
Maestros y museos, para sanar a nuestro estado
La educación no es un acto neutro ni mecánico, accesorio o intrascendente; tanto la enseñanza formal como la informal son fundamentales para construir sociedades más justas, resilientes y democráticas. Es un proceso profundo de transformación individual y colectiva, por eso deberíamos prestar mucha atención a quienes enseñan, lo que se enseña y lo que se aprende y en dónde se aprende.
La escuela es, en muchos sentidos, el primer espacio donde una persona aprende a convivir, a respetar normas, a explorar el mundo de manera sistemática. En las aulas se gestan habilidades cognitivas, sociales y éticas que permiten a los estudiantes insertarse en su comunidad y en el mundo. Pero este proceso sería imposible sin el corazón que late dentro de cada institución educativa: los docentes, quienes, con su trabajo que realizan muchas veces en condiciones adversas, se las ingenian para enseñar a pensar, a cuestionar y a imaginar.
Sin embargo, no toda la educación ocurre entre en una escuela. Existen espacios fuera del aula que también enseñan, emocionan y despiertan la curiosidad. En este terreno fértil se encuentran los museos que son mucho más que sitios para ver antigüedades. Son máquinas del tiempo que conectan al visitante con el pasado, son también laboratorios de ideas, y plataformas en las que se puede imaginar el futuro. Los museos permiten aprender a través de la experiencia sensorial, del asombro, del diálogo entre generaciones. Son espacios democráticos donde niños, jóvenes y adultos pueden descubrir nuevas preguntas y resignificar sus saberes, descubrir las gestas y logros del pasado y admirar los logros artísticos de la humanidad.
Pensadores como Paulo Freire proponían a la educación como un esfuerzo consciente de la sociedad que no se limitaba a la academia, sino que la concebían como una acción liberadora y consciente, que fomenta la crítica y la acción transformadora de la comunidad, en donde todo es parte de una educación que influye en las personas que, posteriormente, cambiarán a la propia sociedad. Y si esto es así, las escuelas, los maestros y los museos son piezas claves de nuestra sociedad del futuro.
En Morelos, más de 31 mil docentes ejercen su labor entre cargas administrativas desbordadas, escaso apoyo institucional y un entorno escolar cada vez más conflictivo. Cada año, el 15 de mayo se celebra el Día del Maestro con ceremonias, rifas, estímulos y palabras de agradecimiento. Sin embargo, el reconocimiento se esfuma tan pronto como concluyen los festejos. La realidad diaria es otra: agotamiento físico y mental, pérdida de autoridad en el aula, salarios que no alcanzan y una creciente exigencia por parte de alumnos y padres de familia.

Por su parte, en un país como México, y particularmente en un estado como Morelos que goza de 43 museos repartidos entre palacios coloniales, casas históricas, recintos de ciencia y centros comunitarios nacidos del esfuerzo local. Cada uno narra una parte vital del alma morelense y algunos se mantienen en gran parte gracias a la pasión y al amor de los equipos que los conforman.
En nuestro estado, donde la desconfianza institucional y la descomposición social son desafíos persistentes, los museos pueden y deben convertirse en plataformas activas para la reconstrucción del tejido comunitario y el florecimiento humano. Desde una perspectiva crítica y con respaldo académico, como comenta María Helena González, los museos no sólo educan, sino que tienen el potencial de sanar, reconectar y dignificar a nuestra comunidad.
En su artículo, Alejandro Becerra recuerda que a nivel mundial cada año se suman más museos a la celebración del Día Internacional de los Museos que se realiza el 18 de mayo: el año pasado fueron un total de 37 mil recintos en 158 países y territorios los que festejaron a sus museos, esa es la importancia que aún revisten estas instituciones a nivel global.
Así como en las manos de los profesores está la educación formal de los futuros morelenses, en los museos se encuentran las raíces y el testimonio del potencial de nuestra entidad y ambos, profesores y museos, merecen ser revalorados; los días que se les dedican son una buena oportunidad para reflexionar en ello. Vale la pena recordar que en el mes de mayo no solo hay mamás en el estado.

