumentó que había firmado varios documentos por instrucción de sus superiores y que temía perder su seguridad social y su única fuente de ingresos.

Madre soltera y cabeza de familia, la mujer no tenía otra red de apoyo. Ante ese contexto, la jueza realizó un análisis detallado del expediente y del entorno en el que se había dado la supuesta renuncia. A pesar de que el perito caligráfico la validaba como auténtica, Adriana determinó que el acto no fue voluntario.

“La necesidad de conservar el seguro y el trabajo fue clave para valorar que esa renuncia no debía tener efecto”, señala. En su sentencia ordenó la reinstalación de la trabajadora. La empresa impugnó, pero el Tribunal Colegiado confirmó la resolución.

“Fue un caso difícil, pero muy significativo”, dice Adriana. “Me reafirmó en la idea de que esta nueva forma de impartir justicia permite ver y escuchar a las personas directamente, entender sus historias y resolver desde los hechos, no desde las suposiciones”.

Al ser cuestionada sobre posibles presiones por parte de la empresa, responde que no las hubo de forma institucional, aunque sí enfrentó cuestionamientos por parte de los abogados de la parte patronal. “Estaban muy seguros de que iban a ganar. Me dijeron: ‘Esto se hace así, siempre lo hemos ganado en la junta’. Y yo les respondí: ‘Aquí no es la junta. Aquí es un tribunal, y yo voy a juzgar con la verdad’”.

La resolución quedó firme. La trabajadora fue reinstalada. Para Adriana, ese caso representa el momento en que reafirmó su vocación. “Fue volver a enamorarme de lo que significa aplicar la justicia”.

Un nuevo reto en el derecho laboral

La carrera de Adriana Amelia Navarro González ha sido un constante desafío entre la experiencia en el derecho laboral y su deseo de transformar el sistema judicial desde una magistratura. Hoy, enfrenta un proceso electoral histórico que podría llevarla a un cargo de mayor responsabilidad.

Con más de dos décadas de trabajo en tribunales, es una de las figuras más respetadas en su campo, pero lejos de las luces de la política y la notoriedad pública. Su trayectoria ha sido silenciosa pero firme, centrada en la aplicación de la ley con imparcialidad y compromiso. Hoy, su nombre resuena en una boleta electoral, un paso que, aunque inesperado, parece el siguiente en su constante búsqueda de servir con justicia.

“Me postulé porque varias personas cercanas a mí me impulsaron”, explica Adriana. “Me dijeron que necesitamos personas preparadas, que sepan aplicar la ley y que tengan un verdadero sentido de justicia para ocupar cargos como el de magistrada”. Tras este empuje, Adriana comenzó un largo proceso de postulación, que incluyó evaluaciones y entrevistas. “Lo único que hice fue encomendarme a Dios. Si Él quiere que yo llegue, así será. Y así fue”.

El proceso para llegar a la boleta no ha sido sencillo. En una fase histórica, marcada por la incertidumbre, Adriana ha tenido que enfrentar la dificultad de ser una aspirante desconocida para muchos, a pesar de su vasta experiencia. A pesar de ello, decidió presentarse por ambas vías, el Poder Ejecutivo y el Legislativo, siendo sorteada solo por el último. Con este resultado, comenzó la etapa de campaña.

El proceso de campaña para las elecciones de magistrados se está llevando a cabo por primera vez en el país, y es un terreno lleno de desafíos para quienes, como Adriana, no provienen del ámbito político. “Es muy difícil competir cuando no se te conoce. Yo he sido ratoncito de biblioteca, siempre he estado entre libros y expedientes, leyendo sentencias y resolviendo conflictos”, explica con una sonrisa. No obstante, ella sabe que la clave de su postulación está en la experiencia y el conocimiento profundo del derecho laboral, algo que considera crucial para garantizar una verdadera justicia.

Para Adriana, la campaña ha sido un ejercicio de cercanía con la gente. “Estoy aquí en la calle, volanteando, dándome a conocer”, comenta. Aunque reconoce que muchos aún no saben de la elección, ella se esfuerza por explicar a los transeúntes por qué es importante votar, a pesar de las limitaciones de recursos. “Estamos haciendo una campaña en austeridad. Pero lo que no podemos hacer con dinero, lo estamos haciendo con dedicación”, dice. Su mensaje es claro: la gente necesita saber que el voto por la experiencia es un voto por una justicia que respete y aplique la ley.

Compromiso de servicio y honestidad

En sus conversaciones con la gente, Adriana deja en claro que, si es electa, continuará guiándose por los mismos valores que la han acompañado a lo largo de su carrera: honestidad, imparcialidad y un firme compromiso con la justicia. “Mi compromiso es que, aunque las personas tengan o no abogados, pueden acercarse al juez o la magistrada, y ser bien atendidos. La justicia debe hablar en un lenguaje sencillo, comprensible para todos”, explica.

Además de su vocación de servicio, Adriana ha utilizado su presencia en redes sociales, principalmente en Facebook, para ofrecer cápsulas informativas sobre derechos laborales. “No fue parte de la campaña, pero me he dado cuenta de que la gente lo valora. Me comprometo a seguir utilizando mis redes para ayudar a quienes lo necesiten, gane o pierda”, afirma.

Este enfoque directo y accesible refleja su creencia de que la justicia debe estar al alcance de todos, independientemente de su contexto. Y para ello, en los días previos a las elecciones, Adriana sigue en la calle, entregando volantes y acercándose a los votantes con el objetivo de que comprendan que el voto por ella es un voto por la experiencia y el compromiso con el derecho laboral.

Adriana no está sola en esta carrera. Su familia, que ha sido clave en su vida y su formación, la apoya de manera constante. Es hija del doctor José Miguel Navarro Pardo, un reconocido médico que trabajó durante muchos años en el hospital de Cuautla, y de María Herminda González Alazar, quien le transmitió una fuerte ética de trabajo. Su abuela, Dorabelia Navarro, también fue un pilar fundamental en su vida.

A medida que se acercan las elecciones, Adriana se mantiene firme en su misión de acercar la justicia a quienes más lo necesitan. Aunque la campaña está lejos de ser fácil, su determinación de servir sigue intacta. «Estamos haciendo lo que podemos con lo que tenemos», afirma, mientras continúa su recorrido, confiando en que el esfuerzo y la experiencia finalmente prevalecerán en la elección.

Adriana Amelia Navarro González en funciones como juez, retratada para el anuario 2025.

Adriana Navarro: la familia ha sido una fortaleza y una fuente de inspiración. Aquí en su graduación de la especialidad en Secretaría de Juzgado y Tribunales Colegiados, en 2020, acompañada por sus padres.

Estrella Pedroza